De compras: los secretos del mayor fondo de inversión del mundo

En un mercado signado por la baja en las ganancias, Blackstoneno detiene su expansióne incursiona ennuevas industrias
Schwarzman tiene llegada directa a Trump
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The Economist
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10 de julio de 2019  

Cuando los fondos dedicados a la compra de empresas adquirieron prominencia por primera vez en la década del 80 se los veía como lobos disfrazados de cordero. Los private equities se ganaron la reputación de ser devoradoras de compañías, a las que cargaban de deudas, vaciándolas de activos y echando a sus trabajadores. Todo para hacer un negocio para sus inversores millonarios. Y para sí mismas.

En los últimos 30 años el sector ha ablandado su imagen manteniendo al mismo tiempo su devoción capitalista por las ganancias. Los private equities se han diversificado hacia una variedad mayor de activos, Desde el retail hasta la deuda corporativa; todo lo que no cotice en bolsa es un blanco permitido. También se han vuelto o un poco más simpáticas, colaborando con sus blancos en vez de consumirlos? Y se han vuelto considerablemente más grandes.

Ninguna más que Blackstone, El mayor "administrador de activos alternativos" del mundo, como se proclama ahora. El fondo hoy administra US$512.000 millones en activos, tanto como Apollo y Carlyle, sus dos rivales más cercanas, sumadas. Sus fondos registran tasas internas de ganancia (una medida de su desempeño) del 15% desde la década del 90. Las compañías que controla emplean alrededor de 400.000 trabajadores, más o menos lo mismo que los supermercados Kroger y más que IBM. Desde que Blackstone comenzó a cotizar en bolsa en 2007 ha generado US$1000 millones en valor para sus accionistas.

De acuerdo con sus máximos ejecutivos las ambiciones de Blackstone no se detienen ahí. "El viejo modelo de comprar una compañía de crecimiento lento, agregar apalancamiento y vender activos ha muerto", dice Stephen Allen Schwarzman, CEO de Blackstone. La nueva visión que emerge es de una firma que quiere dominar inversiones alternativas a la manera en que BlackRock domina en el terreno de las empresas que cotizan en bolsa, cuyos US$6 billones en activos administrados la convierten en la mayor administradora de activos de la historia. En su búsqueda de ubicarse entre los gigantes de Wall Street, Blackstone también se está volviendo una compañía más normal. ¿Puede preservar sus ganancias anormales?

Blackstone fue fundada en 1985 por Schwarzman y Peter Peterson (que murió el año pasado a los 91 años). Schwarzman, un hombre de 72 años al que le gustan los trajes a rayas finos y que tiene habilidad para los contactos, acaba de liderar el mayor cambio a su estructura desde que comenzó a cotizar en la Bolsa de Nueva York hace una docena de años.

Pero a diferencia de muchos grupos dedicados a la compra de empresas, Blackstone ha mantenido una estructura de sociedad complicada. Previsiblemente, el principal motivo son los impuestos. En teoría, las asociaciones pagan al recaudador estadounidense poco y nada. Lo hacen sus accionistas: están sujetos a un gravamen sobre ganancias de capital de hasta el 23,8% sobre los ingresos distribuidos. Esto era de enorme valor en tiempos en que las ganancias corporativas tenían un gravamen del 35%. Pero entonces, el año pasado, la reforma impositiva del presidente Donald Trump entró en vigor, reduciendo la tasa corporativa a tan solo el 21 por ciento.

Un mayor número de fondos ha permitido a Blackstone financiar negocios más grandes. En junio dos de sus fondos unieron fuerzas para comprar 16,6 millones de metros cuadrados de depósitos para comercio electrónico. Mientras tanto una mayor variedad significa que puede ofrecer a los inversores más opciones en cuanto a plazos. La expectativa de vida de un fondo típico es de alrededor de una década. Ahora la firma desplegará capital a lo largo de cinco años y retendrá sus inversiones aproximadamente un tiempo similar. Blackstone también está ofreciendo fondos de propiedad inmueble que invierten por más de 20 o 30 años. En 2015 pagó US$5300 millones por un complejo de departamentos en Nueva York bajo la condición, puesta por la ciudad, de que no venda por unas cuantas décadas.

La ventaja de Blackstone como empresa adelantada al resto la posiciona bien para lo que los analistas ven como un periodo de crecimiento del sector de conjunto. Un análisis publicado en marzo por el banco Morgan Stanley y la consultora Oliver Wyman pronostica que las inversiones alternativas pasarán del 7% de todos los activos en 2018 a 9% para 2023. Suponiendo que el stock general de activos crezca 5% al año -posible si el mundo evita una guerra comercial declarada u otros shocks económicos- las inversiones totales en los mercados privados, como las que ofrece Blackstone, pasarían de US$5,6 billones a US$9,5 billones.

En un mundo de bajas ganancias, en el que los fondos pasivos por definición no tienen resultados mejores que los de mercado y los administradores activos los superan menos a menudo de lo que gustan creer, las alternativas se ven atractivas. Schwarzman alardea de que los mejores fondos de Blackstone históricamente han registrado ganancias que son el doble de un fondo típico de los que siguen los índices de bolsa, cosa que debiera ser así dado que, a diferencia de los fondos líquidos de la bolsa, retienen el dinero de los inversores por una década o más.

El análisis de Morgan Stanley y Oliver Wyman concluyó que las private equities ofrecieron en promedio 6,2% más de ganancias al año que los fondos globales que siguieron los índices de bolsa entre 1997 y 2016. Para la mitad superior de los fondos la cifra fue del 13,2%, incluso considerando en el cálculo sus elevados honorarios. El crédito privado superó los índices de crédito de alto rinde por un margen similar.

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