¿Cuál es el modo de salir en orden del uno a uno?

Dentro del propio PJ hay ideas diferentes sobre el camino por seguir y el momento en que habría que comenzar a emprenderlo
Jorge Oviedo
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23 de diciembre de 2001  

Si la combinación de tipo de cambio fijo, recesión, alta evasión impositiva, gasto público improductivo, alto endeudamiento y desaparición del crédito hace la economía argentina -según el FMI- insostenible, entonces hay que cambiar.

Y son muchos los que piensan que, como para reducir el gasto público o hacerlo eficiente o aumentar la recaudación impositiva, o ambos, ya no hay tiempo, lo único que queda por hacer es modificar el esquema monetario y cambiario. Es decir, salir de la convertibilidad. Con una moneda que flote -y se devalúe inmediatamente, con toda seguridad-, con la dolarización, o con una combinación de ambas, devaluando primero y dolarizando después.

Todas esas opciones están en danza dentro del PJ, que gobernará en los próximos años.

La cuestión es qué beneficios y perjuicios genera cada una de las alternativas. Y es que esa discusión, esos intereses en pugna han cerrado el camino de salida en otros momentos.

Eso, y el miedo popular a una devaluación que permita al gobierno que fuere recuperar el poder de emitir sin respaldo, "empapelar" el país y producir una caída generalizada del poder de compra de los salarios y de los valores de los activos físicos en la Argentina.

En sus tiempos de ministro de Economía del gobierno de Carlos Menem, el recientemente defenestrado Domingo Cavallo dijo una frase célebre: "El gobierno que devalúe va a salir como rata por tirante".

Menem lo corrigió en una reunión de gabinete al día siguiente y sus voceros filtraron el reto presidencial a los periodistas: "Le hago saber que si un gobierno devalúa deberá irse el ministro de Economía, no el presidente", dijo, palabras más, palabras menos, el entonces primer mandatario.

Pero los sucesos de la semana última mostraron que una catástrofe, en la que no ha ocurrido todavía un cambio de la regla monetaria y cambiaria, parecieran dar la razón a la profecía de Cavallo.

Entre los legisladores del PJ, que domina las dos cámaras, hay diversas opiniones. Muchas de ellas son favorables a dejar el uno a uno.

"El enorme problema que tenemos es que las encuestas muestran que la gente quiere conservar el uno a uno y disponer libremente de los depósitos bancarios. Parece hoy una quimera lograr suficiente apoyo político como para que un mandatario le diga a la ciudadanía que no va a darle ninguna de las dos cosas y que logre salvar su administración", dicen los informantes peronistas.

Influyentes legisladores, como Jorge Remes Lenicov, coinciden con el ex presidente del Banco Central Javier González Fraga y creen que la convertibilidad debe dar paso a un peso argentino que flote frente al dólar.

Especialistas

Pero otros economistas, como Martín Redrado, que asesora tanto a Carlos Ruckauf como a Adolfo Rodríguez Saá, cree que hacer flotar la moneda en la actualidad generaría una devaluación inicial enorme.

"Los países en los que se liberó bruscamente la cotización tuvieron una exageración inicial de los mercados que llevó las cotizaciones a niveles insoportables. Luego bajó, pero el daño inicial fue enorme", explicó el titular de la Fundación Capital a sus asesorados.

Ruckauf y Rodríguez Saá prefieren emitir bonos para usarlos como moneda no convertible. En adelante, el desafío es que la economía vuelva a crecer y sanee sus cuentas fiscales. Entonces, con crecimiento y orden fiscal, se podría pasar a flotar sin que haya una devaluación descomunal que licue salario, deprecie los inmuebles y encarezca drásticamente las importaciones.

El Grupo Productivo batalla por el paso inmediato a una flotación "sucia", en la que el Estado no dice explícitamente en qué niveles de cotización intervendrá para defender el valor del peso o sostener el del dólar.

Es el esquema que rigió en 1990 durante la gestión del ministro de Economía Erman González. Los defensores de este esquema, entre los que se cuenta como uno de los más fervorosos el presidente de la UIA y director del Banco Nación, José Ignacio de Mendiguren, sostienen que con ese esquema habrá una violenta recuperación de las exportaciones, mejorará el empleo y hasta juran que no habrá inflación.

