Diferencias entre los empresarios de aquí y los de Brasil

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22 de diciembre de 2009  

-¿Qué surge de comparar entre un empresario argentino medio y uno brasileño?

-Hay alguna comparación hecha que si se generaliza se puede cometer una injusticia, porque hay muy buenos empresarios argentinos que saben trabajar. Pero en líneas generales diría que cuando se analiza al empresariado brasileño con el argentino, surgen varias diferencias.

El brasileño sabe mirar más a largo plazo, al afuera, son más conscientes de la capacidad y del poder relativo que hoy tiene Brasil respecto del mundo por integrar el BRIC (sigla que identifica a Brasil, Rusia, India y China), y eso les da un sentido de poder que saben ejercer en su capacidad de negociación con el exterior. Además, tienen acuerdos de largo plazo más sólidos que nuestro empresariado. Tienen conductas de acuerdos más trabajados, de estado empresario o corporativo, sobre los que tienen un mayor espíritu de comunidad que el argentino, que es más individualista. Esas características explican cómo Brasil, a pesar de ser un país con terribles diferencias, avanza y hoy está sentado a las grandes mesas de las negociaciones comerciales y económicas del mundo. En la Argentina, en general, se puede decir que no se mira el largo plazo sino el negocio actual. ¿Es culpa del empresario? No, sólo lo han entrenado para eso, porque el largo plazo nadie lo puede imaginar, y como cambia todos los días, y eso depende más de los marcos institucionales, jurídicos y legales que dependen del Estado, el empresario argentino ha estado condenado al corto plazo y a esa máquina perversa.

Lo segundo, el mirar al exterior, ha sido complicado, porque con políticas erráticas en materia de inversiones, en promoción o cierre de exportaciones, con políticas erráticas en el tipo de cambio, el mirar al exterior es complejo, más allá de que la Argentina siempre tuvo eso de cerrarse un poco.

Y el tercer factor diferenciador, recién ahora se están viendo con algunos movimientos en función de los cuales los empresarios adoptan criterios compartidos, pero en general han trabajado de forma muy independiente y en muchos casos para salvar su propia situación. No han tenido una cultura compartida en favor del desarrollo de la Argentina y de las industrias en su conjunto.

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