Ejecutivos que quieren separar al matrimonio

Francisco Olivera
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20 de diciembre de 2009  

Un representante de la Unión Industrial Argentina (UIA) se reunió anteayer con dos embajadores, uno europeo y otro sudamericano. Ambos le transmitieron alarma por el trato que el Gobierno le había dado un día antes al encargado de las relaciones de Washington con América latina, Arturo Valenzuela, a quien consideran un funcionario medido y respetable, y coincidieron también en conceptos más abarcadores: en la Argentina reina la desconfianza y, para peor, está peleada con todo el mundo.

La pintura puede explicarse por signos que desde el exterior se juzgan elocuentes. Las aerolíneas norteamericanas, por ejemplo, llevan desde hace un año un 80% de viajeros argentinos y un 20% de extranjeros, una proporción que llegó a estar 50/50% en tiempos recientes. "La primera explicación de eso es la crisis internacional -dijeron en una de estas líneas-. La segunda es la enorme incertidumbre y la inseguridad de la Argentina." Esos mismos operadores dicen que, en ese contexto, no debería extrañar que algunas tanguerías, eternos centros de atracción turística, trabajen la mitad que hace meses.

Algunos empresarios darían cualquier cosa por explicarle todas estas cuestiones en persona a Néstor Kirchner. La mayoría tiene pretensiones más medidas: quisiera contárselas por lo menos a la presidenta de la Nación. Casi todos fracasan en ambas tareas. Hace meses que empresas energéticas de Amcham, la cámara que nuclea a firmas norteamericanas en la Argentina, se reúnen, más o menos periódicamente, con conmovedor entusiasmo, para la confección de un documento que seguramente será desoído: un informe con propuestas para el sector. El miedo no ha desaparecido. ¿Qué empresarios estuvieron en la controvertida reunión con Valenzuela?, preguntó LA NACION en varias empresas norteamericanas. Silencio. Si todos dijeron la verdad, Valenzuela permaneció el miércoles en completa soledad.

Hay momentos aislados en que el matrimonio presidencial parece tomar nota de estos reclamos e insinúa gestos que, con cualquiera de los gobiernos de los últimos años, significarían un acercamiento. Es el caso de la convocatoria a Olivos de pasado mañana para hombres de negocios de varios rubros, invitación que generó tanta sorpresa como especulaciones sobre posibles razones de la iniciativa e, incluso, sobre el anfitrión real.

"Esta es ella, claramente. Cristina y Julio [De Vido] quieren juntar a los empresarios y que las cosas vayan bien", dijo el presidente de un grupo nacional. "Esta es una típica jugada de Néstor: invita a algunos sí y a otros no para dividir", agregó un director de una firma de servicios públicos. "Ella va y viene -analizó un industrial-. El problema es cuando llega Néstor y patea todo." Conclusión de un lobbista de una de las empresas más grandes del país: "Hay buena relación con Cristina. Con él es distinto".

Tantas elucubraciones tienen una sola explicación: son pocos los que verdaderamente tratan con el matrimonio gobernante. Lo explicó a LA NACION, tiempo atrás, el empresario que más habla con ambos, personalmente o por teléfono: "Todo eso es verso. Néstor y Cristina son un matrimonio y, aunque a veces no parezca, un matrimonio que se lleva bien. Bastante mejor que muchas parejas amigas mías. Los dos piensan exactamente igual en todo".

De quien quiera que sea, la invitación a Olivos parte de un umbral de desconfianza muy difícil de revertir para el Gobierno. "Van a ir todos, porque nadie quiere decir que no -evaluó un ejecutivo que no fue convocado-. Pero, ¿qué pueden ofrecerle ellos, a esta altura, al empresariado? Si realmente buscaran inversiones, invitarían a empresarios extranjeros o al campo, que todavía tiene caja."

La ruptura parece irreparable sólo con atender un caso: la UIA, una de las entidades más involucradas en el respaldo al Gobierno desde 2003, es ya un compendio de cuestionamientos públicos y encendidos hacia la Casa Rosada y varios de sus directivos fueron, a cara descubierta, al acto del campo en el Rosedal. La última conferencia fabril, la más dura en seis años, juntó por primera vez a tres de los más poderosos: Luis Pagani, Paolo Rocca y Carlos Pedro Blaquier.

En las restantes cámaras, salvo contadas excepciones, la opinión que tienen del Gobierno es, desde hace mucho más tiempo, infinitamente peor.

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