Suscriptor digital

Una salida para el Mercosur

La creación de una canasta de monedas del bloque podría ser un mecanismo útil para evitar los desequilibrios en los ajustes del tipo de cambio
(0)
28 de marzo de 2000  

Resulta un lugar común, a esta altura del proceso de integración regional, señalar que un genuino avance en dirección a la consolidación del Mercado Común sólo podrá lograrse a partir de una convergencia progresiva de las políticas económicas de los grandes socios, lo que equivale a decir que el Mercosur deberá transitar inevitablemente un prolongado período de transición. Eso quedó reflejado en la adhesión de los socios a criterios contrapuestos en materia de política cambiaria que introducen gran incertidumbre respecto de la estabilidad de los flujos de comercio intrarregionales, y conducen, subsecuentemente, a una espiral de conflictos que hace peligrar la política comercial común, con efectos distorsivos que se extienden al campo de la localización productiva.

La forma óptima de superar estas limitaciones estaría dada por el establecimiento de una moneda común, lo que equivaldría a aplicar un tipo de cambio fijo en el territorio de la unión aduanera. Sin embargo, la necesidad de armonizar aspectos básicos de política económica entre Brasil y la Argentina, previos a esta aspiración, y la previsible agudización de los conflictos a lo largo de este proceso, requieren de una solución provisional que permita ganar tiempo mientras se avanza en la dirección requerida.

Ante la falta de un mecanismo provisional de ese tipo, las presiones sectoriales parecen destinadas a generar la adopción de alternativas decididamente subóptimas, entre las cuales estamos presenciando, al presente:

  • La aplicación de mecanismos de salvaguardia defensivos frente al crecimiento de las importaciones que potencialmente afectan a sectores sensibles, cuya generalización asume un carácter evidentemente autofrustrante para el propio proceso de integración regional.
  • La presión en favor de la introducción de salvaguardias unilaterales de carácter preventivo destinadas a compensar eventuales devaluaciones competitivas irrespectivamente de la medición de sus efectos, un camino seguro para la defunción del esquema de integración.
  • La estabilización del intercambio por medio de negociaciones por parte de los propios sectores involucrados, lo que conduciría a la aladización de la unión aduanera.
  • La propuesta

    Algunos economistas han percibido claramente la peligrosidad de la situación, y han imaginado soluciones en consecuencia. Entre las diversas propuestas registradas, cabe destacar una de la Fundación Mediterránea (ver La Nación del 13 de febrero último) tendiente a la introducción de una regla de compensación automática que ajuste el tipo de cambio de equilibrio en el largo plazo por medio de un esquema de derechos a la importación y subsidios a la exportación cuando las cotizaciones excedan una banda de flotación entre los tipos de cambio respectivos. Tal vez inadvertidamente, la Fundación Mediterránea ha reproducido un mecanismo largamente conocido en la Comunidad Económica Europea (CEE), aplicado durante más de dos décadas al intercambio agropecuario intracomunitario.

    En efecto, durante la vigencia del sistema monetario europeo (SME), la CEE se propuso limitar la enorme distorsión que se produciría en el intercambio agropecuario si se aplicaban a los flujos de comercio los realineamientos periódicos que se adoptaban en el marco del SME cuando alguna moneda superaba la banda de flotación respecto del ECU.

    Por eso, se decidió conducir el comercio agropecuario por medio de las denominadas monedas verdes , cuyas paridades fijas diferían de las de las monedas nacionales, permitiendo así aislar el intercambio agropecuario de la evolución de las respectivas divisas. Subsecuentemente, cuando estas últimas se realineaban , las monedas verdes mantenían sus propias paridades, aplicándoseles a las transacciones los denominados montos compensatorios monetarios (MCM), que actuaban como ajustes compensadores por medio de la asignación de subsidios a la exportación para las monedas fuertes (el marco alemán, el gulden holandés, etcétera) y derechos a la exportación para las monedas débiles (el franco francés, la lira, entre otras). Es cierto que este mecanismo permitía estabilizar las corrientes de comercio, pero su propia naturaleza conllevaba, al mismo tiempo, un congelamiento del patrón de ventajas comparativas, aislando el intercambio agropecuario de toda transformación que no respondiera a influjos monetarios. En efecto, la característica estática de este mecanismo resultó en la perpetuación de los MCM hasta la introducción del euro, evitando de esta forma cualquier transformación de las funciones de producción respectivas en el ámbito agropecuario europeo.

    Teniendo en cuenta esta experiencia, puede argumentarse que mientras el diagnóstico de la Fundación Mediterránea parece correcto, su propuesta adolece de la dificultad arriba señalada en la medida en que la incorporación de instrumentos de política comercial intraregionales resulta contraria a la concepción de una unión aduanera. Por eso, el propósito de estas líneas es contribuir a la definición de un instrumento más adecuado.

    Una canasta de monedas

    Considerando que es necesario algún mecanismo que amortigüe el ruido que pueden provocar los ajustes de las tasas de cambio, se propone conformar una Unidad de Cuenta del Mercosur (UCM) calculada sobre la base de una canasta de monedas de la región .

    El peso relativo de cada moneda en la UCM podría determinarse a partir de la ponderación del peso económico de cada país, así como del valor de su comercio exterior.

    Una vez determinado el valor de la UCM en relación a las respectivas monedas, se establecería una banda de flotación con una flexibilidad máxima del 10% de divergencia respecto del valor medio de la UCM en moneda local. En los casos en que se produjera una variación superior al límite máximo de divergencia, debería procederse a un realineamiento de la participación de cada una de las monedas en la conformación de la UCM, de forma que esta última amortiguara, en alguna medida, la depreciación de aquellas monedas cuya cotización excediera el coeficiente de divergencia .

    De esta forma, las devaluaciones masivas resultarían parcialmente compensadas. La UCM actuaría, en la práctica, como un instrumento de crédito no negociable que los Bancos Centrales registrarían como un activo en una cuenta separada, sometida a un clearing periódico, pudiendo el Convenio de Pagos y Créditos Recíprocos de la Aladi resultar un instrumento idóneo a estos fines. Desde el punto de vista operativo, cada Banco Central elegiría la forma en que liquidaría las UCM a los exportadores e importadores. En el caso de países que devaluaran más allá de la banda de divergencia (por ejemplo, Brasil), sus exportadores intra-Mercosur recibirían menor cantidad de moneda local que si hubieran concretado sus operaciones extrazona. Por el contrario, en el caso de aquellos Estados parte que no devaluaran (por ejemplo, la Argentina), los exportadores hacia Mercosur percibirían un tipo de cambio superior al que correspondería a terceros destinos.

    El esquema propuesto involucra el establecimiento de un mecanismo de cooperación entre bancas centrales, que deberían acordar entre sí el tratamiento a brindar a la UCM. Esta propuesta en el nivel regional no estaría exenta de dificultades, ya que se requiere que los participantes den prioridad a la continuidad del comercio intraregional en elevados niveles, aún a costa de no maximizar plenamente las ventajas de una devaluación competitiva en el ámbito de la unión aduanera. Como contrapartida, resulta evidente que un mecanismo de este tipo alentaría el crecimiento del comercio intraregional a partir de un esquema instrumental novedoso.

    Los autores son miembro del Servicio Exterior y economista, respectivamente. Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de los autores y no comprometen a las instituciones en las que se desempeñan.

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?