¿Con el Fondo del Bicentenario alcanza?

Carlos Melconian Para LA NACION
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20 de diciembre de 2009  

Hace ya un tiempo que el "modelo" tipo de cambio alto con superávits gemelos mutó. Ya no hay dólar alto ni superávits. En lo cambiario, gracias a cierta distensión financiera mundial, la dolarización de portafolios amainó. Desde hace unos meses, el BCRA volvió a comprar dólares y el tipo de cambio nominal, de la mano de una revaluación machaza de casi todas las monedas emergentes, dejó de subir. Lo fiscal sigue mal. Las provincias y el Tesoro nacional cierran el año con déficit primario.

Es muy diferente que el BCRA compre dólares y emita pesos cuando el Gobierno tiene superávit fiscal que cuando tiene déficit. Si aun con superávit la inflación superó en algún momento del pasado el 20% anual, ni qué hablar si además de comprar el superávit comercial hay que financiar también al fisco. La emisión por partida doble es un desafío más complejo.

Cuando termine 2009, aparecerá un déficit primario del Tesoro de $ 6000 millones, contra 31.000 millones de superávit de 2008. Esta reversión incluye 14.000 millones del flujo previsional que antes iban a las AFJP. El deterioro fiscal medido homogéneamente fue del orden de los 51.000 millones (31.000 más 6000 más 14.000), cinco puntos del PBI. El déficit primario de las provincias rondará este año 8000 millones. En ambas cajas faltan pesos. Son deterioros fiscales en magnitud que recuerdan viejas épocas, y que el mercado curiosamente ignora.

Mirando hacia 2010, el mejor nivel de actividad, la mayor cosecha y la moratoria ayudarán a que los ingresos fiscales mejoren. El déficit, lejos de mejorar, se acrecentará porque el Gobierno seguirá en tasas de variación del gasto público por encima de lo que subirán los ingresos. ¿Por qué? La suba del gasto no ha sido una herramienta electoral de 2007, ni una política anticíclica transitoria, como en el resto del mundo. Ha sido un pilar estructural del "modelo". Mientras que en el debate internacional la pregunta hoy es cómo desandar el camino del déficit fiscal en el que incurrieron transitoriamente los gobiernos por la crisis para no estorbar la recuperación del gasto privado, acá no. No entender esto es no entender el "modelo".

El déficit primario del Tesoro de cuatro dígitos en 2009 va camino a ser de cinco dígitos en millones de pesos: todavía empezando con 1, pero no puede descartarse que lo haga con 2. El deterioro es irreversible. Se agigantará la necesidad del Gobierno de conseguir financiamiento en pesos: los viene necesitando no sólo por los vencimientos de los servicios de la deuda pública, sino también para cubrir el déficit primario del sector público nacional y las provincias. Harán falta no menos de $ 40.000 millones para financiar el faltante global (US$ 10.000 millones a un tipo de cambio de $ 4). El desborde fiscal es tan grande que las necesidades de financiamiento en pesos ya superan a las de dólares (US$ 10.000 millones contra 6500 millones).

Pero también están los vencimientos en dólares. Este faltante en dólares se ha estado cubriendo a lo largo de 2009 con las reservas del BCRA. Y volverá a ser así el que viene. Lo que el Gobierno pudiera conseguir de financiamiento externo reduciría la necesidad de acudir a las reservas. Es en este contexto donde llega el mecanismo formal y legal (más allá, una vez más, de la caprichosa y curiosa definición de "reservas excedentes") de cómo el Tesoro se apropiará de los fondos en 2010. Ahora ya se sabe. El Gobierno anunció la creación del Fondo del Bicentenario por algo más de US$ 6000 millones, conformado por reservas del BCRA. El Fondo blanquea lo que está pasando desde principios de año. Es el blanqueo del deterioro fiscal sin financiamiento y de la falta de voluntad política para revertirlo.

En el actual modelo de financiamiento regresivo que ha elegido el fisco, el problema a corto plazo no es el faltante de dólares (porque ya se blanqueó que se seguirán usando reservas) sino el de pesos (que se engrosa cada vez más). En 2009, el faltante de pesos se cubrió con ahorros fiscales de períodos previos, préstamos del Banco Nación y colocándole letras a la Anses y a otros organismos públicos. En 2010, habrá que recurrir al pozo de activos privados en poder de la Anses, a préstamos del sistema bancario y debutará probablemente la emisión monetaria del BCRA (vía adelantos y utilidades) que irán a cubrir el agujero de la caja en pesos (en 2009 este mecanismo fue la excusa para sacarle dólares al Central).

El deterioro del fisco se empieza a parecer cada vez más conceptualmente al problema fiscal de los 80, cuando cubrir localmente al Tesoro tenía repercusiones macroeconómicas. Los pesos se van a conseguir, mal o bien; la regresión ya está, no es ése el punto. El dilema son las consecuencias en términos de más inflación, menos crédito al sector privado y rehabilitación de la dolarización de portafolios.

La Argentina puede arriesgarse a tener uno o dos años de déficit fiscal como tienen hoy los demás países para reanimar el nivel de actividad, si la magnitud del mismo no se desmadra y si se consiguen fuentes de financiamiento razonables. Pero si para financiar el déficit el Gobierno debe recurrir a la emisión monetaria del BCRA por no conseguir otras fuentes, los costos terminarán superando a los beneficios. Por ejemplo, con inflación en el conurbano se ha asegurado el pago a los tenedores de bonos. Será otro tema más para la agenda por resolver en otra administración.

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