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Más dólares sin apagar la "aspiradora" de pesos

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
El FMI aceptó las subastas diarias del Tesoro, a cambio de mayor dureza monetaria para acotar la volatilidad del dólar y su efecto inflacionario
El FMI aceptó las subastas diarias del Tesoro, a cambio de mayor dureza monetaria para acotar la volatilidad del dólar y su efecto inflacionario
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17 de marzo de 2019  

Aunque esperada, la suba de 3,8% en el índice de precios al consumidor de febrero fue una mala noticia que obligó al gobierno de Mauricio Macri y al staff del Fondo Monetario a replantear el manejo de algunos instrumentos previstos en el último acuerdo stand by, para adaptarlos a los comportamientos preventivos que se perfilan en este año de incertidumbre electoral.

La alta inflación del mes pasado, que hizo que se acumulara un incremento interanual de 51,3%, obedeció básicamente a la superposición de aumentos de tarifas (electricidad, colectivos, trenes, subtes) y precios regulados (prepagas, garrafa social), más naftas y gasoil. Pero también a alzas en productos de consumo masivo, que siguen trasladando progresivamente el impacto de la fuerte devaluación de 2018. Una prueba es que la inflación "núcleo" (sin precios regulados ni estacionales) fue en los dos primeros meses del año algo superior (7%) al nivel general (6,8%) y que otro tanto ocurrió en los últimos 12 meses (52,5%, aunque inferior al 54,5% en precios regulados). En el primer caso incidió significativamente el repunte de los precios de la carne vacuna, que arrastró a sus sustitutos. No obstante, según las ponderaciones de la canasta de consumo del Indec, en el Gran Buenos Aires la suma de los rubros vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (10,5%), transporte (11,6%) y comunicaciones (2,8%) tiene un peso superior (24,9%) al de alimentos y bebidas sin alcohol (23,4%). Más lejos se ubican restaurantes y hoteles (10,8%) y salud (8%).

La suba de 100% del dólar el año pasado no fue una "turbulencia", sino un intenso shock cambiario-inflacionario, cuyos efectos aún se hacen sentir.

Otro botón de muestra es que a mitad de este mes de marzo, el ticket de compra de la canasta fija de 30 productos que releva esta columna en la misma sucursal porteña de una cadena de supermercados asciende a $4572. Este monto implica alzas de 12,2% en comparación con diciembre ($4072) y de 58,5% con respecto a un año atrás ($2883). Debido a que la Argentina exporta lo que come, los mayores incrementos se verifican en pan francés (100%), carnes (entre 58% y 78%), fideos guiseros (84%), jamón cocido (81%) y quesos (de 40% a 180%). También otros productos superan a la inflación acumulada, como detergente cremoso (94%), suavizante de ropa (93%), yerba mate (90%), café molido (62%) o agua mineral (54%).

Algunas marcas internacionales de productos de tocador muestran precios equivalentes en dólares similares a los de otros países, aunque para venderlos en pesos suelen recurrir a periódicas ofertas por cantidad -no siempre con éxito- ante la retracción del consumo. Esta contradicción entre mayores precios y menores ventas marca una diferencia con lo que ocurrió durante buena parte de 2018, cuando el traslado a precios de la devaluación y su impacto sobre los costos era más cuidadoso para preservar los volúmenes vendidos. Probablemente haya influido en muchas remarcaciones preventivas el repunte de 6,5% (a $39,7) que el dólar registró a mediados de febrero, después de que el BCRA bajara la tasa de las Leliq de 55% a 43% anual. Luego debió subirla, en marzo, hasta 63% cuando el dólar llegó a rozar los $43.

A esto se suman las expectativas de inflación del orden de 3% mensual para marzo (cuando vuelven a superponerse aumentos en electricidad, transporte, combustibles, peajes, cigarrillos, telefonía celular, colegios privados) y abril (con la suba de 30/35% en gas natural). En este último caso, aún es una incógnita cómo el Indec calculará en el IPC la anunciada facturación "plana" de las tarifas residenciales, que apunta a reducir los pagos en los meses invernales para redistribuirlos entre los de verano.

Con estos antecedentes a cuestas, más la incertidumbre electoral por delante, que tarde o temprano aumentará la demanda de dólares en una economía bimonetaria y en buena medida indexada, el Gobierno optó por reforzar prematuramente la oferta para reducir la volatilidad nominal del mercado cambiario.

