Como en los años ochenta

Por Carlos Rodríguez Para LA NACION
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1 de diciembre de 2001  

Lo que ocurrió ayer fue el resultado de una economía que está en desequilibrio real y que, paso a paso, da cada vez más señales de no querer respetar las reglas del mercado.

Estos problemas no son financieros y, por lo tanto, no se solucionan con medidas en un fin de semana. La cuestión es más de fondo. Con los planes de competitividad y el aumento del gasto, estamos dando señales de querer una economía dirigida, como en los 80.

Así, el resultado es que los acreedores quieren cobrar rápido, los inversores no tienen intenciones de invertir y los ahorristas retiran los depósitos.

La Argentina es el único país del mundo en el que se está festejando por una reestructuración. Más aún: se dice que se van a ahorrar US$ 4000 millones. Eso no debería ocurrir: alguien que no paga las deudas tiene que perder. El Gobierno dice que ahorrará ese dinero, pero lo hará a costa de los bancos, que de esa manera tendrán peores balances, y eso perjudicará a los ahorristas. Nada es gratis, y acá se quiere hacer el ajuste fácil.

La dirigencia argentina debería decidirse por el sistema económico que quiere tener. Hoy se toma la política como una fuente de trabajo: los políticos se esmeran por permanecer en sus puestos y no están pensando en el proyecto de país que queremos.

Cavallo precisa los US$ 15.000 millones de reservas para seguir financiando a los políticos. Por la convertibilidad, las reservas deben mantener una relación de uno a uno con el dinero circulante. El Gobierno quiere, mediante el incentivo para la utilización de tarjetas de crédito, de débito, Lecop, liberar reservas, tener sobrante para financiar la política.

El autor es rector de la universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA).

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