Días de angustia y de incertidumbre

Los empresarios criticaron las normas
Emiliano Galli
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18 de diciembre de 2001  

Los exportadores argentinos están unidos hoy por el decaimiento.

No ocultan el agobio y hasta el hartazgo ante estas nuevas medidas restrictivas y las instancias burocráticas que se crearon, que alteraron la normal operatoria del comercio exterior, en un contexto en el que el escenario menos riesgoso es una demora en la cadena de producción, y el más grave nadie se anima a proyectarlo, por temor a las profecías autocumplidas.

Así se desprende de las consultas que LA NACION realizó a Pyme argentinas competitivas en el mundo. A estas alturas, según reconocieron, todo un logro.

Es el caso, por ejemplo, de La Salamandra, exportadora de dulce de leche y muzzarella de búfala. Su presidente, Javier González Fraga (que también presidió el Banco Central durante el primer gobierno de Carlos Menem), dijo que "es una verdadera lástima que los exportadores hayamos perdido la propiedad de nuestras divisas, y volvamos a tener la obligación de traerlas al país". Fue durante su gestión en el Central cuando se dispuso "la eliminación de esa obligación".

Omar Romano preside una Pyme líder en la exportación de productos veterinarios, Bedson Argentina, y sus productos llegan a casi todos los continentes. También siente que "retrocedimos 20 años en materia de libertad en la utilización de divisas", alejando a la Argentina "del concepto de economía global".

"Exportamos mucho más de lo que importamos y es fundamental el manejo de divisas para pagar compromisos con el exterior", explicó.

Sólo en efectivo

Walter Gregoracci es gerente del área de Negocios Internacionales de la marplatense Delsat Group, una pequeña firma dedicada a la fabricación y exportación -a prácticamente toda América latina- de equipos de software para el control de equipos telefónicos, para lo que importa insumos de alta tecnología como chips e impresoras atérmicas.

Subrayó que "lo que más tememos es la imposibilidad de girar fondos para importar nuestros insumos a los que agregamos valor y los exportamos en forma de productos". Estas normas afectaron un embarque de materia prima que se demoró una semana más de lo previsto en la Aduana. La razón:los derechos aduaneros se pagan sólo en efectivo, y aún no está vigente la operatoria con tarjeta de débito, y el único sistema que queda es el cheque. "Entre que se deposita y se acredita, se tarda entre 72 y 96 horas para retirar la mercadería de la Aduana", señaló.

El encargado de comercio exterior de una importante firma exportadora de productos médicos, que solicitó reserva sobre su identidad, se mostró ofuscado.

"Lo más grave es que no permiten una orden de pago al exterior para las importaciones de materia prima que se realizaron sin la mediación de una carta de crédito o de cobranza bancaria", señaló, y explicó que "el rubro médico es muy chico, y lo que vale para los proveedores es la confianza: yo la construí durante veinte años y ahora tengo la plata y no les puedo pagar. Se está liquidando el sistema productivo... Me cortaron la cadena de provisión de materia prima para fabricación y exportación", dijo.

Eduaro Goldfart preside EXA (Emprendimiento Exportador Agroforestal), cuyo único mercado es el de exportación, donde coloca cuatro millones de toneladas anuales de té a granel por más de tres millones de dólares.

"Nuestros clientes -que van desde los Estados Unidos hasta Nueva Zelanda- están preocupados: no saben si pueden confiar ahora en nosotros. Para exportar, importamos bolsas de papel desde Sudáfrica o Austria. Pero ahora necesitamos una autorización del Banco Central para realizar el giro".

Más complicado es el tema del cobro: "tenemos que ingresar las divisas en quince días; pero los clientes te pagan con financiación, y en plazos de 180 días. Es una locura".

Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina (organización que agrupa a 75 establecimientos donde se concentra más del 80% de la producción y exportación de vinos finos), sólo espera que las normas no afecten la totalidad del convenio de competitividad de los vinos. No es poco para un sector que conquistó el arancel cero para la importación de barricas de roble y los tapones de corcho que no se producen en el país. "Afuera se sorprenden:no entienden cómo un sector que le va bien esté en un país con los problemas que tiene", se lamentó.

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