El desafío de pensar cómo lograr una mayor integración social

Javier Casas Rúa
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11 de octubre de 2014  

"No estoy trabajando, no estoy estudiando. Laburaba, pero se cortó. Estudiaba, pero también se cortó por el laburo, ¿viste? No podía estar haciendo las dos cosas, llegaba tarde y no cumplía el horario", confiesa Cristian, uno de los jóvenes que ofrecieron su testimonio para dar vida y realidad al libro Inteligencia social. Puentes para la integración de los jóvenes en situación de socialización precaria en el que venimos trabajando desde PwC.

Hoy nuestra sociedad enfrenta un gran desafío de cara a los próximos años: la integración social. Más específicamente, de jóvenes en situación de precariedad. Es que la realidad indica que la generación Y (de la que mucho escuchamos hablar en el mundo empresarial) no hace distinción en cuanto a niveles socioeconómicos.

Éste es el motor de nuestro estudio: no sólo entender qué posibilidades de integración en la sociedad y en la vida laboral tienen los jóvenes de bajos recursos económicos, sino, además, entender sus motivaciones, sus valores, cómo se relacionan con distintas dimensiones de su vida, sus procesos de construcción identitaria.

En el país, el 24 por ciento de los jóvenes, que son el 17 por ciento del total de la población, tiene trabajos precarios, y sólo un tercio tiene un trabajo formal.

A su vez, más de 60 por ciento de los jóvenes en situación de precariedad abandona la escuela secundaria. La exposición de estos jóvenes a los "atajos" que ofrecen el narcotráfico y otros delitos organizados aportan mayor complejidad a la resolución de esta problemática social.

Recientemente, hemos realizado un estudio en el que analizamos el desarrollo de jóvenes de la base de la pirámide. Una investigación que, además de ser el disparador del libro anteriormente mencionado, ayuda a comprender los hábitos y las percepciones de los jóvenes con bajos recursos económicos respecto de sus vidas: proyección de futuro, expectativas, problemáticas en general y en relación con el estudio y el trabajo, su mirada del país, la sociedad, la política, las instituciones y sus referentes.

La investigación que hemos realizado demuestra que en los jóvenes en situación precaria, los sueños y deseos muchas veces se ven frustrados y opacados, y no pueden proyectar su vida; caen entonces en una lógica del "cazador", en la que la vida se vive como una realidad objetiva del día a día.

Los "ni-ni", como se ha denominado a los jóvenes que no trabajan ni estudian, enfrentan dos grandes desafíos a la hora de insertarse en el mercado laboral. Por un lado, la amenaza de los recursos objetivos como son los materiales, la educación y la "red de contactos"; por el otro, la de los recursos simbólicos, es decir, la manera en que son percibidos por los demás.

Líderes con compromiso

Necesitamos líderes con mayor compromiso por la integración social. Debemos entender y asumir, entonces, nuestra misión para construir puentes que promuevan la participación social, económica y cultural efectiva de los sectores en proceso de integración precaria. Estos temas no deberían estar fuera de una agenda público/privada.

Hay que tender puentes de doble vía, que tengan como objetivo en una primera instancia la escolarización, el trabajo y la capacidad de aprendizaje. Posteriormente, una profundización en lo que anteriormente denominamos "recursos simbólicos", para obtener dos resultados. Por un lado, la capacidad de mitigar la barrera del estigma, de los atributos desacreditantes constitutivos de su identidad personal y social. Es decir, cómo son vistos por los demás, cómo es su forma de hablar, su manera de presentarse. Por el otro, generar capacidad para producir relaciones interpersonales que permitan quebrar esa barrera.

Esto puede lograrse poniendo nuestras habilidades e inteligencias al servicio de la sociedad. Inteligencia tomada desde el concepto de "inteligencia social", del psicólogo estadounidense Daniel Goleman, a través del cual entendemos que la dimensión de los recursos simbólicos configura una palanca propicia para trabajar, con el fin de mejorar los niveles de integración de los jóvenes. Aún hay mucho camino por recorrer y muchos puentes por construir.

Hoy la sociedad global de la que somos parte necesita de liderazgos transformacionales que habiliten el contexto para que otro texto pueda ser impreso.

Nuestra sociedad tiene el desafío de desarrollar personas que lideren procesos de cambio, nutridas con los ingredientes que nuestra era necesita: empatía, amor, compasión, creatividad, conocimiento, inteligencia emocional, conciencia y actitud social. Para ello, todo empieza con el conocimiento de uno mismo, para luego transformar al observador que somos.

Como artistas, "auctores" (es decir, actores y autores) de nuestras vidas en palabras del sociólogo, filósofo y ensayista polaco Zigmunt Bauman, de nuestro devenir podemos ejercer nuestra libertad individual de salir de nuestra zona de confort y asumir la responsabilidad de hacernos cargo, abandonando el rol de víctimas y el reconocimiento de la impotencia o incapacidad para producir cambios. Ése es nuestro desafío personal y colectivo que tendremos para apuntalar la paz social y el bienestar general de las próximas décadas.

PwC abre sus puertas al debate

Inteligencia social

El libro se presentará el miércoles, a las 18, en Bouchard 557, piso 11°, Capital Federal.

Iniciativa

El documento es un trabajo que preparó PwC y que aborda la problemática de sectores que se encuentran en dificultades para integrarse plena y efectivamente.

Debate

El miércoles debatirán sobre la temática Javier Casas Rúa, Miguel Blanco, Fabián Jalife y Daniel Cerezo.

El autor es socio senior de PwC

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