Con Lula, la economía de Brasil cayó 0,2%

La contracción del PBI en 2003 es la mayor desde 1992; el consumo de las familias retrocedió 3,3%, la peor baja en 10 años
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28 de febrero de 2004  

La contracción del PBI es la mayor desde 1992, y el consumo de las familias se desplomó un 3,3 %, la peor baja en 10 años

SAN PABLO.- En 2003, primer año de gestión del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, la economía cayó el 0,2% en relación con 2002. La contracción del producto bruto interno es la mayor desde 1992, y la cifra de desempleo en las ciudades (se perdieron 600.000 puestos), la peor desde 1985. Con estos números poco alentadores esperará Lula al director gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler, que llegará mañana a Brasil para realizar una "visita de cortesía" y comer un asado con el jefe de Estado en la Granja do Torto, la quinta presidencial brasileña.

El anuncio del comportamiento del PBI el año pasado, calculado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, fue un golpe duro para el gobierno, que esperaba un crecimiento bajo, pero no una cifra negativa para mostrar como resultado de su primer año de gestión.

El consumo de las familias brasileñas tuvo incluso una reducción récord de 3,3%, la peor desde 1992, cuando comenzó a medirse este indicador.

Desde Caracas, ante preguntas de medios brasileños, Lula se defendió: "La economía ya está mostrando señales de recuperación, con un crecimiento del 1,5 por ciento en el último trimestre de 2003. En este primer trimestre de 2004 seguro que vamos a crecer más", dijo, con el toque de esperanza que puebla sus discursos.

De hecho, en el último trimestre del año pasado comenzó a haber una reversión de los indicadores y, por ejemplo, el consumo aumentó 1,6% en relación con el tercer trimestre. La proyección oficial, que también combina un poco de esperanza en relación con el escenario internacional, es que este año Brasil crecerá entre 3,5 y 4 por ciento.

Por qué cayó

La causa para la desaceleración de la economía en 2003 es unánimemente explicada por la alta tasa de interés fijada por Brasil. Llegó a ser de 26,5% durante buena parte del año pasado (con una inflación de aproximadamente 6,5% anual), una de las tres más altas del mundo, lo que generó un encarecimiento del crédito y una caída del consumo. Los intereses para la compra con tarjetas de crédito llegaban a ser de 150% al año.

El gobierno definió una tasa de interés alta para contener el consumo y así evitar el brote de inflación que amenazaba a Brasil a comienzos de año. La inflación fue controlada, pero los efectos en la economía fueron fatídicos.

El segundo factor que explica la caída de la economía brasileña fue el bajo nivel de inversión del gobierno, que tuvo que hacer un ajuste profundo para poder alcanzar la meta comprometida con el FMI de llegar a un superávit de 4,25% del PBI. Ese superávit fue incluso superado, como una demostración de responsabilidad frente a los inversores, que temían en 2002 una política económica rupturista por parte de Lula.

La "ortodoxia", palabra que volvió a ser moda en Brasil durante 2003, fue comandada con mano de hierro por el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, un médico ex trotskista. El ministro también se reunirá mañana con Kšhler, antes de ir juntos al asado con Lula. Pasado mañana, el director del FMI partirá a San Pablo, a un encuentro con banqueros.

En varios organismos consultados por LA NACION la respuesta fue la misma: "Se trata de una visita de cortesía en respuesta a una invitación del presidente Lula". En el ambiente económico y financiero, sin embargo, era casi unánime ayer la idea de que el gobierno va a deslizarle a Köhler un pedido de flexibilización de las metas, para poder invertir el ahorro.

Brasil destina poco más del 8% de su PBI para pagar intereses de la deuda pública interna y externa. La inversión del Estado para impulsar la economía casi no existe y a medida que la economía cae el ahorro de 4,25% del PBI se vuelve más difícil. Se suma la dificultad grave que puede enfrentar Brasil si en los próximos meses la Reserva Federal decida subir la tasa de interés, lo que haría huir del país los capitales que hoy cubren la brecha entre las necesidades para pagar deuda y lo que el país puede efectivamente ahorrar.

Al gobierno brasileño le llega la mala nueva apenas una semana después de haber soportado una crisis política, al descubrirse un caso de corrupción en el seno del poder. Se le suman las cifras de desempleo, que a pesar de las insinuaciones de recuperación económica continúan creciendo. Lula, que prometió 10 millones de empleos, generó en su primer año 600.000 nuevos desempleados, mientras los empresarios suben el tono de sus quejas y piden un poco de desarrollismo en medio de tanta ortodoxia.

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