Deuda: lobby privado ante Washington para facilitar la negociación argentina

Jorge Argüello y Mike Pompeo
Jorge Argüello y Mike Pompeo Crédito: Embajada argentina en EE.UU.
Pablo Fernández Blanco
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3 de marzo de 2020  • 23:09

Washington.- Casi nadie en esta ciudad habla sobre los problemas que le quitan la paciencia al establishment argentino. Los temas de discusión en la metrópolis del poder pasan por el coronavirus, la pelea comercial con China, Siria e Irak. Sólo las menciones a Venezuela, fundamentales para las aspiraciones electorales de Donald Trump en Florida, se acercan a la parte sur del hemisferio.

Los lobbistas a cargo de tender puentes entre la Casa Blanca y Latinoamérica se mueven en un ámbito reducido. Desde allí deslizan una mirada con matices, pero expectante, sobre la gestión del Frente de Todos . No hay que poner a Alberto Fernández , traducen sus diálogos con los funcionarios, en un rincón que lo incline a relacionarse más con China o, en el peor de los casos, con Nicolás Maduro. Desde la mirada norteamericana, repitieron casi como un guión varias fuentes consultadas aquí, el lugar en el que está situado el Presidente es un terreno desde el que se puede edificar. Después de todo, Alberto Fernández permaneció en el Grupo de Lima, y no es lo mismo que Cristina Kirchner. Curiosa similitud entre la mirada de Washington y el peronismo no kirchnerista, que utilizó ese argumento en las últimas elecciones para acompañar a la fórmula ganadora.

Menos preocupadas por las decisiones geopolíticas y más interesadas por la facilidad para hacer negocios, las empresas norteamericanas con presencia en la Argentina tienen una mirada similar a la Casa Blanca sobre Alberto Fernández. Es como un noviazgo que recién empieza: pese a algunos desencuentros, creen que están en una luna de miel colaborativa. Así lo hicieron saber a sus interlocutores en el gobierno de Donald Trump.

Las triangulaciones para enviar mensajes a los colaboradores de Trump son múltiples. Participan empresarios de buena voluntad, la AmCham (así se denomina a la cámara que reúne a las empresas norteamericanas en el país) y la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires con diálogos cruzados, según reconstruyó LA NACION .

Relatado por una fuente que pidió reserva de su nombre, la compañías hicieron llegar hasta aquí un mensaje telegráfico: es importante para los intereses de las empresas de Estados Unidos en la Argentina que el país logre una favorable resolución de su crisis de deuda pública.

El propio Alberto Fernández se encargó de hacer germinar ese apoyo del sector privado. Responde con facilidad ante los pedidos de reunión por parte de los empresarios que representan intereses foráneos, se juntó con el embajador norteamericano Edward Prado poco después de ser electo y, antes que todo lo anterior, mantuvo el vínculo con el Norte lejos de Cristina Kirchner. Los americanos lo valoran e insisten: Alberto no es lo mismo.

Se trata de un apoyo encomiable para la gestión del ministro de Economía, Martín Guzmán. Según cifras de Amcham, la bandera norteamericana flamea en unas 400 empresas que representan casi el 20% del PBI argentino. Pero más que eso: el capitalismo norteamericano mantiene la tradición de crecer cuidando los intereses de sus empresas en otros países.

Estados Unidos es también el eslabón clave para allanar las discusiones con el FMI. Un socorro que disfrutó el gobierno de Mauricio Macri y ahora parece haberse traslado, por otros motivos, a la gestión de Alberto Fernández.

Una misión del Fondo está ahora en la Argentina, donde entre diversas alternativas comenzó a florecer una opción que venían repitiendo algunos banqueros en las últimas semanas: que el FMI gire parte de los recursos que quedaron pendientes para ganar la voluntad de los bonistas y acercar las partes.

"No veo relación entre el Tesoro y los bonistas de Nueva York. Sí en las decisiones del FMI hay un lugar importante para Tesoro. Lo más fácil es empezar la negociación con el Fondo -sostiene Benjamin Gedan, director del Wilson Center especializado en la Argentina-. Con eso los bonistas tienen garantizados las revisiones cada tres meses y transparencia sobre los datos".

El acuerdo que cerraron Nicolás Dujovne y Christine Lagarde contemplaba un préstamo de US$ 57.000 millones, de los cuáles llegaron a la Argentina US$44.000 millones. Ningún banquero espera que el organismo gire los US$13.000 millones de diferencia, pero sí un porcentaje menor que sirva para girarles cuanto antes recursos a los acreedores, equipare ciertas condiciones -hay una gran cantidad de bonos con condiciones diferentes entre ellos- y los predisponga mejor ante la propuesta de Economía. Capital, interés o vencimientos. Según las ambiciones de Guzmán, los acreedores tienen que dar algo en al menos dos de los tres ítems anteriores.

Para los banqueros, hay motivos que acercan al Gobierno con el Fondo. Por un lado, la reducción del déficit fiscal de los últimos años, una herencia positiva de Macri, y por otro la señal del Frente de Todos con respecto a las cuentas públicas tras la suba de impuestos, como las retenciones. La unión no termina allí: después de todo, como definió alguien aquí, son "dos paracaidistas que se abrazan".

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