Plan de choque para mejorar las pymes

Arancha González
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1 de noviembre de 2016  

Las pymes forman la espina dorsal de nuestras economías. Constituyen más del 90% del tejido empresarial, crean alrededor del 70% de los empleos y contribuyen de manera notable a la creación de riqueza nacional. Además, una gran parte de ellas contribuyen al empoderamiento económico de la mujer. Su tamaño les permite ser más ágiles y flexibles proporcionando así un terreno fértil para la creatividad y la innovación, dos elementos fundamentales de la economía del siglo XXI.

Cuando me invitaron a debatir en Buenos Aires sobre cómo desarrollar políticas nacionales e internacionales que respondan a las necesidades de las pymes no lo dudé un instante . El Centro de Comercio Internacional (CCI), la agencia de desarrollo de la OMC y de las Naciones Unidas que dirijo tiene precisamente como misión ayudar a la internacionalización de las pymes.

Más productivas y con mejores salarios

Nuestra experiencia nos enseña que las pymes que participan en el comercio internacional son más productivas y pagan mejores salarios. Y sin embargo la mayoría de ellas no exporta. En América latina la participación de las exportaciones de las pymes en el total de sus ventas está por debajo del 5%. En Malasia ese porcentaje se eleva a 55% y en Tailandia, a 47%.

¿Cuál es la razón de esta discrepancia? Por una parte, las pymes latinoamericanas se especializan en productos de menor valor agregado, debido a que cuentan con una estructura de producción muy heterogénea. Están menos integradas en cadenas globales de valor que las asiáticas (sobre todo en la parte baja de la cadena) y muy concentrada en recursos naturales y minerales.

Además, si bien las pymes son responsables del grueso del empleo en América latina, lo cierto es que contribuyen alrededor del 30% del producto interior bruto, mientras que en los países de la OCDE esta contribución llega al 60%.

Un buen diagnóstico, la clave

Competitividad, productividad y posicionamiento en cadenas de valor son por lo tanto los retos a encarar para ayudar a las pymes a diversificarse, generar mayor valor añadido y participar en mayor y mejor medida en el comercio internacional. Y no hay fatalidad alguna que impida hacerlo. Se trataría primeramente de elaborar un diagnóstico detallado y microeconómico. Se buscaría en una segunda etapa aplicar un plan de acción que podría contener los siguientes elementos.

En primer lugar haría falta un plan de choque para la mejora de la calidad de la pyme. Tanto si esta exporta a un consumidor final como si lo hace como partícipe en una cadena de valor, se enfrenta a estándares y normas de calidad que van en aumento. A las normas tradicionalmente elaboradas por entidades públicas, se añaden ahora las elaboradas por entes privados, ya sean empresas u ONG. Hoy un 40% de estos estándares privados de sostenibilidad se originan en países en desarrollo. Lo cierto es que la carga reglamentaria para bienes y servicios se incrementa, empujada por consumidores, clases medias, que en el norte como en el sur piden mayores niveles de calidad. De acuerdo con las conclusiones de nuestro Informe 2016 sobre la Competitividad de las pymes publicado el mes pasado, un incremento de 10% de la carga reglamentaria disminuye las exportaciones de las grandes empresas en 1.6% mientras que el impacto en las pymes es del doble.

Este plan de choque debería incluir mecanismos que faciliten el acceso a la información y la formación sobre normas y reglamentos de calidad para las pymes, el fortalecimiento de las infraestructuras técnicas sobre todo las de acreditación y certificación, la mejora de la gestión aduanera para facilitar el cruce de fronteras y la adopción de mecanismos internacionales destinados a fomentar el comercio.

En segundo lugar sería necesario un plan de acceso a la innovación y a la tecnología, sobre todo la digital. En un mundo que se encamina hacia la cuarta revolución industrial, es imperativo identificar mecanismos y políticas que ayuden a estas empresas a difundir tecnologías de competitividad en la economía.

En tercer lugar, sería importante facilitar el acceso de las pymes al crédito, en particular a financiación para el comercio. En este momento de desaceleración del volumen de comercio mundial, sería poco aconsejable exacerbar la tendencia poniendo trabas al acceso al crédito.

Finalmente, sería necesario reducir los obstáculos no arancelarios tales como procedimientos burocráticos excesivos o una imposición desproporcionada, que han ganado en peso a medida que los aranceles al comercio internacional han ido cayendo, y que graban de manera desproporcionada a las pymes.

Los primeros pasos

Argentina ya está dando pasos importantes en esta dirección, con la reciente elaboración de la Ley PYME que busca aliviar la carga impositiva y la mejora del acceso al crédito. Pasos adicionales en esta dirección podrían complementarse con acciones a nivel multilateral, incluida en la OMC, cuya próxima reunión ministerial se celebrará aquí el año próximo.

Argentina tiene la oportunidad de liderar un esfuerzo global para trabajar por un comercio más inclusivo con beneficios para todos.

La autora es directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional

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