El Gobierno apuesta a un "país abierto" para reconciliarse con España

Funcionarios de ambos lados buscan recomponer el vínculo que se terminó de dañar con la expropiación de YPF; según Malcorra, la UE es una prioridad; Dietrich prometió transparencia
Francisco Olivera
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5 de abril de 2016  

García Margallo, canciller español; Ambroggi, de la cámara, y Prat-Gay
García Margallo, canciller español; Ambroggi, de la cámara, y Prat-Gay Crédito: Patricio Pidal / AFV

La Argentina y España se proponen superar por vía diplomática una concatenación de conflictos que tiene casi la misma edad que el kirchnerismo. Una historia de desencuentros que arrancó en julio de 2003, cuando José María Cuevas, líder de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, le reprochó en Madrid a Néstor Kirchner que hubiera puesto "a parir" a las corporaciones de ese país, y que siguió hasta bien entrado 2012, con la expropiación de YPF. Ambos gobiernos dieron ayer el primer paso público, durante un foro en el hotel Alvear que organizó la Cámara Española de Comercio y al que asistieron ejecutivos y funcionarios de ambos países.

José Manuel García Margallo, ministro de Asuntos Exteriores de España, fue tal vez el más gráfico y explícito. Invitado al cierre del foro, comparó la relación bilateral con la de un "matrimonio indisoluble" cuyo vínculo se "ha deteriorado notablemente en los últimos años", metáfora que le sacó una sonrisa a su par de la Argentina, Susana Marcorra, que aclaró en broma que sólo estaban hablando de diplomacia. "Susana, no te voy a decir cómo nos llevamos porque tú lo sabes. Cuentas con el apoyo del gobierno de España y la familia real", había empezado García Margallo.

España era hasta hace tres años el primer país inversor en la Argentina, hasta que el acuerdo entre Chevron e YPF la relegó al segundo lugar, detrás de Estados Unidos. De ahí que cobraran relevancia las declaraciones de la canciller, que volvió a ubicar ese destino entre las preferencias. "Queremos una nueva Argentina integrada al mundo, pero particularmente integrada a Europa y especialmente a España", dijo.

Los escuchaba una platea de empresarios que casi no se levantó en ninguna de las exposiciones y que sólo interrumpió su silencio cuando ovacionó, con aplausos de varios segundos, un rechazo del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, a la corrupción. "El Gobierno tiene un compromiso con la transparencia y la honestidad. La cuestión es que nos crean", había dicho.

Dietrich hacía la exhortación justo en la mañana en que el tema de conversación empresarial era el escándalo por las cuentas off shore en Panamá, que roza no sólo al kirchnerismo y a Cristóbal López, sino al propio presidente Mauricio Macri, director en 1998 de una de las sociedades mencionadas. "Me gustó esta gente. Habla directo. No hay macaneo", dijo Santiago Soldati, que entró acompañado por Enrique Cristofani, líder del Banco Santander.

Al igual que lo había hecho hacía unos días en la Rural, ante la Cámara de Comercio Argentino Norteamericana, Dietrich dio ejemplos de discrecionalidad en los negocios. Dijo, por ejemplo, que el grupo español OHL le había contado que su decisión de vender en 2013 la participación en la concesión de la autopista Ezeiza-Cañuelas había surgido después de que, desde lo más alto del gobierno argentino, se les anticipara que no habría aumentos en los peajes. "El comprador fue Cristóbal López [a través de la sociedad Esuvial, del grupo CPC] y rápidamente se subieron tarifas y se elevó la TIR", siguió Dietrich, y cerró con una invitación: "Necesitamos empezar de cero. No va a haber nunca más una cosa como la de OHL, pero también va a haber un nunca más de la corrupción con cada uno de ustedes".

Empresarios de ambos lados saben que, aunque el vínculo está dañado, existen amplias posibilidades de recomponerlo. Es probable que en eso estuviera pensando Andrés Ibarra, ministro de Modernización, cuando habló de la necesidad de modificar varios supuestos del sistema. "El Estado ha sido devastado. Estamos ante un verdadero cambio cultural. Ningún cambio es posible sin que crujan las estructuras", dijo. O Alfonso Prat-Gay, ministro de Hacienda y Finanzas, que abrió el seminario con una ironía hacia el capitalismo de amigos.

La apuesta del Gobierno es la enorme necesidad de inversión en infraestructura que tiene la Argentina. "Queremos hacer un gobierno transparente, queremos hacer un gobierno de inversión", se entusiasmó Daniel Redondo, secretario de Planeamiento del Ministerio de Energía, que precedió a la conclusión con que Malcorra despidió a los asistentes: "Trabajamos por una Argentina que se abra genuinamente y se transforme en un socio previsible. Queremos transformarnos, como dice el presidente Macri, no en el granero, sino en el supermercado del mundo. Queremos hacer de la agroindustria argentina la gran proyección comercial. Para eso necesitamos infraestructura. Hay oportunidades. Creemos que en estos pocos meses somos merecedores de su confianza".

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