Error de cálculo: las paradojas de Axel Kicillof

El ministro llegó hace poco más de dos meses al ministerio y desde entonces su discurso se topó con el más cruel de los límites: su política económica
El ministro llegó hace poco más de dos meses al ministerio y desde entonces su discurso se topó con el más cruel de los límites: su política económica
Diego Cabot
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2 de febrero de 2014  

Fue hace una semana, exactamente el domingo pasado. Llegó a un lugar confortable, donde la acústica, el silencio y la veneración de sus interlocutores lo hacen sentir un hombre al que hay que escuchar. "El mecanismo [para la compra de dólares ] tendrá un sesgo hacia los que menos tienen", dijo el ministro de Economía, Axel Kicillof , ante la admirada mirada de sus interlocutores, los panelistas del programa ultraoficialista 6,7,8. Obviamente, nadie lo contradijo . Un día después, la resolución que dio forma al anuncio impidió comprar dólares a todo asalariado que tenga un sueldo inferior a 7200 pesos .

Es necesario volver sobre aquel activo académico para entender a este funcionario que ya lleva poco más de dos meses como mandamás de la economía. Tres compañeros de época universitaria lo recuerdan muy parecido a como se muestra ahora. "Un tipo inteligente que estaba convencido de que era muy inteligente", lo definió uno de ellos. Otro comentó que "era más inteligente que la media". Ambos hablaron de una nebulosa que acompañó al ministro desde sus épocas en las que moraba en Junín y Córdoba, la sede de la Facultad de Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). "Le costaba y le cuesta asumir que de algún tema no entiende demasiado", coincidieron.

Estableció en esa esquina universitaria su zona de confort y allí permaneció arropado por los suyos y sostenido por una valorada capacidad de trabajo y cierto liderazgo entre los estudiantes. No salió nunca, no pasó por universidades extranjeras y no tuvo demasiado roce con el sector privado de la economía.

Hace dos meses aquella esquina de Junín y Córdoba pasó a ser Balcarce 50, la sede de la Casa Rosada. Y allí Kicillof encontró un feroz límite a lo que dice: lo que hace.

"No vamos a hacer nada que genere bruscos cambios en la economía", fue la primera definición que dio el flamante ministro en la mañana del 21 de noviembre pasado, cuando transcurrían unas pocas horas de su gestión. Dos meses más tarde, Kicillof tuvo que poner la cara ante la más drástica devaluación en los últimos 12 años. El peso perdió durante su gestión 32% de su valor y dejó el precio del dólar a ocho pesos por cada unidad de moneda norteamericana siempre y cuando el ahorrista tenga un sueldo de 7200 pesos como mínimo por mes, consiga que la AFIP lo autorice y además, deje los billetes a plazo fijo durante un año. Para todos los demás supuestos, el dólar tiene un precio al menos, 20 por ciento mayor.

El hombre de la devaluación había tenido un día de furia el 14 de abril de 2012 y entonces había hablado, adjetivos mediante, de los "devaluadores". Entonces era el viceministro de Economía y había llegado al Senado para defender la estatización de YPF. Habló 122 minutos y 41 segundos. Hubo palabras ara todos y todas en esas dos horas de Kicillof puro. Fustigó a los "fundamentalistas del libre mercado" y en otra parte se detuvo en los "papagayos que repiten la idea de que hay que devaluar la moneda". Casi dos años después, sin sentirse un ave verde, fue el responsable de devaluar la moneda.

Unos años antes, en agosto de 2008, en una columna de opinión publicada en Página 12, Kicillof también habló del tipo de cambio: "Para un país pequeño y esencialmente ‘abierto’ a los flujos del comercio exterior, el tipo de cambio, lejos de ser un ‘precio más’, se transforma en una variable de vital importancia en el proceso económico", inició su columna. Como ministro, aquella variable de vital importancia quedó reducida a un papel secundario. " "Aproximadamente el 30% de la estructura productiva argentina tiene insumos importados, con una distribución heterogénea que depende de cada sector (...) A nadie le interesa que se desate una batalla campal entre precios, salarios y tipo de cambio y no hay motivos económicos de fondo para llegar a esa situación", fueron sus palabras el lunes pasado.

Guido Sandleris, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y director del Centro de Información Financiera de esa casa de estudios, publicó hace pocos días un paper en Foco Económico, un valioso sitio a través del cual muchos economistas de renombre debaten ideas económicas. "Habrá que mirar el cierre del dólar en los próximos días casi con tantos nervios como el sorteo del Mundial. Los desmanejos de política económica, que ya llevan un par de años, y las medidas de la semana pasada desencadenaron una incipiente crisis que el Gobierno tiene que tratar de controlar. Hasta ahora ha actuado torpemente. El gobierno, por impericia, se puso "solito" en esta situación. Los términos de intercambio de la Argentina son fenomenales, las tasas de interés internacionales llevan años en mínimos históricos. Y sin embargo, la inconsistencia de políticas económicas desembocó en una crisis cambiaria casi de manual", sostiene Sandleris.