El esquema para evitar la quiebra de los endeudados en dólares es sencillo y se lo llama "pesificación".

Consiste en pasar a pesos todos los activos y pasivos hoy denominados en dólares.

Si alguien tiene un crédito en dólares, pasa a estar endeudado en pesos. Si tiene un plazo fijo en dólares, pasa a tenerlo en pesos. Luego se devalúa.

El efecto no es igual para todos y se generan problemas.

Si alguien está endeudado directamente con el exterior -por un crédito de un banco extranjero a una empresa que vende en el mercado interno o una compra con tarjeta de crédito en el exterior- no podrá "pesificar" sus pasivos y muy probablemente tendrá un problema mayúsculo.

Eduardo Duhalde, quien tuvo a Jorge Remes Lenicov como ministro, muestra simpatía por las propuestas del Grupo Productivo.

Pero dentro del propio PJ hay internas contra esa propuesta, que ni siquiera logra entusiasmar a toda la UIA. Varios empresarios de la central fabril creen que es mejor esperar para liberar al peso argentino de su atadura al dólar.

Y algunos peronistas directamente desconfían y lanzan sospechas hirientes. "De Mendiguren vendió su empresa, Coniglio, al Exxel. Si tiene los dólares fuera del país, capaz que después de la devalaución los repatria y se compra tres compañías como la que vendió", le murmuraron con malicia al oído al diputado Rodolfo Frigeri en una reunión en la que se analizaba la propuesta de "pesificación".

La dolarización que había planteado y defendido Carlos Menem parece haber perdido fuerza.

Hasta el rector de la Universidad del CEMA, Carlos Rodríguez, cree que la moneda argentina ha perdido valor. "De la Rúa no se cayó por el hambre de la población, ni por el desempleo, ni tampoco por no hacer nada: debió renunciar porque se cayó la moneda", dijo.

"Mantener la convertibilidad, el corralito (bancario) e inundar el país de Lecop es la locura más grande que pueden hacer", señaló en su estilo sin pelos en la lengua.

De paso, abonó la idea de que se puede hacer flotar el peso.

Pero advirtió que para que no haya una catástrofe no habría que hacer emisión sin respaldo. Lo que parece difícil, porque de lo que se trata al hacer política monetaria es aumentar la cantidad de dinero disponible.

El CEMA ha sido un defensor de la dolarización. Y así lo hizo en los últimos días uno de sus prestigiosos profesores, Jorge Avila.

Muchos peronistas dijeron que no querían hablar con ellos. Sin embargo, algunos de sus miembros desfilaron ayer para hablar con los integrantes del equipo del presidente Ramón Puerta.

Incluso, algunos técnicos próximos al CEMA dicen desde hace tiempo que confían en que el ex ministro Roque Fernández podría tener un lugar en un eventual gobierno liderado por el hoy gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota.

De ese modo, las políticas de libre mercado, de integración comercial con los Estados Unidos y de dolarización podrían tener un representante muy importante e influyente dentro de esa eventual administración.

"Son especualciones", dicen los que descreen. "Roque y el Gallego (por De la Sota) tienen una muy buena relación y los dos son cordobeses", contestan los que creen ver un futuro presidencial en el gobernador que promociona la baja del gasto político y los impuestos.

Del lado de los grandes bancos extranjeros que hicieron muy fuertes inversiones en la Argentina y de las ganadoras de las privatizaciones de las empresas de servicios públicos, la devaluación es vista con espanto y prefieren la dolarización con el tipo de cambio uno a uno.

Muchos argumentan, además, que una devaluación con pesificación generaría juicios de parte de las prestadoras telefónicas, de gas y energía eléctrica, que tienen sus tarifas en dólares.

Pero los defensores de la flotación sucia descartan esos problemas. "No van a poder hacer juicios. Se van a tener que resignar y negociar alguna compensación, no van a pegar un portazo y se van a ir del país. Tampoco se van a aferrar a tarifas extravagantes que las dejen sin demanda", prometen.

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