Una marina mercante global

¿Es posible que la bandera argentina recupere el tiempo perdido y vuelva a participar del transporte marítimo regional e internacional?
Claudio López
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8 de octubre de 2013  

Siempre es bueno una pausa y mirar hacia adelante, pensar un camino que debamos recorrer para lograr un objetivo posible. Desde el sector empresario de la marina mercante nacional veníamos incansablemente reclamando madurez entre empresarios y sindicalistas y, a su vez, una presencia importante del Estado para arbitrar, cuando sea necesario, entre los lógicos intereses en juego, para consensuar.

Están dadas las condiciones para un diálogo positivo para crecer con una bandera argentina en el mundo. Es hora de que acordemos políticas para que nuestros buques vuelvan a estar presentes en el concierto global. Es inadmisible que se exporten miles de millones de nuestro país y, al menos parte de esa renta, no quede para nuestro propio desarrollo.

La región produce, entre otros, 55% de la producción mundial de soja con un crecimiento compuesto promedio de los últimos 10 años de 5,9%, y aún mayor es el crecimiento del mineral, que superó los 2 dígitos de promedio en los últimos 10 años.

Los empresarios estamos dispuestos a dar el gran paso para reposicionar nuestra bandera en el mundo. Para ello es necesario contar con herramientas modernas y eficientes para que este sueño sea realidad. Queda pendiente juntarnos todas las empresas para expresar una sola opinión de consenso que sea la que mejor refleje la visión empresaria del sector naviero. En ese sentido, estamos creando la Federación de Empresas Navieras, que esperamos sea la que pueda interactuar con gremios, autoridades y entidades similares de otros países.

Quizás un registro especial de buques destinados a la navegación de ultramar u otras herramientas serán indispensables para separar el régimen tributario y laboral que se aplica a la navegación de cabotaje y de ultramar.

El desafío es ser competitivos sin que esto implique pedir subsidios al Estado ni precarizar las condiciones laborales de nuestras tripulaciones. Parece difícil, pero con voluntad política del Gobierno, y el acompañamiento maduro de todos los actores, es posible.

No se puede proyectar la bandera al mundo sin antes clarificar el régimen impositivo que se aplicará. No se trata de pedirle ventajas al Estado sino de eliminar el concepto de "renta global" que tributan nuestras empresas para los fletes que se generen -en un futuro- fuera del país. Sin ello, en un sistema naviero mundial de baja o nula tributación será imposible ser competitivo. Y lo mismo podríamos señalar con las cargas impositivas sobre el salario.

Seguimos arrastrando carencias esenciales para visualizar un futuro de crecimiento. Como asignatura principal pendiente está la ley de marina mercante para que podamos atenernos a un marco normativo moderno y con proyección, que nos dará certeza, claridad y acceso al crédito marítimo, entre otras ventajas.

Un párrafo especial merece la hidrovía Paraguay-Paraná y la integración regional, ya que la navegación es esencialmente transporte, pero también es integración. Debemos consensuar las medidas básicas para ser competitivos en la navegación fluvial (el sector principal del negocio naviero) donde seguimos ausentes. Algo está mal cuando vemos las flotas de los países vecinos crecer, mientras que de nuestro lado decrecemos. Quizás a través de los consejos asesores de la Subsecretaría de Puertos o de Prefectura Naval podamos avanzar.

Es difícil cambiar pero hay que proponérselo. Somos optimistas y tratamos de ver las lecciones del negocio naviero global. Hay un mundo de oportunidades del que los argentinos podemos participar, creando valor y poniendo en práctica nuestras habilidades. No perdamos nuevamente el tren del crecimiento global, que tenemos espacio para ello.

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