Cómo ven los norteamericanos el proceso de negociación por el ALCA

El acuerdo provoca un replanteo de la utilidad de los tratados de libre comercio
El acuerdo provoca un replanteo de la utilidad de los tratados de libre comercio
(0)
28 de agosto de 2001  

En los Estados Unidos, el futuro del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) es poco claro. A pesar de que ya durante la campaña presidencial, en 2000, ambos candidatos (el vencedor, George W. Bush, y el derrotado Al Gore) apoyaron la firma de tratados de libre comercio, la oposición de los sindicatos, grupos defensores del medio ambiente y el Congreso sigue siendo fuerte.

La negativa del Parlamento a otorgarle a Bush el fast-track -considerado clave en cualquier negociación- sigue bloqueando el proceso integrador en la región, ya que se generó en el resto del continente un creciente grado de incertidumbre sobre las probabilidades concretas de implementar el ALCA.

A esa incertidumbre se sumaron perceptibles cambios de opinión sobre el concepto del ALCA, particularmente desde Brasil. Paralelamente, resurgió el interés de la Unión Europea (UE) hacia América latina, que fue visto por algunas naciones del hemisferio como una alternativa razonable frente a los intereses comerciales y financieros de los Estados Unidos.

Nuevo concepto

En líneas generales, el libre comercio es considerado una herramienta del capitalismo internacional. Pero si no existen normas que protejan a los trabajadores y al medio ambiente, termina siendo visualizado como un mero mecanismo de explotación de los pobres por los ricos. En ese contexto, la política de acuerdos comerciales no hace más que explotar las necesidades de los países en vías de desarrollo. Así las cosas, es vista como una de las peores y más malévolas manifestaciones de la globalización.

En los Estados Unidos, esa línea de pensamiento reflotó el debate sobre la eficacia del libre comercio en general, y del ALCA en particular. Consecuentemente, Bush deberá actuar cuidadosamente si quiere construir un nuevo consenso para obtener el fast-track , y, en ese sentido, tendrá que delinear una renovada estrategia parlamentaria si pretende obtener algún progreso durante los primeros meses de su gobierno.

El antecedente más inmediato de un pacto continental es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), suscripto por los Estados Unidos, México y Canadá. Pese a que en un principio el acuerdo -impulsado por Bush padre- suscitó la oposición de sindicatos y medioambientalistas, en su campaña electoral Bill Clinton prometió contemplar sus reclamos. Las organizaciones dieron su visto bueno, y la constitución del Nafta fue aprobada por el Congreso norteamericano el 17 de noviembre de 1993.

Otros horizontes

Si bien la batalla por el Nafta se ganó, cada vez son más los que piensan que, en realidad, la guerra por el libre comercio se perdió. Sin el fast-track , tras el fracaso de incluir a Chile dentro del Nafta, con la recuperación de la economía brasileña y la consiguiente (aunque lenta)consolidación del Mercosur, los países más fuertes de América latina comenzaron a buscar alternativas de comercio e integración.

Aunque Chile aún se manifiesta interesado en el ALCA, negoció con éxito acuerdos bilaterales con México y Canadá, y anunció recientemente el inicio de las negociaciones 1+1 con la UE y los Estados Unidos.

Por su parte, el entonces canciller de Brasil Luiz Felipe Lampreia señaló en junio de 1999: "Queremos evitar toda distorsión, por eso no debemos tomar un único camino". Se refería a la presencia cada vez más fuerte de la UE en la región, especialmente de capitales españoles.

No obstante, los acercamientos al bloque europeo no deben ser interpretados como antinorteamericanos, si bien son, en cierta forma, una consecuencia de la oposición a la política comercial de los Estados Unidos. Igualmente, la búsqueda de otras opciones se corresponde con la sensación -cada vez mayor- de que la concreción del ALCA peligra.

Es sabido que los Estados Unidos y Brasil tienen diferentes puntos de vista respecto de la integración regional. El gigante del Sur prefiere apostar al Mercosur -al que su par del Norte daba poca vida-.

El presidente argentino, Fernando de la Rúa, apoya la idea de profundizar el Mercosur. Pero los miembros del bloque necesitarán clarificar su posición respecto de las negociaciones continentales. Los conflictos entre la Argentina y Brasil deben llegar a su fin, porque las diferencias sobre el ALCApodrían, en un futuro, afectar directamente la continuidad del Mercado Común del Sur, más aún cuando Chile no se constituyó como un miembro pleno del bloque, sino simplemente como asociado.

Sin embargo, los avances de la reciente cumbre de Asunción, celebrada en junio último, renovaron el optimismo, por lo que se prevé que el Mercosur pueda superar los graves escollos que implican la crisis económica argentina y los problemas energéticos de Brasil.

El autor es director del programa de Estudios Latinoamericanos del Instituto de Estudios Avanzados Paul H. Nitze de la Universidad Johns Hopkins de Washington DC. El artículo es un resumen de un trabajo de su autoría, que fue expuesto la semana última en un almuerzo de trabajo organizado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.