El anuncio del ministro Nicolás Dujovne en Washington de licitar a partir de abril un total de US$9600 millones, a razón de US$60 millones diarios hasta fin de año, fue producto de una decisión política del FMI. Hasta hace pocos días, los técnicos del organismo no aceptaban que gran parte de sus desembolsos fuera volcado al mercado a cambio de los pesos que necesita el Tesoro para atender sus pagos (sueldos, proveedores, intereses de deuda) a fin de no alentar el atesoramiento especulativo de dólares, que, paradójicamente, le sobran al Tesoro (en parte, por un porcentaje de renovación de vencimientos superior al estimado), aunque le faltan los pesos que desde mediados de 2018 el Banco Central dejó de emitir para financiarlo.

A cambio, el Fondo impuso las dos condiciones de corto plazo que el jueves anunció el titular del BCRA, Guido Sandleris: extender hasta fin de año la meta de expansión cero de la base monetaria (manteniendo el actual sobrecumplimiento de 10% y descartando los ajustes estacionales previstos para junio y diciembre) y reducir a 1,75% mensual el ajuste diario del piso y el techo de la zona de no intervención (ZNI) cambiaria, que en el primer trimestre fue de 2% y había arrancado con 3% en octubre.

La primera medida endurece aún más la política monetaria. El BCRA mantendrá funcionando a pleno la "aspiradora" de pesos a través de las licitaciones diarias de Leliq entre los bancos para regular la liquidez, modificar encajes y restar oxígeno a la inflación. Con altas tasas de interés reales y el encarecimiento del crédito, busca que los tenedores de dólares se desprendan de ellos para hacerse de pesos. La segunda, a su vez, apunta a mantener la flotación del dólar dentro de la ancha banda cambiaria móvil (de 30% entre piso y techo), pero con un ajuste mensual inferior a la inflación esperada para el segundo trimestre que reduzca presiones sobre los precios.

En los papeles, esta combinación -junto con el sendero de licitaciones diarias del Tesoro- apunta a que el dólar vuelva a ubicarse cerca del piso de la ZNI (que a fin de marzo será de $39,38, con un techo de $50,97), después de haberlo superado en casi 12% días atrás. Si lo perfora, el BCRA podrá comprar reservas y emitir pesos a cambio de no aumentar la base monetaria. Este escenario de mayor oferta de divisas podría inducir a la liquidación de dólares de la cosecha de granos si la cotización apunta hacia abajo. El viernes, la reacción del mercado fue claramente bajista. No obstante, antes de abril habría que resolver algunas cuestiones técnicas de este esquema: tal como fue anunciado, podría ocurrir que el BCRA compre dólares por debajo del piso mientras simultáneamente el Tesoro realiza ventas en el mercado, que alcanzan para 160 ruedas.

Por lo pronto, el Gobierno -con el guiño del FMI- apuesta sus fichas a la previsibilidad cambiaria para evitar sobresaltos antes de las elecciones. Pero como el camino elegido para bajar la inflación es el más largo, ya que la dureza monetaria no neutraliza los impactos tarifarios para reducir subsidios, sobrevuela el fantasma de atraso cambiario en los próximos meses. De hecho, el actual tipo de cambio real multilateral -neto de retenciones a la exportación- se ubica 18% por encima del 17% de diciembre de 2015, cuando se puso fin al cepo y se liberó el mercado, tras haber alcanzado un pico de 41% a fin de septiembre de 2018. Además, hasta que la inflación no baje a 2% mensual en mayo o junio, el BCRA no tendrá demasiado margen para reducir las tasas de interés por más que tampoco ayude a reactivar la economía.

La tercera exigencia del Fondo, de enviar al Congreso un proyecto de reforma de la carta orgánica del BCRA para prohibir por ley que financie al Tesoro, tiene en cambio escasas chances de ser aprobada en plena campaña electoral. Y, para completar el cuadro, la superada renuencia del organismo a admitir ventas programadas de divisas para cubrir la demanda del mercado apuntaba a una cuestión concreta: son los dólares que podrían faltar en 2020 si la Argentina no logra bajar el riesgo país y renovar los vencimientos de deuda en los mercados externos.

nestorscibona@gmail.com

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