Efecto agridulce: el buen momento de Estados Unidos y su impacto en la Argentina

La economía del país del norte crece y mejoran el empleo y las expectativas, algo que podría representar oportunidades para el comercio; sin embargo, las decisiones sobre la tasa de interés y las políticas arancelarias de Trump juegan en contra
Rafael Mathus Ruiz
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4 de marzo de 2018  

WASHINGTON.- Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (Fed, en la jerga financiera), recurrió a un puñado clásico de adjetivos auspiciosos al hablar, días atrás, de la economía de Estados Unidos. En su primer testimonio ante el Congreso dijo que se crecía a un ritmo "sólido"; que el mercado laboral estaba "fuerte", "robusto"; que la confianza de los consumidores era "sólida" -otra vez- y que el "fuerte" -de nuevo- incremento del consumo, junto al "animado" sentimiento empresario, empujarían la inversión. Decoró todo con una analogía climática: los "vientos de frente", dijo, se habían convertido en "vientos de cola". Minimizó el último cimbronazo de Wall Street, y remarcó un objetivo ajeno a sus dos antecesores: evitar una "economía sobrecalentada".

Desde Wall Street a Main Street, la economía de Estados Unidos parece gozar de buena salud.

La tasa de desempleo es la más baja desde febrero de 2001. La cantidad de gente que solicita subsidios porque no encuentra trabajo es la menor desde 1969. Los ingresos suben, y los salarios aumentan, ahora, al ritmo más veloz desde la salida de la Gran Recesión. La confianza de los consumidores está en su pico dentro de un período de 17 años, y la de los pequeños negocios en el nivel más alto desde que empezó a medirse, en la era de Ronald Reagan. Las empresas celebran la política desregulatoria del presidente Donald Trump. Y los recortes impositivos por US$1,5 billones -que favorecen, sobre todo, al 1% más rico del país- le sumaron combustible al principal motor global.

"El panorama económico sigue siendo fuerte", resumió Powell.

Fuente: LA NACION

La Casa Blanca celebra cada dato que arroja la economía como un logro propio, aunque aquí se debata si la bonanza se debe más a la recuperación que gestó el gobierno de Barack Obama que a los cambios de política que impuso Trump. Hay, además, un motivo externo que explica el presente entusiasta: el mundo crece, por primera vez desde la salida de la crisis financiera global, en sincronía. La bonanza es global.

Pero, para la Argentina, el impacto del gran momento de Estados Unidos es, paradójicamente, agridulce. Al ser uno de los principales socios comerciales del país, la pujanza de la economía de Estados Unidos alienta las exportaciones. Pero ese impulso está frenado por la política comercial proteccionista orquestada bajo el mantra "Estados Unidos, primero" de Trump. Y una economía "sobrecalentada", en las palabras de Powell, abre la puerta a una política monetaria más dura, con más subas de las tasas de interés a las ya anticipadas y, por ende, al riesgo de una mayor presión sobre el gradualismo al que se aferra el gobierno de Mauricio Macri.

"La Argentina necesita que el contexto internacional de financiamiento continúe siendo favorable para poder completar su programa de ajuste fiscal gradual", indicó Alejo Czwerwonko, estratego del Chief Investment Office del banco de inversión UBS. "Si el escenario global empeora, el Gobierno se vería forzado a revaluar el gradualismo", agregó.

El testimonio de Powell le dio vuelo a la posibilidad de que la Fed suba la tasa de interés de corto plazo más rápido de lo previsto. UBS, por ejemplo, preveía seis aumentos hasta finales de 2019. Ahora ve siete. Con todo, eso dejaría la tasa de corto plazo entre el 3 y el 3,25%, un nivel, todavía, históricamente bajo. A eso se suma que el último empujón fiscal que orquestó Washington pone más presión sobre la tasa de interés de largo plazo: Estados Unidos le sumará a su deuda alrededor de un billón de dólares durante la próxima década, solo por los últimos recortes impositivos. Los halcones fiscales, con Trump, vuelan bajo.

Así y todo, el frente financiero solo parece ofrecer un llamado de atención. El ajuste que plantea la Fed es más gradual que los del pasado, y si bien los salarios repuntaron con fuerza -en enero subieron un 2,9% respecto del mismo mes del año anterior, un dato que desató la última "corrección" de las bolsas- la inflación y como bien dijo Powell, aún está por debajo de la meta del banco central.

