De los dichos y las formas

Javier Blanco
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29 de mayo de 2003  

Quienes más cerca están de Alfonso Prat-Gay afirman que jamás pensó que sus dichos de ayer iban a adquirir semejante trascendencia.

Especialmente, porque no es que no estuviera pensando en decir lo que dijo. Es sólo que antes quería decírselo en privado a quienes eran los destinatarios privilegiados de sus reflexiones y que, ahora, se enteraron de ellas de una manera cuanto menos considerada inadecuada.

Según la lógica de esta historia, narrada por algunos de sus allegados, Prat-Gay tenía decidido encarar en las próximas horas una serie de gestiones para plantearle al Presidente los riesgos gratuitos que se corren al referirse al valor del dólar y, de paso, dejar constancia del desagrado que le causaron algunos párrafos del decreto 1262 (uno de los últimos que firmó Duhalde), dado que se había convenido previamente que serían eliminados de la norma y, sin embargo, a la hora de su promulgación permanecieron.

Del resultado de esas "gestiones oficiosas" dependía el tenor del discurso que daría el próximo lunes al dejar inaugurada una nueva edición de las Jornadas Monetarias y Bancarias, que desde los tiempos de Pedro Pou organiza el Banco Central y que, en esta ocasión, estarían referidas a las "metas de inflación como marco de política monetaria". Pero, a juzgar por la dinámica que tomaron los hechos, ayer todo se precipitó, aunque en el BCRA insisten en que fue "de manera impensada", dejando abierto un conflicto cuya evolución dependerá del temple que demuestren sus protagonistas para saldarlo de la manera más adecuada al interés público.

Los más importantes hombres del sistema financiero coincidían anoche en evaluar el suceso como un intento por delimitar poderes frente al avance del ministro Lavagna sobre atribuciones de "una entidad autárquica".

En este sentido recordaban que a poco de asumir Prat-Gay debió resignar su intención de participar en las gestiones para la reestructuración de la deuda externa. De hecho, apenas aventuró su intención de hacerlo, en Economía le recordaron que ésa era una atribución exclusiva de esa cartera.

Más adelante, pareció dejar correr las gestiones que se iniciaron para separar a la actual Superintendencia de Bancos de la estructura del BCRA para subsumirla en un superente de control de actividades financieras que se encargue de seguir los movimientos además de las compañías de seguro y las AFJP, entre otras cosas. "Después de todo, su mayor interés es hacer escuela con el manejo de las metas de inflación como variante, a partir de la cual delinear la política monetaria", recordaban en el ente monetario.

Según esta secuencia, las quejas que Prat-Gay tenía planeado dejar trascender se activaron cuando "se encontró con que el ministro y el Presidente querían fijarle el tipo de cambio, por ejemplo, mandando a los bancos a comprar dólares cuando el Banco Central no lo hace para sostener el tipo de cambio, con lo que ni siquiera le dejaban las manos libres para hacer política monetaria".

La suma de estos factores son los que lo habrían convencido de la necesidad de "marcar límites para defender su prestigio", aunque no del modo en que finalmente lo hizo.

"En el Central está solo, a no ser por la compañía de su vice, Pedro Lacoste, para quien ni siquiera logró la aprobación de su pliego en el Senado. Y, para peor, ya no está en el gobierno su mentor, el ex jefe de Gabinete Alfredo Atanasof", resumió anoche uno de sus compañeros en el directorio del BCRA que suele adjudicarle "falta de señoriaje", pero que en las actuales circunstancias decidió cerrar filas en su apoyo porque lo peor que puede hacer ahora la Argentina "es sumarle crisis a su crisis", según explicó.

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