Un mercado que pasó de la exuberancia de dólares a la abstinencia

Javier Blanco
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27 de abril de 2018  

Aún no está claro cuánto aportará la decisión de volver a apelar al dólar como ancla antiinflacionaria oficial, tras las limitaciones que en esa tarea mostró la tasa de interés. En especial, desde que el Gobierno le impuso al BCRA la decisión de "aflojarlas" un poco.

Se podrá conjeturar que no será poco, dada la alta incidencia que el insumo importado tiene en la cadena de producción local y considerando además el impacto que un horizonte de previsibilidad cambiaria suele tener sobre las expectativas.

Pero lo que ya se puede dimensionar es el costo que esa decisión tuvo en términos de las reservas, y la cifra asusta: en menos de dos meses el BCRA liquidó US$5364 millones en esa cruzada, cifra que representa la liquidación del 36% de la golpeada cosecha de soja de este año y que supone algo más del 9% del total del activo que tiene hoy bajo administración.

La salida o el ingreso de fondos al país forma parte del libre acceso de capitales por el que optó la administración Macri al desregular el mercado cambiario. El 2017 estuvo caracterizado por un fuerte ingreso, que sirvió para financiar un elevado déficit de cuenta corriente, pero además resultó exacerbado por el diferencial de renta que ofrecía la plaza argentina, en un mundo caracterizado entonces por las tasas bajas o hasta negativas. La clave de ese ingreso estuvo en el convencimiento de que el tipo de cambio estaría anestesiado por la cantidad de dólares que -vía endeudamiento- aportaría un Estado que gasta en pesos.

Quedar expuestos a la contracara de ese proceso, en un contexto de mutación y empeoramiento de las condiciones financieras internacionales, era previsible. En especial, desde que el Gobierno -aunque con buen sentido de equiparación- decidió incluir a los extranjeros en el impuesto a la renta financiera, antes de proclamar meses después que se abstendría de tomar más divisas del exterior y pasaría a financiarse con ahorro interno. A eso hay, encima, hay que sumar el impacto de la sequía.

La consecuencia de todo eso fue que un mercado que sentía que le sobraban dólares pasó a padecer un síndrome de abstinencia y a actuar en consecuencia. Esto obligó ayer al BCRA a reforzar su dosis para enfrentar la corrida. Así, tras 4 meses sin subir las tasas aunque la inflación subía, se resignó ayer a volver a hacerlo. Después de todo, por estas horas la prioridad pasó a ser frenar el drenaje de reservas antes de que este indicador de baja en la demanda de pesos se convierta en un problema mayor para la economía.

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