
Oro en polvo
Las exportaciones crecieron un 3100% en 10 años
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En la última década, la producción minera metalífera en la Argentina pasó de ser una actividad poco desarrollada a convertirse en uno de los sectores económicos de mayor crecimiento. De los US$ 480 millones que generó en 1993, pasó a US$ 1395 millones el año último, se prevé que este año llegará a US$ 1451 millones y se proyecta que alcanzará los US$ 3238 millones en el año 2005, según cifras de la Secretaría de Energía y Minería.
Las exportaciones también presentan un notable incremento. Los US$ 26,9 millones de 1990 se transformaron en US$ 791 millones en 1999, serán unos US$ 838 millones este año y se cree que en 2005 superarán los US$ 2350 millones.
Tamaño desarrollo responde a múltiples razones, básicamente de índole internacional. Entre ellas se destacan el agotamiento de las posibilidades de inversión en los países centrales (especialmente debido a restricciones ambientales) y la necesidad de poner en marcha proyectos de menor costo operativo frente a la caída generalizada de los precios de los minerales.
A eso se suman las reformas a la legislación emprendidas por naciones con potencial minero aún no explotado, con el fin de captar la inversión extranjera. En América latina atrajeron un importante flujo de capitales canadienses, australianos, norteamemericanos, japoneses, franceses y alemanes hacia la región andina, que concentró, en 1998, el 35% de los US$ 5500 millones de inversión en exploración que realizaron 275 compañías en todo el mundo, contra un 12% registrado en 1991, y se prevé que en 2005 tomarán el 41 por ciento.
Del monto regional, el Mercosur más sus asociados, Chile y Bolivia, capturan hoy el 41,5 por ciento.
Pero los extranjeros no buscan cualquier yacimiento. Se interesan mayormente por los minerales más valiosos, denominados de primera categoría o de ley : oro, cobre, plata, litio y tungsteno, entre otros.
Los empresarios nacionales se abocan a los de más baja categoría (como piedra caliza y cemento), que no demandan grandes inversiones. Pero hay excepciones:algunos son socios de megaproyectos, como Perez Companc, que posee un 46,25% de Cerro Vanguardia (oro y plata), Santa Cruz.
Marco favorable
A partir de 1991, la Argentina reformó su marco jurídico con la intención de favorecer la radicación de inversiones extranjeras.
La base fue sentada por la ley 24.196 (y su modificatoria, Nº 24.296), que propició la inversión de riesgo garantizando estabilidad jurídica, legal y tributaria. Además, permitió la importación de equipamientos, repuestos e insumos libres de gravámenes, la amortización acelerada de inversiones en bienes de capital y la deducción inmediata de los montos utilizados para prospección, exploración y factibilización en el impuesto a las ganancias.
Otras normas incentivaron la exploración a gran escala, la devolución anticipada del impuesto al valor agregado (IVA) y los créditos a tasas más convenientes.
De esta manera, las inversiones radicadas en el país pasaron de US$ 7 millones en 1992 a US$ 120 millones en 1999. En 2005, la Secretaría de Energía y Minería calcula que la cifra acumulada llegará a US$ 4746 millones.
No obstante, hubo piedras (no justamente preciosas) en el camino."A mediados de 1997, los precios internacionales de los minerales bajaron drásticamente, empujados por la crisis asiática, y eso se tradujo en una falta de fondos para financiar la exploración", explicó el gerente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM), Víctor Di Meglio.
El cobre, que cotizaba a US$ 2450 la tonelada, bajó a US$ 1378 en marzo de 1999, mientras que el oro pasó de US$ 324 por onza a 261 dólares.
Los efectos en el país se evidenciaron en la paralización de proyectos y la fuga de empresas. "La baja asustó a las mineras y a los bancos, que les cortaron la financiación. De las 85 firmas que se incorporaron como beneficiarias a la ley de inversiones mineras, hoy apenas 18 están trabajando", continuó Di Meglio.
Dos de los proyectos que se pusieron en el freezer fueron Pachón (cobre), San Juan, y Agua Rica (cobre, oro y molibdeno), Catamarca, que ahora prometen reactivarse.
"Hoy, la Argentina no es para nada un país minero, pero tenemos que llegar a serlo -opinó el presidente de la Comisión Bicameral de Minería del Parlamento y titular del bloque de senadores del PJ, José Luis Gioja-. En Pascua-Lama y Pachón, San Juan, por ejemplo, se invertirán US$ 1850 millones; es casi tres veces el presupuesto de la provincia."
Recuperación
Hoy, los precios internacionales están en alza, pero se mantienen lejos de los valores anteriores a la crisis (el oro, por ejemplo, se cotiza a US$ 272 por onza). Por otra parte, el tratado binacional minero firmado con Chile, que entró en vigor el miércoles último, permitirá destrabar proyectos por entre US$ 6000 y 10.000 millones, ya que autoriza la explotación conjunta de yacimientos fronterizos. También unifica los controles aduaneros y migratorios, la definición de las normas laborales y ambientales, la reglamentación del uso de los recursos hídricos en la zona y el respeto de los regímenes promocionales de cada país. "El acuerdo permitirá que las exportaciones crezcan un 180%", estimó el consultor Juan Manna.
Sin embargo, los inversores extranjeros "no han descubierto nada nuevo", admitió Di Meglio. "Es que sólo se exploró un 5% del área potencial minera (los 4500 km de cordillera), y se hizo una prospección mínima en apenas un 20% de esa zona", explicó la jefa del Gabinete de Asesores de la Secretaría de Energía y Minería, Zelmira Silva.
Frente a este panorama, la competencia del país en América latina a la hora de captar inversiones mineras es reducida, pero fuerte: Chile, que posee una estructura bien organizada, pero que ya está casi todo explorado; Perú, que cuenta con grandes yacimientos metalíferos, pero tiene en contra una grave crisis institucional, y Bolivia, que ya demostró ser un buen imán para los capitales del exterior.