Ataque mediático

El capítulo dólar es una de sus alocuciones recientes. "La verdad es que cuando hubo un ataque mediático contra el gobierno de De la Ría, en 1999, se hablaba del riesgo país, pero eso por lo menos es una medida objetiva. El dólar blue nadie sabe cuánto cotiza porque como es ilegal, nadie sabe. Pero sí pasó que gente que fue a ver averiguó y no estaba a lo que decían en los medios estos", agregó en 6,7,8 luego de ser recibido como "querido ministro" y vivado por el piso. Sólo con caminar por Florida una cuadra podría saber exactamente la cotización de la moneda en el mercado informal. O en su caso, preguntarles a quienes dijo conocer que habían pedido precio.

Aquel día de su asunción también habló de las reservas. "Tenemos reservas que han sufrido alguna baja, pero que están en niveles consistentes, muy fuertes; el tipo de cambio forma parte de un programa y tenemos que lograr más oferta de dólares", dijo el ministro. Dos meses más tarde, las reservas del Banco Central cayeron 12% y pasaron de 31.786 millones a 28.100 millones, es decir, una baja de 3686 millones de pesos. Pero el ministro habla.

Uno de sus profesores de la UBA lo recordaba como un alumno muy inquieto. "Siempre proponía cosas como alumno ya que estaba en una agrupación [TNT, Tontos pero No Tanto]. Y además había otra característica que la vuelvo a ver cada vez que lo veo: habla mucho porque le encanta escucharse", agregó el profesor .

Claudio Loser es ex director del Fondo Monetario Internacional y es presidente y director Ejecutivo de Centennial Group Latin America. Vive en Washington y desde allí tuvo un intercambio de correos electrónicos con LA NACION. "Una característica común tanto en la ideología económica de la izquierda populista y del pseudo-liberalismo de derecha en América latina y la Argentina en particular, es la arrogancia intelectual –dice Loser–. De una u otra forma, hemos visto la aplicación de políticas probablemente correctas, pero sin consenso, por la derecha. A su vez, y más a menudo, vimos la expresión de un voluntarismo ideológico irracional y sin realismo económico en la izquierda. En ambos casos se termina en colapso económico, al tratar de seguir el principio de que ‘si no coinciden la realidad y la ideología, lo que es erróneo es la realidad’. Quizás suene irrisorio, pero en forma abierta o encubierta esta ha sido la visión de las autoridades kirchneristas, que lo explican en términos de su modelo".

Justamente el "modelo" es uno de los pilares del ministro en su discurso. El 16 de octubre de 2012, la verborragia de Kicillof lo hizo transitar por una sentencia definitiva: "En 2013, pensamos desacelerar el gasto público". Los números que publica su propia cartera lo desmintieron tiempo después. El año pasado terminó con una expansión de 46,9% en los gastos de capital y de 27% en los llamados gastos corrientes. Los subsidios, por caso, importaron alrededor de $ 155.000 millones en 2013.

Carlos Zarazaga es economista senior y asesor para Asuntos Económicos Latinoamericanos de la Reserva Federal de Dallas. Alguna vez trabajó y escribió varios trabajos sobre la economía argentina con Finn Kydland, un economista noruego ganador del Premio Nobel de Economía en 2004. "La cuestión sigue siendo por qué los argentinos deberían esperar resultados muy distintos de las mismas medidas que fracasaron una y otra vez en los últimos 80 años. Como la administración actual no ha podido responder a esa pregunta, la demanda de dólares continúa y la brecha entre el mercado paralelo se mantiene, a pesar de la aceleración del ritmo de devaluación del dólar. Esa brecha incluso podría aumentar si no se restablece la solvencia fiscal sin necesidad de apelar a la emisión. El problema que enfrentan los funcionarios de turno es que no tienen ninguna credibilidad con quienes quisieran apostar por el futuro del país y por lo tanto, el ajuste fiscal que van a tener que hacer, ya sea por las buenas o porque una inflación galopante terminará imponiéndoselos, será inevitablemente recesivo", dice a LA NACION desde Dallas.

Justamente esas recetas recesivas son las que parece aplicar Kicillof aún revestidas en cierto aire progresista. "Hay intereses económicos y políticos. Entonces la gente abre el diario y dice: ‘El dólar tiene que estar a trece’ (...) El Gobierno soportó varias corridas y las detuvo. Después vienen las medidas que ellos [por los especuladores] quieren como bajar el gasto público, o sea ajuste; bajar, los salarios, o sea el ajuste; bajar el crédito, o sea el ajuste. Y eso genera desempleo y recesión", dijo. Más allá de los dichos, desde que asumió el ministro, pues los salarios cayeron producto de la devaluación y la inflación. O sea, ajuste, parafraseando al ministro.

