Crisis por la pandemia. Quién es el economista que puede salvar al mundo

Las medidas de aislamiento dispuestas para frenar la expansión del coronavirus tuvieron un impacto negativo en la economía; la actividad caerá a nivel global este año; nuevas publicaciones recuperan ideas de John Maynard Keynes
Las medidas de aislamiento dispuestas para frenar la expansión del coronavirus tuvieron un impacto negativo en la economía; la actividad caerá a nivel global este año; nuevas publicaciones recuperan ideas de John Maynard Keynes Fuente: AP
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10 de junio de 2020  • 12:49

¿Quién le teme al gran gasto ahora? En todas las democracias occidentales el impacto de la pandemia del coronavirus ha obligado a los gobiernos de diversas vertientes a lanzar estímulos fiscales a sus sociedades tan golpeadas. Incluso antes de que el virus paralizara gran parte de la economía global, la actitud del público se había vuelto contraria a la austeridad desde hacía mucho, con partidos de todo el espectro político abrazando crecientemente el gasto social más activo y rechazando las plataformas que promueven los recortes.

En "The Price of Peace: Money, Democracy and the Life of John Maynard Keynes" (El precio de la paz: dinero, democracia y la vida de John Maynard Keynes), el periodista Zachary Carter explora vívidamente la carrera del economista de comienzos del siglo XX cuyas prescripciones para las crisis económicas perduran. Como dice la crítica del libro en el Washington Post los gobiernos "siguen cautivados" por Keynes en una miríada de maneras, pero especialmente cuando se enfrentan a problemas como los de nuestro presente. Carter, que es reportero de HuffPost habló conmigo acerca de Keynes y su legado. A continuación una versión editada de nuestra conversación.

-¿Qué significa cuando hablamos de "keynesianismo"?

-La mayoría hemos conocido una versión del keynesianismo en los cursos iniciales de economía, donde aprendemos que Keynes fue el tipo que aconsejó a los gobiernos que gastaran mucho durante las recesiones para ayudar a sacar al país de la caída económica. Pero Keynes mismo nunca quiso ser recordado como un terapeuta de los déficits. Era un pensador social preocupado con los grandes problemas de su tiempo: la guerra y la depresión económica. Y creo que le preocuparía mucho la idea de que el gasto estatal en cualquier cosa se convirtió en la marca de su legado en la profesión económica. Aunque no era un hombre modesto y creo que se hubiera sentido reconfortados sabiendo que demócratas y republicanos por igual han adoptado estrategias políticas atribuidas a él.

John Maynard Keynes publicó su Teoría general del empleo, el interés y el dinero en 1936
John Maynard Keynes publicó su Teoría general del empleo, el interés y el dinero en 1936

-¿Hay maneras en que Keynes veía el bien social y las responsabilidades de los legisladores que cuestionarían las normas aceptadas en el presente, especialmente en Estados Unidos?

-Por cierto que sí. Keynes temía profundamente las conmociones sociales y las revoluciones, pero sus valores sociales eran esencialmente radicales. Era un hombre gay que vivía con una comunidad de artistas y escritores pacifistas, que se sentía muy cómodo viviendo a contramano de las normas sociales de su tiempo. Pero creo que se sentiría perplejo por lo que consideramos batallas políticas en Estados Unidos. Pensada que la política económica era el terreno político central de la justicia social, y el modo en que la economía se ha tecnocratizado y separado de la política como un terreno para especialistas lo hubiera excitado y asustado a la vez. Le hubiera aterrorizado la idea de que las cuestiones políticas respecto de la igualdad y la desigualdad se han convertido en el terreno de expertos que esencialmente se vuelcan en favor de la desigualdad, no importa cuál partido político esté al mando. Keynes veía la desigualdad como una cosa muy peligrosa. Es algo que lo preocupaba cuando escribió "The Economic Consequences of the Peace" (Las consecuencias económicas de la paz) y "The general Theory" (La teoría general), sus dos obras maestras.

-A pesar del impacto que tuvo en el pensamiento de política económica, sufrió repetidas desilusiones políticas a lo largo de gran parte de su carrera.

