Dudas y miedos entre la gente

En Italia temen que suba la inflación y en Alemania, perder poder adquisitivo El 1° de enero fue bautizado como "E-day", ante la posibilidad de que haya retiros masivos de fondos de los bancos Los gobiernos hacen campañas masivas de educación
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31 de agosto de 2001  

ROMA.- Faltan 122 días para el traspaso a la moneda única, el 1° de enero de 2002, y en el Viejo Continente ya se habla de "europánico". ¿De qué se trata? De la creciente ansiedad, angustia, confusión o psicosis frente a lo que puede ocurrir en esa fecha, ya bautizada como "E-day". El euro se convertirá entonces en la moneda oficial de 12 países, un cambio que revolucionará la vida de 360 millones de europeos, que de un día para el otro deberán decirles adiós a sus viejas y conocidas divisas nacionales.

Más allá del dolor implícito en cualquier despedida, de la inquietud de tener que calcular un nuevo valor en billetes y monedas desconocidas, o de la típica resistencia al cambio, el gran temor es que el "E-day" pueda transformarse en una suerte de apocalipsis. Un temor comparable al tan temido y finalmente inofensivo Millennium Bug, el presunto bicho del milenio que en vísperas de 2000 provocó un infundado pánico informático.

El escenario más negro es, en efecto, que en la noche del 31 de diciembre próximo, en cambio de descorchar champagne, cunda la alarma. Y que en los días siguientes la gente tome por asalto los bancos y cajeros automáticos, y que en la corrida enloquezcan los sistemas automáticos de pago de peaje, parquímetros, las expendedoras automáticas de café, de sandwiches o latas de gaseosas, provocando un colapso total.

Como este riesgo -práctico como psicológico- es una posibilidad, las instituciones financieras lanzaron campañas de información, explicando el traspaso e invitando a los ciudadanos a no lanzarse en masa a cambiar su dinero. Para evitar el asalto, en Italia (y en el resto de los países que adhieren al sistema) habrá un período de dos meses de doble circulación de la lira y el euro, por lo que el 1° de marzo será el día en el cual la divisa nacional perderá su valor legal. Aunque la Banca d´Italia (el banco central) seguirá cambiando los viejos billetes por un lapso de diez años.

Amén del período de adaptación, el revolucionario cambio a la moneda única significará gastos millonarios para las instituciones financieras, sobre todo por la adaptación a los nuevos billetes que deben efectuarse en los cajeros automáticos y máquinas varias. Un sondeo de la Unión Europea en junio último arrojó un resultado bastante preocupante: de 6000 entrevistados, sólo el 61% sabía con exactitud que la fecha del traspaso al euro es el 1° de enero de 2002.

En Alemania, al parecer ya hay psicosis por el adiós al marco, una moneda fuerte, y de Hamburgo a Munich se señala que hay gente que compra al por mayor bienes no perecederos -ropa, toallas, latas- temiendo una caída del poder adquisitivo del amado D-mark. En Francia está en marcha una campaña pedagógico-informativa, con cortos en radio y TV y hasta cursos gratuitos para jubilados y asistentes sociales.

En Italia, el temor más común entre la gente es que haya un aumento de la inflación ligado al efecto de la conversión. Muchas ligas de defensa del consumidor advierten que hay que cuidarse de los redondeos, que podrían hacer aumentar el precio de algunos productos. Para un italiano resulta "impossibile" pensar que el típico café pasará de 1500 liras a 0,77 euro, o que el boleto para el cine pasará de 13.000 liras a 6,71 euros, por más que en los últimos meses los precios de las boletas de teléfono, gas, o de cualquier producto figurara en liras, y en euros. Según el psicólogo Paolo Legrenzi, autor del libro "El euro y la vida cotidiana", el italiano es una persona "aplastada por el evento e indefensa frente a la histórica novedad", porque no está acostumbrada a "pensar extranjero".

"A mí no me da miedo, ya estoy preparando los precios en euros para mi compañía y no hay ningún problema con el cambio. Y no me da lástima dejar la lira porque es la moneda más devaluada del mundo", dijo a LA NACION Giacomo Martini, un empresario de productos médicos de 36 años. Su mujer, Angela, que tampoco se mostró preocupada por el traspaso, agregó: "Lamentablemente los hombres no sólo tendrán que cambiar las billeteras, sino andar con monederos por la cantidad de centavos. Escuché en la radio que los monederos ya se agotaron y que su precio subió".

Cristiana Dolce, una argentina que vive en Italia hace once años, en cambio, se manifestó perpleja, y nostálgica: "Creo que al principio va a ser complicado, porque no va a ser práctico y temo que se gastará más. Además, me da pena dejar la lira porque me parece que es perder una parte de la identidad".

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