Desde los Estados Unidos casi se presionó para cesar los pagos; en cambio, Europa no festeja el default

Las empresas del Viejo Continente tienen en el país una porción mayor de su capital que las compañías norteamericanas
(0)
30 de diciembre de 2001  

Cuatro meses atrás, un periodista quiso saber si George W. Bush estaba dispuesto a rescatar a la Argentina con un gran paquete de ayuda financiera. El presidente, que se encontraba de vacaciones en su rancho de Texas, dijo que desde allí seguía el tema con mucha atención, porque no le era indiferente. Pero también señaló que no serían los Estados Unidos los principales damnificados ante un colapso de la economía argentina. "España tiene muchos más intereses en juego", dijo, como quien marca los límites de su preocupación.

Algo sorprendido, Bush contó que hasta el rey de España, Juan Carlos, lo había llamado a Crawford, Texas, para hablar sobre la situación en la Argentina y ablandar la resistencia que mostraba entonces la administración republicana a girar fondos a Buenos Aires. Con el aval de los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) concedería días más tarde un paquete con US$ 5000 millones para reponer reservas.

Pero el gobierno de Bush actuó sin demasiada convicción, empujado ante todo por consideraciones políticas. El secretario del Tesoro, Paul O´ Neill, nunca creyó que una debacle en la Argentina (con cesación de pagos incluida) fuera a tener un impacto significativo de contagio sobre los mercados emergentes, y mucho menos sobre la economía de los Estados Unidos. Hasta ahora, las predicciones de O´ Neill no han fallado.

Números rojos

El presidente Adolfo Rodríguez Saá anunció hace una semana la suspensión de los pagos de la deuda de 132 mil millones de dólares (155 mil, si se tiene en cuenta también la deuda de las provincias). Por el monto de las obligaciones que fueron postergadas, se trata del default más importante de la historia. Tendrá serias consecuencias para las empresas y los ciudadanos argentinos, que ya empiezan a sentir sus efectos (de lo que se informa por separado). Pero apenas hizo olas en los mercados financieros. No sucedió nada ni siquiera parecido al sacudón que provocó México con la crisis del tequila; ni Rusia, en 1998, cuando dejó de cumplir con sus obligaciones.

Los analistas en Wall Street coincidieron en que el impacto fue limitado, porque fue más bien una crisis en cámara lenta y un final cantado. "Hace tiempo que los problemas de la Argentina se reflejaban en sus calificaciones y en el valor de los bonos, y eso ayudó a contener los niveles de contagio", evaluó John Chambers, analista para América latina de Standard and Poor´s.

Todo resultó tan previsible que Rodríguez Saá declaró un default y no quedó para nada aislado del mundo.

El embajador norteamericano, James Walsh, fue hasta la Casa Rosada y le entregó al presidente una carta muy amable con la firma de Bush.

La cúpula del FMI se ofreció a retomar el diálogo que había interrumpido con Domingo Cavallo.

Ni los Estados Unidos ni los organismos internacionales de crédito se mostraron inquietos por las pérdidas que pueden sufrir los tenedores internacionales de bonos, y hacía tiempo que habían dejado de defender a la convertibilidad.

Analistas como Walter Molano, de BCP Securities, opinaron que -en realidad- la Argentina terminó de caer en el default gracias al empujón final que recibió del Departamento del Tesoro. El FMI, donde la administración Bush tiene un peso decisivo, le quitó el respirador a Cavallo cuando retuvo el desembolso de 1260 millones que estaba agendado para los primeros días de diciembre.

Inversores ambiciosos

O´ Neill cree que el gobierno no tiene por qué salir a proteger los intereses de los inversores que, tentados por jugosas tasas de interés, apuestan en plazas muy riesgosas.

Fue el discurso dominante de los republicanos durante las dos presidencias del demócrata Bill Clinton.

Fueron voces republicanas las que exigían desde el Congreso que no hubiera -de parte del Tesoro o del FMI- grandes paquetes de ayuda cuando ocurrió la crisis del sudeste de Asia, en 1997. Sin embargo, entonces predominó la opinión de los demócratas. El representante de esas ideas en el FMI era el número dos de la entidad Stanley Fischer.

