El paralelo se acostumbró a batir récords y ya nadie se anima a pronosticar un techo

Ayer cerró en un nuevo máximo de $ 9,34 para la venta; la brecha con el oficial, cerca de 80%
Javier Blanco
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27 de abril de 2013  

La cotización del dólar paralelo batió ayer su cuarto récord consecutivo, al cerrar a un promedio de $ 9,34 tras avanzar otros catorce centavos ( 1,5%) en la jornada para acumular así un incremento de 71 centavos (8,25%) en la semana y de $ 1,04 (12,5%) en lo que va del mes.

Semejante despegue tiende a consolidar la riesgosa idea (para la actividad económica en general) de que "no hay negocio más rentable que comprar dólares", alertó el economista Rodrigo Álvarez, de la consultora Analytica.

Los analistas coinciden en advertir el pernicioso efecto que el progresivo y cada vez más acelerado despegue que muestra el billete en negociaciones libres (tanto en su versión en negro, como la que surge de arbitrar activos financieros) dejó hace rato de ser inocua para la economía, como sostuvo por largos meses el Gobierno.

"Es cierto que el mercado paralelo es muy pequeño, pero negar su impacto sobre decisiones de inversiones de largo plazo parece un ejercicio de irrealidad", sostuvo el ex secretario de Finanzas Miguel Kiguel, actual consultor económico.

La referencia alude a la dimensión que va tomando la brecha entre el cambio oficial y el paralelo, la que ya se acerca al 80% "un punto que puede no tener retorno y que, como bien nos mostró hace poco Venezuela, termina más temprano que tarde en una devaluación oficial", apuntó un analista que pidió mantener su nombre en reserva.

La diferencia no deja de ampliarse porque mientras el peso se devaluó 1,09% frente al dólar en el mercado oficial en la semana, en las negociaciones no registradas se depreció a un ritmo 54% superior (1,66%) por cada día hábil.

"Es un problema importante de expectativas. Ya todos se dieron cuenta de que los saltos no tienen que ver con cuestiones estacionales, como la liquidación de la cosecha o las vacaciones, como sostenían desde el Banco Central cuando intentaban tranquilizarnos", insistió Álvarez.

"Cada vez más gente quiere dólares y cada vez menos gente quiere venderlos porque no tienen la menor idea de a qué valor podría llegar a recuperarlos si quisiera", comentó un arbolito que se había acostumbrado a comprarles dólares en la calle a los turistas extranjeros, pero asegura que actualmente esa actividad se ha complicado mucho.

-¿Por los controles de la AFIP? , preguntó LA NACION.

No porque ya resulta mucho más complicado convencerlos para que te vendan porque en los comercios se los toman a valores cada vez más altos, lo que los desalienta a desprenderse de los billetes y por la creciente desconfianza ante la aparición de distintos billetes de 100 pesos [en relación a los más comunes, los traídos desde Brasil y los que se agregaron con la imagen de Evita] y el miedo a falsificaciones.

Los operadores coinciden en que cada vez más gente evita quedarse en pesos e intenta cubrirse comprando dólares sin importar el precio pagado. "Sobran pesos que nadie quiere y, en cambio, faltan dólares, que es la moneda que la gente quiere para atesorar", confirmó el ex presidente del Banco Central Aldo Pignanelli.

Ese marcado desbalanceo entre oferta y demanda en este segmento de negocios, y la sensación de que el valor del dólar no tiene techo ayudaron a esta espirilización del precio y hace que nadie se aventure por estos días a imaginarle límites a esta escalada.

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