Corea: reestructuración con cortes a medida

El país afronta con gran expectativa un proceso histórico de reordenamiento de los chaebol, los cinco principales grupos empresarios que dominaron durante cuatro décadas su economía
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13 de diciembre de 1998  

Es, sostiene el presidente surcoreano, Kim Dae Jung, el fin de una era: los chaebol, los conglomerados de propiedad familiar que dominaron la economía del país durante cuatro décadas, ya no lo harán. El 7 de diciembre, después de una reunión con los líderes de los cinco principales chaebol, su oficina anunció el comienzo de una ola de reestructuración que verá al quinteto fusionarse, intercambiar negocios, cerrar o decidir algún otro destino para más de la mitad de sus 264 unidades comerciales. A la cabeza de la lista, Samsung cederá el más rutilante símbolo de los excesos de los chaebol, su nueva fábrica automotriz, a su rival, Daewoo. Samsung había lanzado este elefante blanco de US$ 3000 millones en marzo, justo cuando la demanda de coches en Asia se evaporó. "El sistema chaebol, que hace hincapié en la expansión externa, sobrecargando a la gente común, ha llegado a su fin", declaró Kim.

Ojalá fuera tan fácil. El problema de los chaebol -y de la economía del país- no es tan sólo que tienen demasiadas subsidiarias, sino también que tienen demasiado de todo: fábricas, empleados, líneas de producción y deudas. Un exceso de capacidad y deudas en demasía son las enfermedades que afligen a Corea del Sur. El remedio que aplicará Kim -intercambiar negocios entre diversos chaebol y obligar a los bancos a perdonar deudas- trata sólo los síntomas. Las innecesarias plantas automotrices de Samsung no cerrarán; simplemente se convertirán en plantas de Daewoo, asimismo innecesarias. Las fábricas de productos electrónicos, cargadas de deudas, que tiene Daewoo serán de Samsung, a menos que esta empresa pueda vendérselas a algún otro.

Como Kim sabe bien (porque todo el mundo, desde el más humilde analista de títulos hasta el FMI, ha venido rumoreándolo desde que comenzó la crisis), la mejor cura sería cerrar las fábricas, dejar que los chaebol desaparezcan y despedir a los trabajadores. Pero asusta demasiado considerar la idea, al menos en público, dado que el desempleo alcanza ya a 7% en un país con una red de seguridad social mínima, una tradición de empleos vitalicios y algunos de los sindicatos más militantes del mundo.

Trueque

Por lo tanto, Kim está en cambio instrumentando esos trueques entre los chaebol, con la promesa de que los bancos controlados por el Estado recompensarán a los conglomerados que cumplan el acuerdo intercambiando gran parte de sus deudas por acciones. Esto aliviará a los chaebol de sus molestos pagos de intereses y los ayudará a reducir sus ratios de deuda-capital hasta alcanzar un objetivo de menos del 200% (ahora son de 400-500%) para fines del año próximo.

La malhadada industria automotriz de Samsung, que llegó a representar la resistencia de los chaebol a la reforma, fue lo que sometió a prueba la resolución de Kim. Fabricar autos, como lo hacen los otros grandes chaebol, fue un sueño largamente acariciado por el presidente de Samsung, Lee Kun Hee, y la compañía había publicado avisos en los diarios donde juraba que no renunciaría al proyecto. Pero la mayor parte de sus gerentes profesionales lo veía como el desastre que es; Kim tuvo mucha ayuda en su campaña para persuadir a Lee de que renunciara. El presidente también podía apelar al patriotismo de Lee: el trueque de la planta automotriz era una manera de abandonar el negocio salvando las apariencias, al tiempo que se ayudaba a Daewoo a evitar una crisis que podía provocar una nueva caída en picada en el país.

Los problemas monetarios de Daewoo son los mismos de los otros chaebol, aunque más profundos. Este año, fue el mayor tomador de préstamos del país: desde enero, el conglomerado recibió más de US$ 3000 millones de deuda adicional neta, alcanzando un total de US$ 30.000 millones. Los bancos estaban a punto de limitar la capacidad de Daewoo para tomar nuevos préstamos. Al aceptar el trueque, obtendrá un respiro: el gobierno anunció esta semana que pospondrá los vencimientos por un año.

Las verdaderas tareas de reestructuración todavía están por hacerse. Para el 15 de diciembre, el resto de los principales cinco chaebol deberán presentar sus propios planes de reforma; sobre las líneas generales ya hay acuerdo: cada uno se concentrará en cuatro a seis negocios importantes, como la electrónica o las finanzas, cortará sus deudas y tendrá que deshacerse de las subsidiarias marginales. Pero prácticamente no se ha decidido ningún detalle, en particular los más espinosos, como la forma de aliviar el exceso de capacidad surcoreana en casi todas las industrias, desde los astilleros hasta las fábricas de semiconductores.

Es lógico que los analistas se muestren poco impresionados. Si las reformas se limitan a entremezclar los bienes corporativos, no tendrán demasiado efecto (en especial si los casi agotados bancos deben absorber la mayor parte de las deudas incobrables). Pero aunque los cambios hayan sido principalmente cosméticos hasta el momento, son de todos modos dramáticos. Hace un año, Corea del Sur tenía seis grandes fabricantes de autos y cuatro grandes compañías electrónicas. En pocos meses contará con sólo dos de cada uno. En el rubro automotor, Daewoo ya absorbió a Ssangyong y tomará el control de Samsung; Hyundai acordó tomar el control de Kia y su subsidiaria, Asia Motors. En electrónica, Samsung se queda con Daewoo, mientras que el grupo LG y Hyundai fusionarán sus operaciones de semiconductores. Los chaebol podrán ser todavía poderosos, pero ya no son tan numerosos como solían.

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