Entonces Fischer tenía además un argumento muy poderoso para defender una ayuda que impidiera una caída todavía mayor del poder de compra de los países afectados por la crisis asiática: los Estados Unidos colocaban allí el 19% de sus exportaciones. Del dinamismo de las economías que se incendiaban dependían miles de puestos de trabajo en la mayor economía del planeta.

Pero los intentos del secretario del Tesoro de los Estados Unidos para convencer a Cavallo sobre la necesidad de forzar una renegociación de la deuda también se explican en la baja exposición de los Estados Unidos al riesgo argentino.

A diferencia de lo que sucedía en el pasado en América latina, los tenedores de bonos de la deuda ya no están concentrados en un grupo pequeño de bancos comerciales de los Estados Unidos, señaló Sung Won Sohn, economista jefe de Wells Fargo.

Entre los norteamericanos, el más expuesto es el BankBoston, de FleetBoston Financial Corp. Sin embargo, la compañía no debería tener - según el jefe de economistas de Moodys, John Lonksi- dificultades para "absorber con facilidad" pérdidas que pueda sufrir en la Argentina, donde obtiene apenas el 3 por ciento de sus ganancias.

Después del anuncio de Rodríguez Saá, el Citigroup salió a tranquilizar a sus inversores con un argumento similar: alegó que su exposición es inmaterial, porque la Argentina representa el 2 por ciento de sus ganancias. Con el mismo objetivo, el Banco de Inglaterra difundió cifras según las cuales los préstamos de entidades inglesas a la Argentina representan el 1 por ciento del total de sus préstamos internacionales (comparado con 12 por ciento para los españoles)

El economista jefe de Wells Fargo agregó que el impacto del default en el exterior ha sido limitado porque la gran mayoría de títulos (por un valor que estimó en 60 mil millones) está en manos de los fondos de jubilación privada que operan en la Argentina.

Los tenedores internacionales, que no fueron convocados al último canje que ofreció Cavallo, se encuentran desperdigados en un número no precisado de fondos de inversión que se están preparando hace meses para el peor escenario.

En noviembre último, un grupo aún anónimo -porque no quieren dar a conocer quiénes lo integran- formó en Nueva York el Comité de Tenedores de Bonos Argentina, dentro una organización que se había formado durante la crisis con la deuda ecuatoriana, la Asociación de Acreedores de Mercados Emergentes.

En un gesto que amenaza con llevar el litigio a los tribunales, el comité contrató los servicios de un estudio abogados, pero también dijo por intermedio de su vocero que está preparado para escuchar ofertas del gobierno argentino.

En cualquier caso, están operando sin respaldo alguno de la administración Bush.

Distinto es el caso de España.

En la década del Ô90, España invirtió 40 mil millones de dólares en la Argentina.

Las estadísticas que le asignan un distante segundo lugar respecto de los Estados Unidos en materia de inversión directa arrancan en 1992, cuando las compañías ibéricas ya habían adquirido Telefónica, Aerolíneas, Austral y áreas petroleras de YPF.

Las dos principales entidades financieras españolas, el Santander Central Hispano y Banco Bilbao Vizcata Argentaria (BBVA), controlan el 20 por ciento del sistema bancario argentino.

Pero mucho más que al default, el gobierno de José María Aznar le teme a la devaluación, como quedó claro durante la visita del canciller Josep Piqué, quien pasó por Buenos Aires entre el jueves y el viernes último.

Ocho de las diez principales compañías españolas (Telefónica, Repsol-YFP, Endesa, entre otras) tienen inversiones fuertes en la Argentina, y una salida de la convertibilidad, con la consecuente devaluación del peso, afectaría la cotización de sus activos en dólares.

Por otra parte, son empresas que controlan muchos los servicios públicos que fueron privatizados durante la década menemista y ahora ven amenazada la cláusula ata las tarifas al dólar y regula sus ajustes según la inflación en los Estados Unidos.

En cambio, los capitales de los Estados Unidos tuvieron una participación mínima en el amplísimo proceso de venta o concesión de las hasta entonces compañías estatales.

En su viaje relámpago, Piqué defendió la paridad cambiaria y pidió al gobierno de Rodríguez Saá que respete las reglas de juego que están en los pliegos. Como ya había anticipado Bush cuatro meses atrás, los más afectados son los intereses españoles.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.