El desafío es la política cambiaria

Martín Redrado
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2 de octubre de 2011  

La economía internacional ha ingresado en un ciclo de estancamiento marcado por la confusión y la incertidumbre en el proceso de toma de decisiones. La falta de conducción institucional en la Unión Europea genera dificultades para encontrar soluciones de fondo a los países altamente endeudados.

Mientras tanto, en los Estados Unidos se ha generado una tensión parlamentaria que ha eliminado el impulso fiscal como herramienta de política pública. Pensar que el Banco Central de aquel país puede resolver todos los desequilibrios es creer que la magia puede abordar los problemas reales.

Este contexto marca un escenario base de caída en el nivel de actividad mundial, sin dejar de considerar la posibilidad de un accidente en la ruta de la crisis europea.

Para nuestro país, esto significa una disminución en las divisas que llegan a nuestras playas a través del comercio internacional. El desafío más urgente de la futura administración estará pues en el manejo de la política cambiaria.

Hasta ahora el Gobierno ha tenido una actitud cortoplacista. Mientras las autoridades manifiestan abiertamente su voluntad de sostener la paridad cambiaria hasta las elecciones, el accionar oficial ha sido preocupantemente dubitativo. Ante el primer signo de tensión cambiaria, primero intervino fuertemente en el mercado contado para congelar el tipo de cambio señalando que estaba dispuesto a relegar las reservas que fueran necesarias. Esto fue así hasta sacrificar todas las líneas de crédito con bancos centrales europeos. Luego, se concentró con significativa intensidad en el mercado de futuros, ofreciendo un seguro de cambio gratis en las posiciones de más corto plazo. A comienzos de esta semana, corrigió esta postura extendiendo su presencia a diciembre, dando cobertura a tasas inferiores a las de mercado.

Estrategia

¿Qué puede interpretar el público de esta estrategia? Sin duda, que el Gobierno cumplirá con el designio de mantener el dólar estable hasta fin de octubre, pero que los costos de perder reservas le incomodan crecientemente. Por ende, lejos de convencer a nadie de desistir en la compra de dólares, la estrategia terminará enfatizando la preocupación sobre la futura financiación de la salida de capitales y la probabilidad de una corrección cambiaria para después de las elecciones.

Aun dejando de lado la limitación que impone el propio deterioro de la situación patrimonial del Banco Central (que hoy tiene capital negativo), continuar con la actual estrategia espasmódica probablemente conducirá incluso a una mayor tensión cambiaria.

Justamente, lo que realmente preocupa es que no aparezca el reconocimiento de las autoridades económicas de los problemas a los que nos está llevando la inconsistencia de la política económica con variables nominales que crecen entre un 25% y un 40%, con un tipo de cambio que avanza a ritmo mucho más lento.

Ajeno a todo, el presupuesto presentado esta semana por el oficialismo propone seguir utilizando al Banco Central como una de sus principales fuentes de fondos.

Al convertir a la autoridad monetaria en el principal financiador del Tesoro desde 2010, la dominancia fiscal adiciona a los impactos inflacionarios el peligro de debilitar las espaldas del banco en un contexto de turbulencia mundial como el actual.

Pero en 2012 hay un desafío adicional: según las proyecciones de reservas, base monetaria y tipo de cambio para fin de 2011, ya no habría reservas de libre disponibilidad (RLD) excedentes para constituir el Fondo de Desendeudamiento (FDA) como se pretende.

Para disponer de RLD debería producirse un mayor deslizamiento del tipo de cambio o una mayor absorción monetaria (lo que implicaría tasas de interés más altas), con baja probabilidad de ocurrencia en 2011. El Gobierno podrá, una vez más dañando las instituciones, modificar la definición de RLD con los costos que eso implica. Eventualmente podrían volcarse por constituir de modo progresivo el FDA (calzando temporalmente los fondos con las aplicaciones), y habilitar así un mayor deslizamiento del tipo de cambio a lo largo de 2012, ya sin las limitaciones de la carrera electoral.

Riesgo

Pero en el marco de la elevada salida de capitales que opera en la economía argentina de un tiempo a esta parte, repetir la estrategia de utilizar las reservas no sólo para administrar el tipo de cambio sino para afrontar los compromisos de deuda pública con tenedores privados es una operatoria de mucho riesgo.

Con un superávit de cuenta corriente en extinción (se esfumará en 2011 y se tornará negativo en medio punto en 2012 por primera vez en una década), delinear un programa económico integral es la única vía para detener la fuga y revertir el faltante estructural de dólares al que parece avanzar la economía.

Desde el Congreso contribuiré a que nuestro país pueda contar con un plan que aporte consistencia a la economía.

El autor fue presidente del Banco Central y es candidato a diputado nacional por Unión Popular

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