Trabajar sobre las coincidencias en el área marítima y fluvial

Gustavo Mujica
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14 de julio de 2015  

Vivimos épocas de gran incertidumbre y de desunión nacional, en las que llevamos hasta el fanatismo las contradicciones normales que tiene cualquier sociedad, tornando la vida cotidiana en un profundo malhumor y desesperanza.

Como dirigente gremial, entiendo nuestra labor como una herramienta para llevar el bienestar y felicidad a los trabajadores, en un marco de justicia social indispensable.

Estoy convencido de que el diálogo social es indispensable para llevar la paz social y la armonía a la sociedad dentro del marco democrático en el que vivimos.

En tal sentido, el trabajo sobre las coincidencias es una labor en la cual deberíamos trabajar todos los argentinos, y en particular en el área marítima, fluvial y pesquera, para que ese diálogo sea fecundo.

En los últimos años, hemos trabajado una parte del gremialismo con los armadores del sector marítimo y fluvial, en la búsqueda de los factores comunes que puedan llevarnos a una realidad diferente a la que estamos viviendo.

Para aquellos que conocemos profundamente este sector y que relevamos a diario las condiciones generales en que se encuentra, no podemos dejar de visualizar el estado de agonía en el que se encuentran las economías regionales, con una flota fluvial prácticamente desaparecida, una marina mercante dominada por la falta de buques de pabellón nacional, otros amparados por el decreto 1010/04 y una cantidad de excepciones ( waivers) que aumentan y que plagan de banderas de conveniencia nuestro mar y ríos.

Sin embargo, aún nos queda la certidumbre de que este panorama se puede revertir. Esta certeza se basa en el trabajo sobre las coincidencias que tenemos con los empresarios del sector, ya que todos pretendemos, por diferentes motivos, que las empresas navieras tengan un crecimiento sostenible en el tiempo y posean buenos márgenes de ganancias, que les permitan reinvertir en el país, en mayores y mejores unidades, con nuevas tecnologías, haciendo competitiva la actividad.

Los barcos son pymes con hélices, que le permiten con una simple orden cambiar de pabellón y buscar mercados más convenientes, por lo que necesitan y justifican una legislación diferente a las generales de la ley.

Cuando los empresarios y los trabajadores llegan, como hoy, a tal nivel de coincidencias, estamos frente a una cuestión de Estado y merece por tal razón políticas que perduren en el tiempo.

Nadie puede negar que el costo del transporte marítimo y fluvial es el más económico y menos contaminante, seguido por el ferrocarril y, por último, por el transporte automotor. Sin embargo, en nuestro país esa pirámide está invertida, transformando así en un suicidio empresarial lo que es en todas partes del mundo un negocio rentable.

La necesidad de entender el proceso logístico del transporte nos lleva a comprender la urgencia de una transformación profunda en el sistema logístico del país, ordenando el transporte a través de una necesaria ley federal de transporte, una ley de fomento de la marina mercante, de puertos e industria naval, una legislación impositiva diferencial y progresiva para este sector, políticas especiales en relación con el combustible, una conciencia marítima y fluvial que interprete claramente, para un país de características insulares, como el nuestro, que poseer una marina mercante propia es una cuestión de soberanía y de defensa de la producción nacional y su valor económico en el mercado internacional.

Los empresarios y los trabajadores estamos esperando de las autoridades nacionales y de la oposición política la realización de una concertación entre todos los sectores, que lleve a través del consenso a políticas de Estado que no se modifiquen en el tiempo y que hagan del transporte un factor de crecimiento.

El autor es secretario general de la Federación de Marinos del Mercosur

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