Sergio Berensztein: “Bajar los impuestos es una deuda que tiene el país con las pymes”

El analista habla sobre la necesidad de fomentar sectores productivos en la Argentina para aprovechar de nuevo su vocación exportadora
Lionel Paredes
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1 de noviembre de 2018  

El analista político, Sergio Berensztein
El analista político, Sergio Berensztein Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Tras los anuncios del Gobierno sobre el aumento de los derechos de exportación y, poco después, sobre el programa Argentina Exporta, destinado a fomentar las exportaciones como nuevo eje del motor económico y productivo nacional, el analista político Sergio Berensztein habló con la nacion para dar un diagnóstico sobre la situación actual de las pymes y el posicionamiento comercial de la Argentina en medio de un contexto internacional incierto. Para el analista, "las empresas son parte del patrimonio nacional; no se puede permitir que se mueran, porque cada una que perece significa un fracaso rotundo para el país".

P–¿Cómo ve la actualidad exportadora de la Argentina y cómo cree que nos ven en el exterior?

R–Tras comenzar esta crisis que estamos atravesando se está descubriendo nuevamente la vocación exportadora. No es para menos, dado que el país creció gracias a la exportación de commodities y productos con valor agregado. Hoy lo que hay que resaltar es que, gracias a la minería, energía, pesca, turismo y los servicios profesionales, el país está consolidando un potencial exportador extraordinario, con una vocación que está, pero que debería ser más genuina, formando parte de una visión consensuada como política de Estado. Es un desafío. Por otra parte, nuestro país es visto como un actor con potencial afuera, pero lamentablemente es más conocido por las crisis que por los éxitos últimamente. Hoy está todo por reconstruirse y avanzar en el sector exportador.

P–¿Qué opina sobre las nuevas retenciones anunciadas por el Gobierno?

R–Yo estoy en contra de la improvisación en política pública. Creo que esta tiene que ser fruto de la planificación, pensando en los efectos colaterales… Improvisar en políticas públicas es generar más problemas que soluciones, y el sistema tributario argentino en especial requiere un cambio muy profundo, una reforma significativa. La Argentina es un país que tiene que exportar, pero que les está cobrando impuestos a las exportaciones, lo cual es contradictorio. Entiendo que cuando hay que ser solidario en una situación de emergencia los que más tienen son los que tienen que pagar, pero acá se está generando un daño enorme al sector que tiene el potencial de crear empleo y desarrollo para el país. Si cambiamos constantemente las reglas de juego, entonces sí tenemos un problema en cómo nos ven en el exterior. Esa incertidumbre regulatoria hace evidente la razón por la cual el país recibe menos inversión extranjera que otros en la región.

P–¿Cuál sería entonces la solución, desde el sector exportador, para hacer frente a la crisis?

R–Lo ideal sería fomentar la exportación con la mayor cantidad de valor agregado posible, pero mientras no se tenga el capital para poder financiarlo continuaremos exportando commodities. Bajar los impuestos, por ejemplo, es una deuda que tiene el país con las pymes; con los altos costos de acceso al capital e impuestos, es difícil financiar el desarrollo. Sin embargo, hay que resaltar que en un poroto de soja hay un montón de valor agregado: el hecho de que se exporte soja no quiere decir que no haya elaboración previa; al contrario, hay muchos procesos, y no destacarlos es no entender la sofisticación que tienen estas industrias, pero se podría exportar proteína animal, envasada, con marca desde ya. Se puede aspirar a más, pero hay que mejorar las condiciones.

P–En esa línea, ¿cómo cree que se pueden estimular las economías regionales y a sus pymes para que sean más competitivas?

R–Es un proyecto de larga duración, porque el país tiene un problema de infraestructura física, de capital humano, de reglas de juego claras. Se necesita una regulación apropiada para fomentar la competitividad, también tecnología… realmente implica un salto espectacular en la concepción de cómo hacer política económica, y estamos a años luz de poder lograrlo. Pero se puede comenzar con establecer un esquema que genere estímulos para generar empleo, porque hoy la regulación laboral desalienta la inversión y, por ende, la competitividad.

P–¿Cómo evalúa la política nacional en relación con las importaciones?

R–En teoría, uno querría que la economía fuese lo más abierta posible y que los productores locales de productos que son potencialmente competitivos tuviesen condiciones para poder competir. Pero como esto no ocurre, abrir la importación y obligar a los locales a competir en condiciones desfavorables no es justo. Creo que hay que ir a una transición en la que se mejoren las condiciones para los emprendedores y abrir la economía en el proceso, sin fundir a todo el mundo, sin destruir empleos ni fuentes de riqueza. Las importaciones a los productos electrónicos deben estar abiertas, porque no puede ser que se estén subsidiando polos de armado. Eso no tiene ningún sentido. Pero en la industria textil, si hubiese financiamiento, podríamos competir perfectamente con lo importado. La experiencia empírica sugiere que hay que abrir la economía, el tema es cómo. Lo que tenemos que hacer es cuidar a las empresas, porque son parte del patrimonio nacional. No se puede permitir que se mueran, porque cada una que perece significa un fracaso rotundo para el país.

P–Entonces, ¿cómo está el país respecto de sus vecinos en políticas de comercio exterior?

R–Lo que te puedo decir es que dependen menos de las políticas de exportación de lo que tienen para exportar. Hay que fomentar sectores productivos: si se tiene el producto, se exporta, por más desarrollada o no que esté la política exportadora.

P–Por último, ¿cree que seríamos más competitivos si exportáramos en bloque (Mercosur)?

R–Creo mucho en los tratados bilaterales y multilaterales, pero también sé que llevan mucho tiempo y no podemos esperar a que se concreten todos para fomentar una apertura exportadora, hay que trabajar en múltiples dimensiones al mismo tiempo. Hoy con la cadena agroindustrial, y más allá de ella, con la energía, la minería y los demás sectores que nombré, podemos ser grandes actores exportadores, pero aún estamos mirando más al consumidor que pasa por la puerta y no nos damos cuenta de que hoy el negocio es global y, sobre todo, digital.

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