Coronavirus: casi la mitad de los ocupados tienen muy alta vulnerabilidad por la cuarentena

El teletrabajo se convirtió en una costumbre durante la cuarentena, pero para muchos no es una posibilidad
El teletrabajo se convirtió en una costumbre durante la cuarentena, pero para muchos no es una posibilidad Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
Silvia Stang
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12 de mayo de 2020  

La incertidumbre es un factor protagónico en estos tiempos de bajísima actividad económica causada por la llegada del Covid-19 y el aislamiento decretado para evitar contagios. Pero si bien esa sensación es generalizada, la peor parte la llevan quienes tienen ocupaciones laborales que quedaron más claramente en situación de elevada fragilidad. Se trata, por lo menos, de unos 5,3 millones de trabajadores de los centros urbanos del país con una altísima probabilidad de que se hayan reducido o anulado sus ingresos. Ello, aun cuando en algunos casos, y dependiendo del lugar en el que estén, podrían comenzar ahora un lento camino de reactivación de sus tareas.

Esa cifra de afectados por no poder desarrollar su actividad ni en forma presencial ni con teletrabajo representa al 45% de los 11,5 millones de ocupados de los 31 centros urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec. Si se considerara a todo el país, el número sería mayor. De ese universo, en el que hay altos niveles de vulnerabilidad (mayores índices de informalidad y menores ingresos respecto de los promedios generales del mundo laboral), quienes verían más complicada la regularización de sus tareas e ingresos laborales son las 950.000 personas cuyas tareas las llevan a estar en "proximidad alta" con otros.

Las conclusiones surgen de un estudio elaborado por Ramiro Albrieu y Megan Ballesty, investigador principal y coordinadora del Programa de Desarrollo Económico, respectivamente, del Cippec. El informe se basa en un cruce de datos del listado oficial de trabajadores exceptuados del aislamiento con la estadística de la EPH del tercer trimestre de 2019, y en el uso de la Clasificación de Actividades Económicas para Encuestas Sociodemográficas del Mercosur.

Fuente: LA NACION

Según los investigadores, son 7,5 millones los trabajadores con tareas no habilitadas, en principio, durante la cuarentena. De ellos, 2,2 millones tienen posibilidad de hacer teletrabajo (otro tema es si en la práctica esa modalidad se da o no). El informe incluye una serie de recomendaciones de políticas para la reincorporación de trabajadores.

Las medidas más recientes del Gobierno y de las administraciones locales tienden a permitir actividades progresivamente, dependiendo de la ubicación geográfica. Según el informe del Cippec, antes de las nuevas aperturas, los habilitados eran 4,5 millones, de los cuales medio millón tienen 60 años de edad o más, o alguna condición en su salud que los ubica como población de mayor riesgo frente al Covid-19, por lo que están exceptuados de ir a trabajar.

Un dilema al que se enfrenta el plan de aperturas es que donde más se dan los contagios es donde mayormente se concentra la actividad económica: la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Y es también la zona donde hay mayor densidad de uso de transporte público, otra cuestión puesta bajo la lupa al evaluar el riesgo de contagios.

En el área metropolitana (ciudad de Buenos Aires y conurbano), 51% de los trabajadores usa transporte público, mientras que en el noroeste ese índice es 15%. Según la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Empleo, Salud y Seguridad de 2018, en el país 3 de cada 10 trabajadores se traslada en transporte público, mientras que la actividad con mayor uso es la de servicio doméstico, con 44% (el índice crece en grandes ciudades).

Entre los 5,3 millones de no exceptuados del aislamiento y con tareas no posibles de hacerse a distancia, hay 775.000 trabajadores con "proximidad baja", sin interacción cercana con personas. En este grupo, según el informe, predominan las trabajadoras del servicio doméstico de tareas generales (el tema a observar en este caso, claro, es el mencionado uso frecuente de transporte púbico). Entre quienes son asalariados y están en este segmento, el 60% trabaja en la informalidad, un dato que, entre otros, demuestra la vulnerabilidad de los puestos más afectados.

Otras tareas se califican como de "proximidad media porque requieren cierta interacción. Aquí hay actividades de comercio, construcción e industria que hacen unas 3,6 millones de personas, de las cuales solo 2% tiene calificación profesional. El segmento de "proximidad alta" incluye a quienes hacen tareas "a menos de un brazo de distancia" de otros o, directamente, entrando en contacto físico. Son 950.000 personas, dedicadas a servicios personales, de gastronomía o de enseñanza, por caso, y a algunas áreas de comercio.

A partir de ese desagregado de datos, Albrieu y Ballesty recomiendan políticas públicas o replanteos de las relaciones laborales, en algunos casos comunes a los tres grupos y en otros, diferenciales. En el primer grupo se señala que deben existir protocolos de proximidad, higiene y seguridad en los lugares de trabajo; protocolos de transporte (frecuencia de servicios, distancia entre pasajeros, señalización) y políticas de sostén de ingresos.

Para los trabajos con proximidad baja o media se agrega la recomendación de darles prioridad en un esquema de flexibilización. Para las funciones que se cumplen con proximidad media o alta, se aconseja ir más allá de las medidas del párrafo anterior y agregar una revisión de regulaciones y convenios, con trabajos por turnos y una posible definición de reglas para el teletrabajo y con reasignación de funciones. Y para tareas de proximidad alta, se agregan las recomendaciones de hacer mejoras en la conectividad, promocionar el uso de dispositivos digitales y readaptar habilidades personales.

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