Mejora el tipo de cambio; ahora deben mejorar la estabilidad y la simplicidad en los negocios

Marcelo Elizondo
Marcelo Elizondo PARA LA NACION
La devaluación del peso genera expectativas para los exportadores, pero todavía resta avanzar en cuestiones de competitividad sistémica relacionadas con reglas del juego claras en la economía
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5 de julio de 2018  

La devaluación del peso que se opera en la Argentina en las últimas semanas alienta (a priori) expectativas de generar ciertas ventajas en materia de costos medidos en moneda dura para diversos sectores exportadores que habían venido advirtiendo sobre un "atraso cambiario" motivado por el ingreso de dólares financieros de los últimos años, especialmente traccionados hacia la Argentina por el endeudamiento del sector público.

La primera consideración que puede hacerse al respecto es que efectivamente el nuevo tipo de cambio real actual beneficiará a exportadores de diverso tipo (por ejemplo, productores de agroalimentos, empresas de economías regionales, exportadores de servicios, fabricantes industriales y no pocas pymes que aspiran a colocar productos en el exterior, altamente dependientes de los costos de producción).

Sin embargo, la experiencia argentina reciente muestra que, más allá de alguna ventaja cambiaria, las condiciones de competitividad son sistémicas y un ajuste cambiario es útil, pero no mejora por sí solo la operación de los exportadores.

Dice el español José María Peiró que el ambiente de negocios debe considerarse a la luz de cuatro tópicos: su estabilidad, su complejidad, su aleatoriedad y el acceso a recursos. La Argentina ha padecido alta inestabilidad, gran complejidad y no poca aleatoriedad durante muchas décadas.

Ahora puede decirse que, en los últimos 25 meses, la Argentina corrigió sustancialmente condiciones del entorno, pero no pudo mejorar -como el Gobierno admitió que hubiese querido- algunas variables críticas. Luego de la mejora en el tipo de cambio, pues, una recuperación de estabilidad y simplicidad aparecen como requisito.

Desde el inicio del siglo hemos pasado de una estabilidad frágil (convertibilidad) a ajustes bruscos, y luego a una estabilidad parcial reactiva (inicios del siglo XXI), que más adelante llevó a la animación de nuevos desequilibrios y la afectación del entorno jurídico y económico, seguidos de una alta intervención discrecional en la economía privada y enormes desajustes (sobre todo en la primera mitad de la segunda década del siglo). Últimamente, hemos observado una mejora sustancial en las condiciones institucionales de mercado, pero con la imposibilidad de generar estabilidad de precios y monedas y simplicidad en el contexto.

Por eso, y al respecto, conviene advertir que ante condiciones de inestabilidad y complejidad, en términos de inserción comercial externa, la constante en la Argentina ha sido hacia una débil capacidad exportadora y una performance en ventas externas que ha sido peor que la de los países de la región, que han tenido condiciones mejores, o (en el peor de los casos) menos graves en los entornos de negocios, aun con ventajas cambiarias.

Veamos: las exportaciones argentinas crecieron desde el inicio de siglo hasta el último año, si se las mide "punta a punta" en ese lapso (2000-2017), más que duplicándose, pero comparándolas con nuestros vecinos se comprueba que esas exportaciones argentinas han tenido desde 2000 hasta 2017 la peor performance en la región (excluido el caso de Venezuela, de la que no se tiene datos actuales). Esto es: la Argentina es, desde hace mucho tiempo, una economía con enormes dificultades de inserción externa y varias son las razones que pueden explicar eso, pero, sin dudas, entre ellas han de encontrarse las referidas a recurrentes inestabilidad, complejidad y aleatoriedad en el ambiente de negocios.

Así, entre 2000 y 2017, las exportaciones de Paraguay crecieron 1307%; las peruanas, 548%; las bolivianas, 438%; las ecuatorianas, 314%; las brasileñas, 295%; las de Uruguay, 294%; las de Chile, 274%; las de Colombia, 187%; las mexicanas crecieron 146%; y las argentinas, solo 123%. México exportó el año pasado US$243.200 millones más que en el año 2000, mientras que Brasil lo hizo en US$162.620 millones más que ese mismo año; Chile, US$50.091 millones más; Perú, US$37.627 millones más, y la Argentina, US$32.487 millones más que en el año 2000.

Ergo, la Argentina ha tenido un crecimiento de sus exportaciones en toda la serie medida que es muy menor al que lograron Paraguay, Perú y Bolivia; considerablemente menor que el de Ecuador, Brasil y Uruguay; y algo menor que el que consiguieron Colombia y México. Incluso, la Argentina fue superada en el importe de exportaciones medidas en dólares por Chile en el lapso medido. Y además Chile, igual que Perú, México y Brasil, hoy tiene un monto de exportaciones cuya diferencia con la que lograba en 2000 es mayor que la diferencia lograda por la Argentina comparando resultados de 2000 con los de 2017.

Las condiciones de competitividad sistémica (la Argentina ha sido el país con mayor volatilidad política, regulativa, económica, financiera y en la inserción internacional en la serie medida) generaron una debilidad en la capacidad exportadora.

Solo como ejercicio, y si bien no son tiempos comparables (porque el período que se menciona a continuación era de alta irregularidad en las condiciones institucionales y políticas de funcionamiento del mercado), puede constatarse incluso lo ocurrido entre 2000 (tiempo de atraso cambiario) y 2008 (2000/2008 es el plazo en el que pudo madurar el proceso posterior a la megadevaluación de 2002 y a partir del cual comenzó otra vez a padecerse mayor inflación y se agravaron condiciones de funcionamiento de los mercados) y puede comprobarse que entre esos años la performance argentina en materia de exportaciones (aun luego de un ajuste cambiario récord, ocurrido a inicios de 2002) fue también la peor de Sudamérica.

Por ende, puede aseverarse que el ajuste cambiario pone un nuevo y mejor piso para las exportaciones, pero que requerirá, además, de la obtención de condiciones de más estabilidad, menor complejidad y reducida aleatoriedad en el ambiente.

Especialista en negocios internacionales y director de la consultora DNI

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