Economistas no temen que la emisión dispare los precios

Dicen que lo impiden las altas tasas en pesos y la recesión Advierten, sin embargo, que se debería aprovechar para terminar con las restricciones en el mercado de cambios Y que es riesgoso cambiar las metas del Banco Central
Francisco Olivera
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6 de mayo de 2003  

La posibilidad de emitir más pesos para mantener el precio del dólar alto no genera temor a un rebrote inflacionario entre la mayoría de los economistas. Aunque algunos advierten que se está desaprovechando la ocasión de liberar por completo el mercado de cambios sin ningún riesgo.

Son las principales conclusiones de los analistas consultados por LA NACION. La tesis general es que, en momentos de retracción del consumo y altas tasas en pesos, es improbable que los consumidores generen una espiral de alza de precios, porque no destinan su dinero a bienes o divisa norteamericana.

Jorge Vasconcelos, investigador jefe de la Fundación Mediterránea, no ve inconvenientes en el mediano plazo. "Esto no debería tener un impacto inflacionario tan alto. Hay consenso, por ejemplo, en que este año el PBI crecerá entre un 3,5 y un 4 por ciento. Y un PBI más grande genera mayor demanda de dinero", dice.

"Emitir en este momento es un riesgo que se puede tomar", agrega Daniel Artana, economista jefe de FIEL. Considera que, en estas circunstancias, es la manera más racional de sostener el dólar, y que un camino alternativo podrían ser medidas como abrir más la economía, obtener mayor superávit primario o reducir el control de ingreso de capitales. En este último punto, las limitaciones en el mercado de cambios generan ciertas dudas. Julio Piekarz, ex gerente general del Banco Central, cree, por ejemplo, que es el momento para despedirse de los controles. "Convendría terminar con las restricciones, promover la baja de tasas y tratar de lograr superávit primario, sin la necesidad de emitir. Sería un deber menos, de todos los que tenemos pendientes."

Piekarz tampoco se escandaliza por la emisión: "Aún tenemos restricciones cambiarias y las tasas de interés en pesos han sido bastante altas, lo que les quita atractivo a las operaciones en dólares. Si la tasa en dólares fuera del 10% anual, en lugar del 24% al que llegó en algún momento, sería otra cosa". Y advierte que el escenario podría cambiar, pero más adelante: "Van a demorar tanto el aumento de las importaciones como el superávit primario para hacer pagos al exterior".

No despertar al tigre

Carlos Rodríguez, rector de la Universidad del CEMA, es el más crítico de la medida. Objeta, principalmente, el cambio de meta que se había propuesto el Banco Central. "No es un desastre, no es horrible, pero esto aleja al Central de dedicar la emisión al control de precios. Es decir que abandona la misión que sus autoridades se habían propuesto, la defensa de la inflación, para pasar a otra, que ahora es sostener al dólar.

"Esta nueva meta es discutible; dentro de las metas posibles, es de las menos peores, porque antes la inflación se usaba para financiar el gasto público. Pero puede ser que, después, el objetivo sea bajar la tasa de interés y, más adelante, financiar el plan Jefas y Jefes de Hogar. No despertemos al tigre, que está dormido."

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