Guerra comercial. La negociación entre EE.UU. y China está en riesgo

Tras los indicios de progreso en las conversaciones,un tuit de Donald Trump siembra dudas
The Economist
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9 de mayo de 2019  

Crédito: The New York Times

Justo cuando parecía que Estados Unidos y China estaban cerca de un acuerdo, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha llevado a los dos países al borde de una guerra comercial en toda regla. En un par de tuits publicados el domingo, amenazó con imponer aranceles del 25% en todas las importaciones chinas, una tasa que se aplica a solo una porción mucho menor de las importaciones en la actualidad. "El acuerdo comercial con China continúa, pero muy lentamente, mientras intentan renegociar. ¡No!", trinó. Hace solo un mes había proclamado que se estaba preparando un "acuerdo épico". El repentino cambio de tono sacudió a los inversores en Asia y, sobre todo, en China. El CSI 300, un índice de las principales acciones chinas, cayó casi un 6% el lunes, su peor día en más de tres años.

La primera pregunta es cuáles serán las consecuencias para las negociaciones comerciales. Las reuniones intensificadas en las últimas semanas habían alimentado la impresión de que un acuerdo estaba a la vista. Los negociadores estadounidenses, encabezados por Robert Lighthizer, el representante de comercio de Estados Unidos, estuvieron en Pekín la semana pasada. Esta semana, Liu He, un viceprimer ministro chino, encabeza una delegación de docenas de funcionarios chinos de alto nivel en un viaje a Washington para la próxima ronda de discusiones. Los observadores comenzaron a examinar la agenda pública de Trump para encontrar un espacio en caso de que Xi Jinping, el presidente de China, pudiera reunirse con él para firmar el pacto. Junio parecía una buena opción. Pocos apostarían por eso hoy.

Trump podría haber pensado que su amenaza aumentaría la presión sobre China, ayudando a obtener más concesiones justo antes de la firma de un posible pacto. En cambio, existe una posibilidad real de que pueda provocar un endurecimiento de la posición de China. Algunos incluso especularon que Liu He y su comitiva de funcionarios se retirarían de las reuniones de esta semana, algo que al final no ocurrió. "Dejemos que Trump suba las tarifas. Veamos cuándo pueden reanudarse las conversaciones comerciales", tuiteó Hu Xijin, editor de Global Times, un periódico chino de propiedad estatal conocido por su veta nacionalista. (Los reguladores chinos parecen estar contentos con dejar que Hu use el software para evadir el Gran Cortafuegos y enviar dichos mensajes a Twitter, que de otro modo está bloqueado en China.)

Durante meses, el resumen de un acuerdo ha sido claro. China se comprometería a comprar más productos de Estados Unidos para reducir su superávit comercial, y Estados Unidos se comprometería a reducir los aranceles de las importaciones chinas siempre que China establezca el campo de juego para las compañías extranjeras. Pero los detalles siempre fueron desconcertantes. ¿Cómo medir el progreso de China en la reforma de su economía? Los funcionarios estadounidenses se han cansado de lo que ven como un lento avance de China en el cumplimiento de sus promesas. ¿Cómo hacer cumplir el trato? Estados Unidos quería el derecho de imponer aranceles sin amenaza de represalias si China violaba el acuerdo. Los asesores chinos dijeron que no. Dadas estas dificultades para alcanzar un gran acuerdo, un difuso conjunto de compromisos parece ser el resultado más probable. Las tensiones comerciales seguramente persistirían, aumentando de manera intermitente en los próximos años, pero la perspectiva de los aranceles "ojo por ojo" se reduciría.

Ahora, sin embargo, el riesgo inmediato es la escalada. El año pasado Estados Unidos impuso aranceles del 25% sobre las importaciones chinas por valor de US$50.000 millones y el 10% sobre otros US$200.000 millones adicionales, dejando unos US$300.000 millones aproximadamente sin tocar. Trump ha amenazado con un aumento de dos pasos. Primero, Estados Unidos elevaría los aranceles del 10% al 25%. Poco después, colocaría aranceles del 25% sobre todos los bienes restantes. Hasta ahora, China ha sido moderada en su represalia a los aranceles estadounidenses, incluso ha reducido los aranceles a las importaciones de automóviles desde Estados Unidos a medida que avanzaban las conversaciones. Pero si Estados Unidos sigue adelante con los aranceles en general, Xi Jinping estará bajo presión para defenderse. Debido a que China importa mucho menos de Estados Unidos de lo que exporta a ese mismo país, los aranceles son solo una opción limitada para ello. Un escenario es que podría perjudicar a Estados Unidos de otras maneras, por ejemplo, usando los medios estatales para que los consumidores se opongan a las compañías estadounidenses, de Starbucks a Apple, que cuentan con China como una gran fuente de ingresos. "El primer paso en las negociaciones es generar confianza", dice Zhu Ning, economista de la Universidad de Tsinghua. "Ahora parece que la confianza se ha desvanecido".

Una guerra comercial total, sin duda, sería perjudicial para ambos países. Como el mayor exportador, China probablemente sufriría más. Pero Trump se está engañando a sí mismo si piensa que puede poner a China de rodillas con aranceles y que Estados Unidos no sufrirá daños. Durante el último semestre, el gobierno de China ha administrado un estímulo moderado que ha estabilizado el crecimiento e impulsado un gran repunte en su mercado de valores. Incluso con la caída del lunes, las acciones chinas siguen subiendo un 25% desde principios de año. El gobierno ha mantenido la potencia de fuego fiscal en reserva, en parte debido a la incertidumbre sobre la guerra comercial. Aumentar su programa de estímulo ayudaría a amortiguar el golpe de las tarifas más altas. En cuanto a Estados Unidos, los consumidores se han visto protegidos en gran medida del impacto de los aranceles en las importaciones chinas porque se han centrado en los insumos industriales. Si se aplicaran aranceles a todas las importaciones, no se ahorraría a los consumidores: el costo de los productos, desde almohadas hasta teléfonos inteligentes, aumentaría considerablemente.

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