De mantenerse a este ritmo, la devaluación llegaría al 50% anual

Este mes, la depreciación del peso fue de 22 centavos, es decir, de 4%; el dólar oficial minorista cerró ayer en $ 6,16 y el paralelo, en $ 9,47, con lo cual sigue achicándose la brecha
Javier Blanco
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30 de noviembre de 2013  

El Gobierno avanzó otro paso ayer en su estrategia para esmerilar la amplia brecha abierta desde hace largos meses entre el tipo de cambio oficial y cualquiera de los "paralelos". Lo hace en procura de desalentar la venta de divisas por los canales informales y tentar a la vez a quienes tienen que liquidarlas a que las vuelquen en el canal oficial para tratar de detener también por esa vía la hemorragia de las reservas.

Habilitó un nuevo ajuste de 1,5 centavos en el valor del dólar oficial (dejó a $ 6,1410 al mayorista, lo que reacomodó inmediatamente a $ 6,16 al minorista testimonial), que ahora se indexa por día al ritmo que hace tres años lo hacía por mes, mientras siguió actuando agresivamente en el mercado de bonos para hacer caer más el dólar arbitraje (o contado con liquidación), al que ubicó en $ 8,45 promedio. De esta forma, la idea es presionar también a la baja al paralelo o blue, que retrocedió otros 12 centavos, para quedar ofrecido a la venta a $ 9,57.

La clave de la estrategia oficial pasa por la aceleración en el ritmo de la devaluación oficial del peso frente al dólar, que en noviembre alcanzó un nivel cercano al 4% mensual (fue de 22 centavos) que, de mantenerse en lo que resta del año, significaría una depreciación anualizada cercana al 50%, el mayor salto en la última década y sólo superado por el ajuste que el BCRA había habilitado a fines de 2008 para contrarrestar los efectos de la por entonces naciente crisis subprime.

Un trabajo de las consultoras Quantum y Econométrica traduce bien las implicancias del cambio de estrategia oficial al señalar que si el Gobierno se decidiera a mantener la tasa de depreciación aplicada en noviembre constante por un semestre, hacia mayo de 2014 la Argentina volvería a tener un tipo de cambio "de equilibrio", considerando ese nivel según el tipo de cambio real multilateral promedio 1980-2013 ajustado por una inflación mensual del orden del 2% y manteniendo constante el valor del resto de las monedas. Ese ejercicio teórico desemboca en un dólar oficial en torno de los $ 7,50 para entonces. Por el momento, la única señal oficial que hay surge de los negocios que el Banco central (BCRA) pacta en los mercados locales de futuros. Allí está validando un tipo de cambio de $ 7,2920 para fines de julio de 2014, aunque en operaciones entre privados ese valor al igual plazo sube a $ 7,48.

La ofensiva oficial logró que la distancia entre el precio del dólar oficial y el paralelo, que se había estacionado en torno de 70%, caiga al 56%, aunque a costa de liquidar (vender a precios cada vez más bajos en pesos) bonos en dólares que mantenía el Gobierno en sus carteras de inversión, tanto vía el BCRA como la Anses. Sin embargo, debe interpretarse como un costo que las nuevas autoridades decidieron pagar para tratar el problema de la restricción externa autoinfligida del lado de la oferta, en vez de seguir pensando en formas de reprimir más la demanda.

Según fuentes oficiales, la aceleración en el ritmo devaluatorio es un intento de asegurar la llegada de nuevas inversiones del exterior sin tener que oficializar el desdoblamiento de la plaza cambiaria. Además busca incrementar los incentivos para que los productores sojeros se tienten a liquidar la parte de la cosecha que mantienen atesorada a la espera de mejores precios en épocas en que empiezan a hacerse a la idea de que esa mejora ya difícilmente llegue del mercado internacional (por nuevos saltos en la cotización del cereal), como se habían acostumbrado. Las ventas de divisas provenientes de este sector cayeron 14% más la semana pasada y tocaron un mínimo desde febrero al no llegar a los US$ 210 millones.

Por si fuera poco, el plan apunta a no verse en la obligación de tener que ajustar a la baja la alícuota de las retenciones a la soja, en momentos en que podrían revisarse las aplicadas al trigo (por el impacto que la escasez tuvo en el precio del pan) sin desfinanciar al Tesoro.

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