Ante un ajuste más abrupto forzado por una economía recalentada, el Gobierno puede enfrentarse a un "escenario riesgo", en la jerga de los analistas, en el que Macri y su equipo deban "recalibrar" el gradualismo fiscal. Es un tema que se sigue, se mira, pero que, por ahora, no desvela.

Relaciones comerciales

El vínculo comercial quedó atenazado por el trumpismo. Benjamin Gedan, director del Argentina Project del Centro Woodrow Wilson, un programa creado el año último para seguir de cerca la salida del populismo que ensayó Macri, lo resumió en una frase: "El desempleo en Estados Unidos es bajo, la economía está creciendo y los recortes de impuestos y el estímulo fiscal deberían proporcionar un impulso a corto plazo. Todo eso debería ser bueno para los exportadores argentinos, siempre que no vendan biodiésel, aluminio, limones o carne de res".

En 2017 la Argentina tuvo un déficit comercial con Estados Unidos de US$3116 millones, según cifras oficiales. Aunque Trump les dio luz verde a los limones, la Argentina no logró despachar aún un solo limón al norte. La Casa Blanca también brindó una señal a cientos de productos regionales, al permitir su ingreso con "arancel cero". Pero Trump cerró con tarifas prohibitivas ventas por unos US$1200 millones anuales en biodiésel, y ya anunció que quiere colocar aranceles del 25% a las ventas de acero y del 10% a las de aluminio, que, el año anterior, aportaron ingresos por otros US$770 millones al país. Y todavía no habilita las ventas de carne de res, aunque el Gobierno confía en que lo hará.

Las exportaciones de nuestro país que tuvieron por destino a Estados Unidos representaron el año pasado el 7,7% del total, según el informe de intercambio comercial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

"Dada la evidente admiración del gobierno de Estados Unidos por el gobierno de Macri, es extraño que las políticas de la Casa Blanca hayan dañado tan a menudo la frágil recuperación de la Argentina", apuntó Gedan, quien integró la Casa Blanca en el gobierno de Barack Obama.

Mónica de Bolle, del Instituto de Economía Internacional Peterson, coincidió en que la tenaza proteccionista trumpista le impide a la Argentina capitalizar el galope de la economía estadounidense. Y fue más allá, al afirmar que tendrá "consecuencias negativas" para la economía global y para América Latina. Brasil, por ejemplo, exporta a Estados Unidos nada menos que cinco millones de toneladas de acero anuales, 25 veces más que la Argentina.

"Es un problema para toda la región", dijo. "Lo que ocurre con el comercio en Estados Unidos es probable que tenga consecuencias negativas para la economía mundial, y América Latina se verá afectada más que la mayoría, no porque sea la región más abierta del mundo, sino porque es vulnerable", agregó.

Sectores sensibles

Otro tema que preocupa, sobre todo a ejecutivos siderúrgicos en la Argentina, es la competencia que podría surgir por los excedentes de aluminio y acero que quedarían flotando por el mundo, si Trump implementa finalmente los aranceles anunciados. Trump parece dispuesto a ir más allá: escribió en Twitter esta semana que aplicará "aranceles recíprocos" a los países que impongan tarifas a productos estadounidenses, y hasta afirmó que "las guerras comerciales son buenas, y fáciles de ganar". Más proteccionismo conllevaría, para el resto del mundo, un daño mayor.

Algunos optan por ignorar los tuits presidenciales. Otros miran hacia otro lado. Alfredo Coutino, de Moody's Analytics, relativizó el impacto proteccionista al indicar que Estados Unidos "no es el principal destino de las exportaciones sudamericanas". Puso el foco en la región, más que en el norte. Y, al hablar de la Argentina, dijo que el gran tema pendiente continúa siendo la "domesticación de la inflación" hacia tasas de un dígito.

"El avance económico latinoamericano depende en mayor medida de la fortaleza y salud de las propias economías de la región", dijo Coutino.

Pilar Tavella, economista de Barclay's, señaló que debe aguardarse la respuesta del resto de los países al mayor proteccionismo norteamericano, ya que si el resto responde con "mayor apertura", la Argentina podría resultar beneficiada. En cualquier caso, Tavella dejó en claro que, al mirar al país, mira con más inquietud lo que ocurre en el campo, la cosecha y la soja. "No me preocupa tanto Estados Unidos -apuntó-, si te tengo que decir, para el crecimiento de este año me preocupa más la sequía."

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