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El dólar, núcleo de un plan de dos cabezas sin margen para el error

Francisco Jueguen
Francisco Jueguen LA NACION
Es el último tramo del aumento anunciado por el Gobierno a fines de 2018
Es el último tramo del aumento anunciado por el Gobierno a fines de 2018 Fuente: Archivo - Crédito: LUIS ACOSTA
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15 de marzo de 2019  

La racionalidad económica suele estrellarse todo el tiempo con el calendario electoral, no importan los jugadores. En la cabeza económica del Gobierno hay una sola misión de cara a octubre: recomponer el poder de compra del salario para impulsar el consumo. ¿Opciones? Más sueldos, jubilaciones y asignaciones, aplanar o aplazar subas de tarifas (gas) y, principalmente, no dejar escapar al dólar, el índice de estabilidad de los argentinos. Detrás de esta necesidad política aparece la causa económica de los problemas nacionales: la inflación, originada irónicamente por las necesidades políticas -más gasto del posible disfrazado de impuesto- de los jugadores de turno.

La carencia de una moneda -y de una economía- confiable en el tiempo convierte al dólar y a sus movimientos en un termómetro de los precios locales y en un índice de volatilidad. En la Argentina esto llega a extremos. Con ese marco, el Banco Central y el Ministerio de Hacienda debieron mostrar un muro de dólares para vender, y explicitaron que no darán rienda al tipo de cambio para así generar la sensación indispensable, por ejemplo, para que los chacareros liquiden sus divisas. Esa sensación es la estabilidad, sin la cual no existe decisión económica alguna.

Un dólar que se escapara como la semana pasada podría poner en riesgo el insumo dolarizado de las tarifas y las inversiones en energía. Por las dudas, la política se encargó, por pedido de la UCR, de suavizar las críticas en campaña. Se aplicó la aplanadora, porque el congelamiento tarifario está prohibido por el Fondo. Ese dólar suelto también podría enturbiar las paritarias y la recomposición salarial. La mejora de ingresos en diciembre, dicen, es una causa de la inflación más alta de enero, ya que dio pie a una recomposición del margen de rentabilidad empresarial que impulsó los precios. Es la explicación, junto a la falta de oferta, que se esgrime para la disparada de los precios de la carne.

La retroalimentación inflacionaria por el dólar, las tarifas y la recomposición de márgenes puede frenar la mejora del poder adquisitivo y un consumo que no tendrá cuotas por las altas tasas. La vitalidad de las exportaciones -repletas de impuestos- podría entonces no alcanzar para satisfacer las necesidades electorales.

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