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¿Superávit o déficit comercial?

La balanza de enero último no arrojaría $ 4 millones a favor sino $ 9 millones en rojo
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21 de marzo de 2000  

El superávit comercial de enero último se desprende de las cifras elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), anunciadas por el secretario de Programación y Coordinación, Miguel Bein, y el jefe del Gabinete de Asesores, Pablo Gerchunoff. Sin embargo, las estadísticas que resultan de consolidar la información procedente de las zonas francas indicarían lo contrario. En realidad, según este cálculo, en lugar de un superávit de 4 millones, habría un déficit de 9 millones (ver cuadro).

Hace ya un tiempo, el Indec hizo los estudios para la introducción de los cambios en la metodología que recomiendan las instituciones internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, organismos de Naciones Unidas, etcétera) y la teoría económica. Según estas entidades, cuyo criterio es seguido en la actualidad por buena parte de las naciones avanzadas, todos los ingresos de mercadería, aunque entren a un territorio franco y no conformen legalmente una importación, deben computarse a los efectos de las estadísticas económicas como importaciones. Simétricamente, todos los egresos son exportaciones.

Herramientas del pasado

No obstante, esta moderna metodología aún no ha sido incorporada y el Indec, a pesar de que dispone actualmente de todos los datos, sigue aplicando la fórmula tradicional que sólo considera importaciones a los ingresos de mercadería al territorio aduanero (los enclaves quedan afuera).

Esto implica que los productos que están en las zonas no son incluidos hasta que se despachan al territorio, lo que puede acontecer hasta cinco años más tarde. Por otra parte, la mercadería que sale desde las zonas hacia otros países, es decir, que se re-exporta , tampoco forma parte de las estimaciones de las exportaciones.

Para llegar a las estimaciones modernas se deben agregar a las importaciones calculadas por el Indec los ingresos de mercadería extranjera a las zonas francas y restar los despachos desde éstas al territorio para evitar una doble contabilización.

Con los datos de La Plata y Córdoba (que representan más del 95% del movimiento de las zonas francas argentinas), se puede estimar que las importaciones de enero último serían de US$ 1810 millones, en lugar de los US$ 1793 millones del Indec; en tanto, las exportaciones pasarían, al agregarse las re-exportaciones desde las zonas, a US$1801 millones, en lugar de los US$ 1797 informados por el instituto.

Justo es agregar que los funcionarios no consideraron el aparente superávit como un éxito y que, lejos de celebrar la caída de las importaciones, se mostraron preocupados por explicarla. Es que un saldo positivo del intercambio comercial no es en sí mismo un indicador de fortaleza de la economía y uno negativo no es en realidad un déficit en el sentido de una carencia o algo desfavorable.

En realidad, en el caso de nuestra economía, los balances con excedente de exportaciones a menudo estuvieron asociados con las más profundas recesiones y las peores situaciones en materia de distribución del ingreso. Por otra parte, más allá del cambio de signo que le da una cierta espectacularidad a la corrección, la diferencia es de tan solo 13 millones, es decir, menos del 1 por ciento de las importaciones mensuales.

Tal vez la lección más importante que se puede extraer es la falta de conciencia que aún hoy existe en los más altos niveles técnicos del gobierno sobre el régimen franco.

Dado que se ignora su impacto en las cifras de comercio exterior, es muy natural que también se desconozcan absolutamente las posibilidades que ofrece, por ejemplo, para pegar un salto inmediato en materia de competitividad externa o para impulsar algunas economías regionales, temas que tienen una trascendencia mucho mayor que los 13 millones de diferencia en las estadísticas.

El autor es consultor y especialista en zonas francas. E-mail: go@movi.com.ar

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