Las razones detrás del miércoles negro para la Bolsa

Fuente: AFP - Crédito: Archivo
Sabrina Corujo
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28 de junio de 2018  • 11:43

Fue un miércoles de tristes récords para el mercado local. Podemos refugiarnos en lo externo, pero siendo sinceros esto explica sólo una parte menor. Fue el pánico lo que afectó al riesgo argentino, en particular, en un contexto internacional –y eso sí es real- que no es el más favorable para emergentes. De hecho, el dato de crecimiento americano conocido esta mañana (ver más abajo) no ayuda a despejar el escenario.

El problema que profundiza el impacto son nuestras propias debilidades, sea en lo macro como en lo político. Si buscamos ejemplos de desconcierto, los encontramos ayer. Se habló mucho, tratando de convalidar lo que sucedió, pero entendemos que excusas válidas para semejante sell off no existen. Sí está claro que hay un tema de confianza, y que como veníamos insistiendo está no se recupera de un día para el otro (ya hemos mencionado que reconstruirla, cuesta mucho más que perderla). Las expectativas no ayudan en este marco, como tampoco la falta de catalizadores positivos, pero en principio no lo explicamos por un tema de fundamentals lo que debería acercarnos a un piso, o al menos darnos de fondo cierta tranquilidad. No implica que la corrección haya finalizado; en especial, cuando hay una cuestión de flujos no posible de cuantificar de forma concreta hoy. Lo que sí valdría esperar es que una rueda como ayer no se repita.

Hubo una cantidad de múltiples hipótesis ayer que se combinaron, con probabilidad mayor o menor, según el caso. Desde algunos rumores que fueron negados (entre ellos, la extensión de la renta financiera a las acciones), pasando por la falta de claridad que mantienen las políticas (algo real) hasta los malos datos económicos que pudieron llevar a una sobreestimación de la caída en la actividad –que se espera igualmente-. También entraron en juego, en pos de buscar explicaciones que fundamenten semejante magnitud de caída, la posibilidad de no cumplir con las metas del acuerdo del FMI y los ruidos políticos de cara a un 2019 electoral.

Igualmente, y para tratar de llevar un poco de tranquilidad, creemos que puede existir una sobre reacción al descontarse un escenario que puede con los meses no validarse con la realidad. El tema es que se necesita tiempo. Se dio un primer paso para dejar la crisis cambiaria atrás con la estabilidad reciente del TC, pero comienzan a ajustarse ahora las proyecciones de qué tan fuerte o no será la crisis económica que le seguirá. No es algo que se desvanecerá rápido, en especial, en un escenario externo que tampoco luce muy despejado en el segundo semestre.

Esto nos lleva lógicamente a mantener la visión de cautela que, en realidad, nunca habíamos abandonado en los últimos meses. La volatilidad será alta, y el piso puede aún no haberse visto, pero creemos que está más cerca que lejos en estos niveles de precios. Las expectativas de corto está claro que son malas, pero de mediano plazo se mantienen favorables. Ahora bien, sí es real que gran parte de a qué ritmo se deterioren estas expectativas sea para el plazo que sea dependerá también del escenario externo.

En la renta fija no vemos probabilidades altas de un default, lo que no debería ser un punto a favor. Evitamos la parte larga de la curva, pero nos sentimos cómodos devengando los cupones que son altos de los títulos de la parte media y corta. Encontramos acá hoy rendimientos de entre 5-9%.

En cuanto a la renta variable, el escenario quizás es más complejo. En particular, hasta tanto no se despeje el escenario económico y terminen de revisarse las proyecciones, y con ellas lógicamente el impacto sobre las estimaciones de ganancias. Insistimos en esto si de lo que hablamos lógicamente es de fundamentals, y no de flujos (aún cuando deberíamos tener a favor reclasificación a emergentes). Lo mejor en este escenario es fijar stop loss para no quedar atrapado en movimientos como el de ayer, y en un marco que siempre reconocer las pérdidas es mucho más difícil que las ganancias. Hasta tanto no se despeje la incertidumbre, la volatilidad se mantendrá, e incluso movimientos de rebotes podrán ser seguidos por nuevas correcciones. Es un mercado para trading, que no es para cualquier tipo de inversor. No podemos establecer que la rueda de ayer sea un piso, incluso al dejar como dato el quiebre de los 26000 puntos.

Cualquier comparación por múltiplos, hoy parece favorecer al mercado local, si finalmente se respeta la media de las proyecciones que apuntan a que Argentina no terminará el año en recesión y el año próximo podría crecer más de 2%. No obstante, para despejar las dudas de forma sostenida se necesitarán datos que no aparecerán de corto plazo.

Ahora sí, vayamos a los números. El Merval cerró en 25921 puntos (debajo de los mínimos testeados en mayo y niveles de noviembre de 2017), con una caída de 8.8% en pesos –la mayor desde 2014-, y de 9.8% en dólares –la mayor desde 2008-. Sólo TS y APBR subieron dentro del panel líder (ambas consideradas no riesgo local), el resto cayó hasta 15.6%. Acciones como CEPU, COME, TGN, MIRG, VALO, SUPV, METR, HARG, CVH y PGR perdieron más de 11%.

Desde el viernes, tras un jueves donde hubo un rebote escudado en la reclasificación por parte del MSCI, el índice pierde más de 16% con líderes que caen hasta 32%.

El volumen operado fue de $ 1331 millones, dejando un mal dato. El día anterior la baja había sido con unos $ 520 millones, lo que implica que la baja se da con negocios.

Técnicamente, las señales no son muy favorables. En lo local, las acciones quebraron en su mayoría la lateralización reciente a la baja, en cambio alguna visión más favorable pueden dar los ADRS, entendiendo que podrían llegar a hacer un piso en esta zona o poco más abajo. Dando algunas señales de compra especulativa, aunque la volatilidad se mantendrá alta de corto y mediano plazo.

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