El "día 91" no existe

Si no se remueven las causas que provocaron la corrida no volverá la confianza
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6 de diciembre de 2001  

Por esa típica ansiedad de los argentinos, ya hay gente que está conjeturando qué puede pasar el "día 91" del racionamiento de los depósitos bancarios. Sin embargo, difícilmente esa fecha clave vaya a existir como tal, y no sólo porque no figure taxativamente en el decreto que dispone colocar el dinero efectivo en el freezer.

La razón es muy simple. Mientras no se remuevan las causas que dieron origen a la fuga de capitales (o sea, el creciente proceso de desconfianza de ahorristas e inversores en la capacidad de gestión del Gobierno, en el funcionamiento de las instituciones republicanas o en la posibilidad de revivir episodios dramáticos, tipo Plan Bonex) será difícil tener éxito.

Una regulación que impide la salida de capitales también implica bloquear la puerta de entrada. Por lo tanto, aleja la posibilidad de remonetizar la economía, recuperar el crédito, reactivar el consumo y, con ello, la recaudación impositiva.

Son aspectos cruciales para los próximos meses, en los que se necesita completar el canje externo de deuda, cumplir con el déficit cero y obtener del FMI y otros organismos internacionales la asistencia que evite una posible cesación de pagos.

Si no se revierte el cuadro de incertidumbre sobre el futuro económico, agravado ahora por los trastornos que provoca el racionamiento de efectivo, será difícil descongelar en marzo los depósitos que quedan en el sistema bancario, por más que en las próximas semanas puedan aparecer otras medidas de flexibilización operativa (por ejemplo, para permitir la extracción del aguinaldo en efectivo).

Así se podría especular con el día 121, 181 o el que sea, porque el sistema no sería sustentable, ya que tiende a perder reservas (como ocurre con los controles de cambio) en lugar de recuperarlas.

Pero también puede ocurrir lo contrario. Y este esquema, aun con las justificadas críticas que ha provocado en términos de violación de derechos de propiedad, podría servir para ganar tiempo y hacer que no haga falta llegar al día 91 para volver a cierta normalidad.

Como no se puede remover la desconfianza política sólo con medidas económicas, la oportunidad sería promover un acuerdo político que debería tener como principal y urgente objetivo frenar la actual crisis, que claramente es la peor de los últimos diez años y tal vez la más grave de los últimos cuarenta.

Varios problemas

Pero una concertación política presenta hoy varios problemas. Uno, que el Gobierno no tiene agenda para promover un diálogo (esto se vio claramente en el frustrado intento de pacto con la UIA y la CGT que fracasó días atrás). Otro, que el oficialismo en el Congreso se resiste a actuar como tal, con lo cual se hace muy difícil gobernar. Tres, que no se sabe quién representa a la oposición, o, mejor dicho, que el PJ tiene tantos referentes que ninguno es suficientemente representativo para acordar nada. En los papeles, la presencia del peronista Ramón Puerta como presidente del Senado podría constituir una oportunidad, pero las internas que han rodeado esta movida política la convierten en otro problema.

Por eso, Gobierno y oposición, en lugar de ocuparse sólo de los problemas operativos de este régimen provisional, deberían dedicarse a elaborar un acuerdo que aporte certezas sobre los siguientes puntos:

  • Cómo se va a mantener la convertibilidad o, en su defecto, cómo se podría salir de ella en forma ordenada con un compromiso de restricción monetaria para no volver a la hiperinflación. La actual dolarización bancaria, con semicongelamiento de depósitos, es apenas un recurso para que el avión no siga en picada, pero no indica ningún rumbo.
  • Cómo se va a administrar el Estado sin crédito externo ni interno, y con un nivel de gasto que supera a la recaudación, aun con el alivio parcial del pago de intereses que supone el canje de deuda. El déficit cero, lamentablemente, es una restricción fiscal que llegó para quedarse, hasta tanto la dirigencia política no resuelva prioridades de gasto con recursos decrecientes. Una discusión en serio del presupuesto 2002 podría ser un buen punto de partida para reasignar gastos con fines sociales, pero de eso nadie habla, lo mismo que evitar la emisión descontrolada de "cuasi monedas (Lecop, patacones, etc.)
  • Cómo se garantizará el respeto a las leyes, así como los derechos de propiedad y de trabajo.
  • Cómo se podría garantizar estabilidad tributaria para los que ya pagan impuestos. La sobretasa retroactiva de emergencia del impuesto a las ganancias, aprobada por Diputados, ha sido un claro retroceso en la tarea de generar confianza, por más que el Ejecutivo termine vetándola.
  • Hasta qué punto se irá en serio en la tarea de blanquear la economía, bancarizando operaciones corrientes y aportes previsionales.
  • Cómo promover la eficiencia del gasto público, revisando normas laborales en el Estado.
  • Cómo bajar el costo de la política mediante una reforma que no sólo permita reducir estructuras (cargos electivos más su séquito de asesores, choferes, ñoquis...), sino que mejore su representatividad con la eliminación de las listas sábana.
  • Más provechoso

    Poner en marcha acciones de esta naturaleza como verdaderas políticas de Estado serviría para recrear la confianza y generar recursos que detengan el creciente deterioro social, además de demostrar al exterior que la Argentina está dispuesta a salir de la crisis en lugar de quejarse por sus consecuencias.

    No se trata de una tarea fácil, pero sería más provechoso intentarlo que seguir como hasta ahora, manteniendo al país en un pulmotor, con riesgo de quedarse sin energía.

    Hoy muchos hablan del Pacto de la Moncloa, que permitió a España inaugurar una larga era de democracia y progreso económico, a partir de nuevas reglas de juego políticas y tributarias. Lo que pocos recuerdan es que fueron acordadas por una veintena de dirigentes en no más de veinte días.

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