Javier Madanes Quintanilla: “Si todo lo que podemos hacer es pedir devaluación estamos jodidos”

El presidente del grupo Aluar dijo que los empresarios no deben buscar soluciones facilistas; defendió las trabas a las importaciones y pronosticó que la nueva gestión deberá resolver muchos problemas
Francisco Olivera
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25 de julio de 2015  

Encabeza un sector complicado dentro de una situación fabril general paralizada. Javier Madanes Quintanilla, dueño del grupo Aluar, no necesita atender a la estadística oficial que dice que la industria cae, de manera ininterrumpida, desde hace 22 meses: le basta con saber que otra de sus empresas, Fate, el mayor fabricante de neumáticos del país, que viene de invertir 220 millones de dólares en estos años, tiene ahora excedentes de stock, capacidad ociosa y está suspendiendo personal.

Sus temores asaltan también a varios de sus pares. Entre ellos, el fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que obliga al Gobierno a eliminar las restricciones a las compras externas, como las declaraciones juradas anticipadas de importaciones (DJAI), una de las herramientas preferidas de la Argentina reciente. Tal decisión obligará a varios a competir en un contexto difícil: con Brasil en recesión, es probable que aumente la importación hacia aquí.

"El problema lo va a tener la próxima administración –dice Madanes Quintanilla–. En realidad no me preocupa tanto el tema de las DJAI en sí mismo como la cuestión en general: entramos en una etapa en la que habrá que resolver muchos problemas", afirmó.

–¿Por ejemplo?

–En los últimos años hemos tenido un sistema de cierre de mercado que, de alguna manera, disimuló algunas distorsiones de competitividad que tiene el país. En realidad, si no hay dólares para entregar, sacar o no las DJAI viene a ser irrelevante. Pero no advertir las dificultades de competitividad que tiene la Argentina... Es un problema grave que el círculo virtuoso del consumo no ha podido resolver. Entonces, la pregunta que me hago es: ¿va a imponerse otra vez la realidad crudamente en la Argentina o vamos a tratar entre todos de encontrar una solución de fondo?

–¿Como imposición de la realidad se refiere a una megadevaluación del peso?

–Bueno, la devaluación en general es una consecuencia, no una causa. Fíjese lo que está pasando con muchos sectores. Yo hablo por el mío, pero hay muchos que atraviesan situaciones exactamente iguales, de una rentabilidad muy baja o negativa. Ramas muy importantes, como las economías regionales, que son productivas y serían competitivas en cualquier parte. Mire lo que está pasando con la industria automotriz. ¡Volkswagen perdió 2700 millones de pesos en el ejercicio pasado!

–¿Y cree que ese escenario es el que aguarda a la Argentina?

–Lo que digo es que nos está faltando capacidad de análisis para ver qué es lo que vamos a hacer. A nosotros nos dicen: "Se acaban las DJAI", y bueno, entonces qué hacemos. No vemos que haya un trabajo de análisis para tratar de encontrar una transición.

–¿Qué les pasaría a ustedes si eliminaran las declaraciones juradas anticipadas?

–Hoy, si el Estado tuviera todos los dólares que las empresas piden, la importación se duplicaría. Hay que pensar que en esto incide también la recesión que tiene Brasil. Toda esa producción vendría para acá.

–Es curioso. Si yo estuviera en el lugar del Gobierno diría: "Los empresarios se viven quejando de las DJAI y ahora que las sacan las piden".

–Yo no pido ni no pido. Las DJAI han paliado o disminuido aquí un problema. Todos sabemos que el sistema de DJAI no puede ser sostenido en el tiempo. Pero en el mientras tanto había que hacer un trabajo que no se hizo. Un trabajo de fondo.

–Usted dice que atender eso evitaría devaluar.

–Si todo el esfuerzo que podemos hacer los empresarios argentinos es ponernos en la cola pidiendo una devaluación, estamos jodidos. Estamos buscando... no quiero decir soluciones, porque con esto vamos a tener un verdadero problema, sino salidas facilistas.

–O sea que usted no es muy optimista respecto del futuro.

–No lo sé. Yo creo que hay que pelearla hasta el último momento. Si hay empresas que han hecho las cosas mal y tienen que caer, que caigan. Pero si se han hecho inversiones, me parecería ridículo. Lo que propongo es que seamos un poco más inteligentes de lo que fuimos en 2001.

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