Realistas versus eufemistas

Por Enrique S. Mantilla Para La Nación
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28 de marzo de 2000  

Hay un Mercosur, vivimos en él, por lo tanto, sería conveniente aprender cómo se lo hace funcionar eficazmente. La dificultad en ese aprendizaje surge de pensar qué es mejor, el eufemismo o circunloquio, o enfrentarse con los datos tal cual son.

Por ejemplo, se exalta el potencial estratégico del Mercosur para realizar negociaciones internacionales, pero tanto Brasil como la Argentina negociaron en forma individual con China el acceso de ese país a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

No debería extrañar que, en el nivel internacional, se evalúe en las principales cancillerías que el Mercosur, en su dimensión negociadora externa, se está convirtiendo en una cáscara vacía ( empty shell organization fue la expresión usada por un diplomático europeo).

Pero, en el nivel de pequeños detalles, uno puede encontrar que las dificultades no son menores. La razón es que nadie sabe a ciencia cierta qué normas del bloque están vigentes y cuáles no.

Para el caso de calzados que trató la OMC en 1999, la Argentina sostuvo que, pese a que el daño que se configuraba por las importaciones de terceros países -incluidas las de los Estados Parte del Mercosur-, no se aplicaba la salvaguardia a los países del Mercosur porque la decisión CMC Nº 17/96 lo prohibía. Sin embargo, en el Tribunal Mercosur que laudó sobre el tema de productos textiles, Brasil sostuvo, y se dio por cierto, que la decisión CMC Nº 17/96 no estaba en vigor en el Mercosur.

El arranque

Esta contradicción es sorprendente. Si no se realiza un trabajo consciente de sinceramiento, el Mercosur, en relación con el futuro, está signado por el dilema que planteaba Sartre: "Yo soy el ser que seré, en la modalidad de no serlo".

Una manera de empezar es superar el modelo de vacía retórica mercosurista que reemplaza los datos por teorías y concentrarse en tener un método de evaluación mucho más riguroso.

Un colega de Brasil sostuvo que no es necesaria la coherencia para instaurar un orden. La cuestión sería, en ese caso, de qué tipo de orden se está hablando y quiénes se beneficiarían con él.

Como los empresarios necesitamos calcular para tomar decisiones, cuanto mayor claridad y previsibilidad tenga el Mercosur mejor se desarrollarán las actividades empresarias y mayor será su contribución al bienestar.

Un mejor debate

Si se pertenece a una tradición intelectual donde enfrentarse a los conflictos es parte de la posibilidad de progreso y que esa actitud es preferible a disimularlos, uno aspiraría a que se mejore la calidad del debate.

Pero no todos piensan igual. Por ejemplo, algunos críticos de arte consideran que una obra de arte mal hecha es digna de estar en los museos porque tiene un valor en sí misma, como "metáfora de la porquería" (conforme Hughes). El problema es cuando los constructores del Mercosur actúan como esos críticos de arte.

Para favorecer una integración positiva , la sugerencia sería actuar con prudencia, pues las soluciones simples a problemas complejos, casi siempre, son seudosoluciones.

En cambio, lo ideal sería actuar con inteligencia, pues las reacciones emotivas llevan a bloquear la posibilidad de reconocer los elementos positivos y negativos y, por lo tanto, la posibilidad de crear nuevas fórmulas superadoras.

Es necesario realizar un nuevo tratado sobre bases realistas, en vez de seguir una política de parches de acuerdos anteriores que se han vuelto ininteligibles para propios y ajenos.

Dicho sin eufemismos: quien no aprende, repite los errores.

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