Eso no fue todo. Tuvo los comandos financieros de Aerolíneas Argentinas y pese a las promesas, la empresa sigue con un rojo en sus cuentas. Y además, fue el cerebro de la estatización del 51% de las acciones de YPF. Y desde la tribuna energética también lanzó sentencias que se pegaron de frente con la realidad. "Si los precios de los combustibles están regido por los precios mundiales, si la nafta está fijado por los precios mundiales genera un descalabro macroeconómico mayúsculo en la economía argentina y pone en riesgo nuestro modelo de crecimiento", dijo un encendido Kicillof en el Congreso en aquella defensa de la estatización, en abril de 2012.

Pero los surtidores le discutieron la parada a Kicillof. Desde que la empresa petrolera empezó a ser comandada por Miguel Galuccio, hombre designado por la presidenta Cristina Kirchner, la nafta siguió el ritmo inflacionario y el avance de la moneda extranjera. En 2013, por caso, el litro de nafta súper estaba entre seis y siete pesos; terminó el año entre nueve y diez pesos.

Y desde la trinchera energética dijo que no se pagaría lo que Repsol quería por las acciones que les confiscaron. "No le vamos a pagar lo que ellos dicen, sino el costo real de la empresa. Dicen que son 10.000 millones de dólares. ¿Y eso dónde está. Los tarados son los que piensan que el Estado tiene que ser estúpido y comprar todo según el estatuto de YPF. Repsol va a tener que pagar por el daño ambiental. Estamos haciendo un relevamiento con los gobernadores", fueron sus dichos.

Pero todo cambia. "A veces periodistas inescrupulosos o con ganas de confundir a la gente [hablaron de un] acuerdo con Repsol como contradicción, pero lo que tengo para decir es que es imposible [no pagar] porque es ilegal", planteó en noviembre pasado. Y una vez más, el ministro vio como se estrellaban sus dichos contra los hechos.

EE.UU., una economía "dolarizada"

Quizá le jugó una mala pasada la aversión por el dólar que parece tener el ministro Axel Kicillof, pero sus dichos no aportaron demasiada luz al tema cambiario. "No hay ningún motivo económico, racional, lógico, propio de la inteligencia, para decir que es lo que trataron de instalar, que si hay un movimiento del valor del dólar todos los precios de la economía argentina, excepto que uno esté en una economía dolarizada, como la de Estados Unidos, que si sube el valor del dólar suben todos los precios (sic)", dijo el miércoles pasado. La frase fue muy comentada por los economistas. Sucede que en Estados Unidos el dólar no sube, ya que es la moneda nacional. Lo que suben son los precios, que obviamente, se pagan en dólares.

Del dicho al hecho

El límite del discurso

  • El cepo

    26 de enero



    "El mecanismo [de venta de dólares] tendrá un sesgo hacia los que menos tienen (....) El criterio pretende beneficiar a los de abajo."
  • Anticipo

    24 de enero



    "Se van a poder comprar dólares en función de los ingresos declarados y con un anticipo de Ganancias del 20 por ciento."
  • Precios

    29 de enero



    "Es irracional trasladar la totalidad de la suba del tipo de cambio oficial a los precios finales, incluso para los importados."
  • Reservas

    30 de enero



    "Vamos a sostener un nivel adecuado. Ahora que probaron que no habrá más deslizamientos en el precio del dólar, se liquidarán stocks."
  • $ 7200

    El monto salarial mínimo



    La puesta en práctica de la apertura parcial del cepo contradijo a Kicillof: sólo pueden comprar dólares para atesorar quienes cobren en blanco un promedio de $ 7200 al mes.
  • 35%

    Anticipo vigente



    La baja en el anticipo impositivo no rige, como se dijo en un principio, para turismo y gastos con tarjeta en el exterior. Las compras de divisa sí tienen un recargo del 20% a cuenta.
  • 7,5%

    Subas convalidadas



    El Gobierno avaló alzas en distintos sectores por la suba del dólar. Por caso, en electrodomésticos, permitió un 7,5%. Ahora analiza el impacto en la construcción y otros rubros.
  • 28.100

    Millones de dólares



    A ese monto cayeron las reservas del BCRA. Aún reinan las dudas sobre los movimientos de la divisa, y no hay certezas sobre el ingreso de dólares provenientes del campo.
  • Con la colaboración de Luján Scarpinelli y Julieta Bilik.

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