El Gobierno debería optar entre dos recetas para salir de la crisis

Son la dolarización o permitir trasladar activos y pasivos bancarios al exterior
(0)
16 de diciembre de 2001  

Cuando uno "entra"en la lógica de De la Rúa y Cavallo, todas las medidas de los últimos tiempos parecerían razonables: ¿los servicios de deuda resultaban muy pesados? Sí, claro. Entonces, "reestructuremos". Una vez en cuasi default, amenazando seriamente con incumplir los compromisos del Estado, golpeando duramente la confianza y los patrimonios bancarios, ¿acaso no era de esperar que la corrida bancaria se exacerbara? Y sí, era casi un milagro que los depósitos no hubieran caído más rápido. ¿Y entonces no fue lógico "el corralito"? Y claro, fue lógico. Y para evitar vías de fuga, ¿no fue lógico el control de cambios? Y sí, también.

Ahora bien, si se "siembra desconfianza", amenazando con no pagar los bonos, restringiendo disponibilidad de depósitos, limitando la compra de divisas, ¿qué se puede "cosechar"? "Desconfianza."

¿Y se puede reactivar la economía, hacer que alguien quiera invertir o consumir, sembrando por doquier restricciones y desconfianza? No. ¿Entonces ? Nos hemos (nos han) metido en un profundo pantano. Y más vale que salgamos cuanto antes de él.

Hay quienes recomiendan: pesifiquen, devalúen, licuen el valor de los ahorros de la gente, licuen así las deudas empresariales, vayan a default completo (así logran mejores condiciones de negociación) y empecemos todo de vuelta. Más desconfianza, y más sangrienta.

Razones éticas y económicas me llevan a oponerme a semejantes políticas. En lugar de ello, sugiero al Gobierno (este o el que fuera) que avance en la dirección opuesta:

1) que dolarice el circulante del público;

2) que rompa los alambrados del corralito bancario;

3) que dé por terminado el control de cambios.

¿Cómo terminar con el corralito bancario ?

Tomando dos sencillas medidas:

a) permitir que los depositantes lleven sus ahorros, desde el banco X en la Argentina, al banco X en el exterior (Montevideo, Madrid, Nueva York, Londres, etcétera);

b) permitir que los bancos registren sus acreencias de la empresa J en la Argentina, como acreencias de la empresa J en el exterior.

Con estas medidas, de offshorización bancaria, se produciría una "fuga conducida" de capitales, sin restarles financiamiento a las empresas y particulares en la Argentina. Y, de esta forma, el efecto "letal" de la fuga de capitales quedaría interrumpido. La gente se sentiría feliz de poder volver a hacer con su dinero lo que le plazca y las empresas, aliviadas de no estar forzadas a cancelar sus créditos.

A su vez, de esta forma, la liquidez bancaria no correría peligro: cada dólar que se fuera vía depósitos sería un dólar que se recuperaría vía crédito en el banco local, y, simultáneamente, sería un dólar de aumento en depósitos en el banco off shore , y un dólar de aumento del crédito a las empresas en el banco off shore . De esta forma, podría eliminarse de cuajo el control de cambios, sin riesgo alguno para los bancos (que es la razón por la cual se instauró el control de cambios).

¿Y qué pasaría con los bancos argentinos? ¿Desaparecerían? No. Si el banco goza de la confianza del público, no debería sufrir (y si no goza de la confianza del público, hoy mismo debe estar viviendo drenaje de cheques hacia otros bancos).

Debería sí facilitarse que los bancos locales pudieran abrir sucursales en el exterior (hoy sólo un puñado de bancos argentinos cuenta con banca off shore ), o que realicen convenios con bancos extranjeros para instrumentar estas medidas. Uno nacional podría hacer un acuerdo con un banco extranjero, mediante el cual le traslade depósitos y créditos, obteniendo beneficios por ello.

Traspasos

Es probable que igualmente haya traspasos desde bancos locales hacia bancos extranjeros. Es el costo que hay que asumir por tener un Estado incapaz de cuidar su crédito público y de darles tranquilidad a sus ciudadanos respecto de sus derechos de propiedad.

La "extranjerización" de la banca y el crédito sería menor con offshorización que sin ella.

No debe subestimarse el "efecto libertad". Cuando se instauró la convertibilidad, había muy pocos pesos en circulación. La gente podría haber elegido el dólar, y el peso hubiera desaparecido hace tiempo. Pero cuando se dijo: "Compren todos los dólares que quieran, hay para todos", la demanda amainó y la gente prefirió manejarse con pesos. Si a los depositantes se les dice: "Depositen en el exterior todo lo que quieran", es muy probable que opten por trabajar con los bancos locales, que les darían mejor servicio y tasas más altas, debido al riesgo país.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.