-Creo que hay muy pocas personas que han cultivado legados políticos tan monumentales y que han tenido carreras políticas tan patéticas. Keynes perdió esencialmente cada batalla de política pública que libró entre 1917 y 1941. Todo su pensamiento económico fue desarrollado en el intento de evitar otra calamidad como la Primera Guerra Mundial y obviamente fracasó en ese proyecto. Pero ese fracaso lo obligó a ser cada vez más ambicioso en su pensamiento. Si hubiese sido capaz de persuadir a los gobiernos en París en 1919, por ejemplo, de que cancelaran las deudas internacionales, quizás nunca hubiera escrito "La Teoría general".

La suba del desempleo es, con matices, un fenómeno global como consecuencia de la pandemia
La suba del desempleo es, con matices, un fenómeno global como consecuencia de la pandemia Fuente: AFP

-La visión convencional ahora ubica a Keynes, un campeón del estímulo, enfrentado a Milton Friedman, que vino después de él y es visto como un campeón de la austeridad. ¿Ésa es una binaria útil?

-Creo que perdemos de vista el hecho de que Friedman y Keynes tenían visiones sociales diferentes. No estaban discutiendo de una generación a otra respecto de que políticas llevarían al mismo resultado deseado. Lo que debatían era en qué tipo de mundo querían vivir. Y la matematización de la economía en el siglo XX oscurece en realidad este conflicto ideológico más profundo, a menudo intencionalmente. Keynes quería que todos vivieran en el Bloomsbury de 1913, donde Virginia Wolf les cortara el pelo mientras bebían champán y debatían el post impresionismo con Lytton Strachey. Friedman quería preservar estas actividades como el dominio exclusivo de los ricos. ¿Para qué ser rico si uno no puede vivir mejor que las masas? A lo que Keynes respondería: ¿a quién le preocupan las masas cuando uno está bebiendo champán con Virginia Wolf?

-¿Por lo que un socialismo literario con champán?

-Depende de qué Keynes estemos hablando. Pero para el final de su vida creo que es eso. Keynes tenía una relación complicada con la palabra "socialismo". Era ferozmente crítico de la Unión Soviética. Pero también pensaba que los gobiernos laboristas socialistas de Gran Bretaña en las décadas de 1920 y 1930 eran demasiado tímidos y estaban poco comprometidos con la justicia económica para los trabajadores. En Estados Unidos recordamos a Keynes por el gasto deficitario pero su victoria política más importante fue el establecimiento del servicio nacional de salud en Gran Bretaña. Fue el arquitecto financiero de la medicina socializada en el Reino Unido.

-¿Dada la pandemia y el gasto que están llevando a cabo muchos gobiernos ahora, estamos entrando en una nueva era de keynesianismo?

-En un sentido estrecho siempre hemos estado viviendo en un mundo keynesiano. Incluso los republicanos gastan mucho para salvar la economía. Pero desde 2008 y particularmente hoy en día es obvio que no habría economía de mercado sin el apoyo político para la actividad económica y la recuperación requerirá una guía profunda y a largo plazo de las grandes potencias de hoy. Pero Keynes no vería la crisis como una cuestión de dólares y centavos o de ecuaciones desequilibradas. Pensaría en el cambio climático, la desigualdad y las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China como problemas sociales acuciantes que necesitan de la atención inmediata. Y por lo tanto diseñaría paquetes de rescate que buscarían matar múltiples pájaros con la misma piedra: traer prosperidad a la economía, por supuesto, pero establecer las bases para la armonía internacional.

Keynes nunca dejó de creer en el potencial de la gente para crear un mundo mejor, incluso cuando el mundo durante su propia vida descendía cada vez más al caos y la disfuncionalidad. Creía que no había ningún problema de las democracias fueren incapaces de superar. La gente lo criticaba por ser ingenuo, pero no creo que las democracias puedan darse el lujo de perder su fe en el futuro.

Por Ishan Taroor. The Washington Post.

Traducción de Gabriel Zadunaisky.

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