El camino de la inversión extranjera en la Argentina

Hay una recuperación, pero aún falta mejorar la performance
Marcelo Elizondo
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10 de junio de 2018  

Un efecto del cuasiaislamiento (financiero, comercial, productivo) que padeció la Argentina es ser hoy el país con menor stock de inversión extranjera directa (IED) en relación al PBI de la región. La escasa competitividad (baja tasa de inversión interna, retraso tecnológico, acotada innovación, mínima inserción comercial externa) tiene varias causas. Y la reducida IED es una.

Recuperarse no es fácil: en 2016, como consecuencia de la salida del cepo cambiario, el saldo de IED en la Argentina fue paupérrimo -pese al inicio de un camino de normalización macroeconómica- debido a que muchos actores económicos enviaron fuera del país lo que antes no habían podido por restricciones previas.

En 2017 ya el flujo de ingreso de IED creció a US$11.857 millones (fue el país de la región con mayor crecimiento en comparación con el año anterior, 150%, tras los anormalmente bajos registros de 2016). Aunque ello ocurrió sin llegar a comportamientos superlativos, dado que la Argentina fue en 2017 el cuarto principal receptor de IED en la región, detrás de Brasil (US$70.332 millones), México (US$31.069 millones) y Colombia (US$14.518 millones); pero superando a Chile (que recibía más que Argentina hasta 2016) y a Perú.

Esto sucedió mientras la IED ingresada en América Latina (US$148.653 millones) fue 5% más baja que en 2016, debido a un modesto comportamiento de precios de las materias primas (menos incentivo a la IED), a una débil performance de las economías de la región y a un mayor flujo de IED dirigida hacia los países desarrollados.

Aquella gran alza en la recepción de IED en 2017, sin embargo, no permite aún lograr indicadores más razonables: mientras el ingreso de IED en América Latina equivalió a 3% del PBI regional, en la Argentina rondó el 2%. Nuestro país tiene un acervo (histórico) de IED (nominal en dólares) más bajo que Brasil, México, Chile, Colombia, y Perú. Esto es efecto de años de desvinculación económico-productiva del resto del mundo. Y mientras Colombia recibe nominalmente 4 veces lo que recibía hace 20 años, y Brasil casi 3, la Argentina aún lo hace solo en 50% más.

La inversión extranjera es un fenómeno relacionado con el progreso (genera empleo de calidad, impulsa inversión doméstica y exportaciones en cadenas internacionales de valor, y califica a proveedores y clientes locales). Y los países que reciben IED también la emiten (la Argentina emite 1/5 de la que emiten Brasil y Chile y 1/3 de la que emiten México y Colombia).

La tendencia cambió en 2017. Enhorabuena. Y se requieren más atributos para elevar la velocidad en el camino.

El autor es especialista en negocios internacionales

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