De ciruja a emprendedor y motivador

Silvia Stang
Silvia Stang LA NACION
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19 de julio de 2017  

"¿No entendés que no podés estar acá?", cuenta que le preguntó, con mirada desafiante, el subdirector del Hospital Neonatal de Córdoba. Néstor asintió, pero, antes de irse, la necesidad lo llevó a defenderse: "Yo entiendo, pero quizá hasta que usted me mande a echar, yo llego a vender algo y con eso tengo para darles de comer a mis hijas". Hace una década y media, tras varios rebusques para conseguir ingresos para su familia, Néstor Dias empezó con su compañera, "la colorada", a hacer ropa para recién nacidos a partir de retazos que descartaba una fábrica textil.

En esos años, el atardecer de cada día encontraba al emprendedor en la calle, revolviendo en el interior de las bolsas para separar lo que podía servir de insumo. Hoy dice que esa actividad lo convirtió en un ciruja, que sentía vergüenza y que se hacía mil preguntas durante las largas caminatas que le requería su tarea. Al llegar a casa, la misión era aplicar una geometría minuciosa, en procura de que las telas sirvieran para la mayor cantidad posible de escarpines. Y entonces, a cortar, a coser y a vender.

Así había llegado a su rutina de estirar una manta en el suelo, en el ingreso a la maternidad, para ofrecer las prendas. El día en que se animó a explicar su situación fue llamado para tener una charla con el directivo, que lo escuchó y le dio un permiso para vender.

La producción empezó a crecer, con pedidos mayoristas para ventas en otros lugares y con ayuda de personas e instituciones que vieron valor no solo en la historia de Néstor, sino también en las prendas que llevaban las marcas Mis Caruchas y Chavitos. En 2006, con algunas cuestiones de la dinámica del negocio ya aprendidas, se anotó en un concurso de emprendedores de la Fundación Impulsar. Tras asistir a una capacitación, el desafío era armar un plan de negocios. Que su proyecto fuera seleccionado le permitió acceder a un crédito y hasta participar, un par de años después, de un certamen global de emprendedores.

Con el tiempo, el negocio creció y chocó con varios problemas (incluidos juicios laborales), que llevaron a replanificar y a bajar las pretensiones de expansión. "Ahora quiero hacer todo a conciencia; tenemos cuatro hijos y quiero disfrutarlos, quiero trabajar sin dejar la vida en eso", afirma Néstor, que el mes pasado contó su experiencia en el encuentro anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), y que suele hablar ante emprendedores. Su experiencia lo llevó a participar de un programa del gobierno de Córdoba de emprendedorismo.

En plena temporada alta de ventas, estima que este mes los pedidos llegarán a 4000 prendas. Hoy tiene tercerizada la producción (dice que las dificultades y el contexto lo llevaron a adoptar ese esquema), y en la entrada de la maternidad siguen las ventas, a cargo de mujeres en situación de vulnerabilidad, que reciben una comisión. Hasta ahora, las prendas de bebe (y algunas otras hechas a pedido, como bufandas) se consiguen sólo en Córdoba, pero en poco tiempo llegará un producto a farmacias de todo el país. "Lo podremos hacer porque se nos aprobó un crédito del Banco Nación para capital de trabajo", explica. Y concluye que esas ayudas que aparecen en el camino, se suman a la voluntad y al empeño para que sea posible crecer.

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