Tratativas que generan dudas

No hay progreso en el tema agrícola
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26 de noviembre de 2002  

Hace pocos días, durante la revisión de la marcha de las negociaciones en materia de comercio de servicios, representantes de los países del Mercosur y otros miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) dieron un mensaje muy claro: sin progreso en agricultura y otros temas de interés para los países en desarrollo, la actual ronda de negociaciones corre peligro de vida.

Estas palabras son un ejemplo del clima que reina en estos días en Ginebra y que contrasta con el entusiasmo con que fue lanzada la Agenda del Desarrollo apenas un año atrás, en Qatar. Lejos de festejarse con optimismo, este primer cumpleaños llegó lleno de interrogantes acerca de la viabilidad de las negociaciones, que deberían finalizar con una reforma sustancial de los acuerdos comerciales, el primer día del 2005.

Sucede que la duda fundamental se refiere a la voluntad política de llevar a la práctica los buenos deseos del programa de trabajo elaborado en la ciudad de Doha. A juicio de los países menos adelantados y en desarrollo, la actitud de los grandes jugadores no refleja en la práctica el deseo de cumplir con las promesas de generar un comercio más equitativo, como herramienta de crecimiento para todos los miembros de la OMC.

En particular, las quejas giran en torno del curioso hecho de que ciertas áreas de interés para las grandes potencias -tales como el comercio de servicios o el acceso a mercados para productos industriales- parecen avanzar a un ritmo mucho más veloz que aquellas que conciernen a los países en desarrollo. Y uno de lo puntos clave de la incertidumbre tiene un nombre concreto: agricultura.

La liberalización del mercado agrícola y la eliminación de los subsidios son los aspectos clave para la concreción de la Agenda del Desarrollo. En particular, la Política Agrícola Común de la Unión Europea y la legislación proteccionista de los Estados Unidos no parecen ser actitudes compatibles con los compromisos de apertura comercial.

En este sentido, el grupo Cairns y en general todos los países cuyo comercio descansa en forma primordial en los productos primarios, alzan cada vez más fuerte su voz en la OMC y en otros foros internacionales, tal como la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura, para exigir una liberalización.

El tema agrícola no es el único reclamo, se suman los aspectos del llamado Trato Especial y Diferenciado hacia los países más pobres, y ciertos temas de implementación de todos los acuerdos de la OMC.

Son estos aspectos los que, a juicio de los países en desarrollo, no están avanzando a un ritmo deseable. Y cada vez es más clara la postura de que la falta de acuerdo en aquéllos aspectos pone en peligro otros temas básicos para las grandes potencias, tales como el comercio de servicios o la propiedad intelectual.

Esta declaración, lejos de ser una amenaza irrealizable, es posible gracias al enfoque con que fue encarada la actual ronda de negociaciones de la OMC. Este principio se conoce con el nombre en inglés de single undertaking , y significa que las negociaciones son un paquete único, que se toma o se deja. En otras palabras, o se aprueba todo, o nada.

En tanto, en Ginebra y en las capitales del mundo se suceden reuniones de todas clases y niveles, con más asiduidad.

En este frenesí, los países en desarrollo intentan hacer recordar que el nombre de Ronda del Desarrollo fue puesto como señal inequívoca de que esta vez, los países más pobres del globo deben tener su lugar en el comercio mundial.

En septiembre próximo, los ministros de los países miembros de la OMC harán en Cancún el primer balance del curso de las negociaciones. Se verá entonces si los buenos propósitos de Doha tienen posibilidades de sobrevivir.

Periodista y abogada especialista en Derecho Internacional Económico.

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