"El año que viene es una incógnita"

Cree que el FMI no le dará al país el visto bueno para un salvamento financiero; dijo que sube el riesgo de cesación de pagos
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30 de octubre de 2000  

Según admitió el Gobierno, Economía inició consultas en el exterior para solicitar un crédito contingente en caso de problemas de financiamiento. Pero algunos analistas dicen que ya no queda demasiado tiempo.

Es el caso de Joaquín Cottani, economista jefe para América latina de Lehman Brothers. "El Gobierno tirará este año, pero el que viene es una incógnita -dijo en una entrevista con La Nación -. Cuando la gente sabe que se están usando los recursos de última instancia, no viene el capital voluntario y el problema no se soluciona."

Para Cottani, el peligro de que el país entre en cesación de pagos aumentó. "Aún es una probabilidad baja, pero cuando pasa del 10 al 20, 30 por ciento es preocupante. El Gobierno se durmió en los laureles; esto habría que haberlo hecho hace un año; ahora hay necesidad y es más difícil."

-¿Se pecó de optimismo?

-En los momentos de tranquilidad, cuando el crédito voluntario es abundante -que fue más o menos la situación cuando el Gobierno se hizo cargo-, es fácil ignorar el problema. Le pareció siempre, no sólo a este Gobierno, sino también al anterior, que si planteaban una contingencia iban a alertar sobre la existencia de un problema que no existía, o lo iban a hacer desde una posición de debilidad. Ahora no hay un sector privado que esté en condiciones de darnos líneas de contingencia, a menos que removamos el temor al default (cesación de pagos). Ahora, ¿cómo se remueve ese temor? Con 15.000, 20.000 millones de dólares de una línea de crédito contingente que a lo mejor no se va a usar, y por la que habrá que pagar solamente una comisión de compromiso, y que va a hacer que los inversores vuelvan a la Argentina.

-¿De dónde vendrían los fondos?

-En este momento, del FMI. En ese organismo hay una discusión sobre si estas cosas se van a hacer o no. Ya de por sí no había creado las líneas de créditos contingentes para países como la Argentina, porque es un organismo muy burocrático y sólo actúa bajo presión.

Sólo palabras

-La última semana salió a apoyar a la Argentina.

-Apoya, pero con palabras, para que no se desencadene una crisis. Ellos creen que todo lo que hizo la Argentina en 1999, que es lo que ellos recomendaron, estuvo bien hecho, y no tienen un plan alternativo. No pueden dejar que la Argentina caiga. Pero tampoco le van a dar permiso para un salvamento financiero.

-¿Por qué cuesta tanto que la economía vuelva a crecer?

-Bueno, no sólo por parte de este gobierno, sino también del segundo gobierno de Menem, hubo desaciertos que por acumulación están repercutiendo recién ahora. Por ejemplo, el de no haber avanzado en reformas estructurales y haber vuelto atrás en otras. Ahora, ¿quién achaca al gobierno de Menem la creación de deudas artificiales? Yo no veo que nadie haya culpado al gobierno anterior por haber hecho eso ni por reformas tributarias que hoy explican por qué no hay inversión. No veo que los economistas hagan un buen diagnóstico de que los problemas que heredó el Gobierno son mucho más graves de lo que el mismo De la Rúa planteó. Encima, el Gobierno se encontró con déficit y cometió los mismos errores: subió impuestos y bajó gastos en el peor momento.

-Pero se insiste en bajar el gasto público, y en esa senda se orientó el Gobierno. ¿Tenía otra opción?

-OK, pero el Gobierno empezó con el objetivo de bajar un déficit reportado de US$ 7000 millones y vamos a terminar con uno de 6000 millones seguramente. Lo que me pregunto es que si la economía hubiera crecido 3,4%, tal vez sin hacer ningún cambio en los impuestos y sin haber bajado el gasto, habríamos terminado en un déficit similar al actual. Pero aclaremos las cosas: el impuestazo de Machinea fue mucho menos perjudicial para la economía de la producción y para la inversión que el impuestazo de Roque Fernández y la gente de CEMA. Fue realmente diseñado como para que afectara más a las personas que a las empresas y para que tuviera un impacto distributivo no demasiado pernicioso. El problema de ese impuestazo es que afectó el humor de la gente y, principalmente, el de los formadores de opinión, que hoy tienen más influencia en la opinión pública que nadie.

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