El largo camino hacia la confianza

Roberto H. Cachanosky Para LA NACION
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14 de diciembre de 2001  

En los años de alta inflación el control de precios era el mecanismo típico que se utilizaba para actuar sobre las consecuencias y no sobre las causas de la depreciación monetaria. Una vez que se entraba en el control de precios se iba cayendo lentamente en una maraña regulatoria que terminaba por paralizar la economía, generando desabastecimiento.

Hoy estamos asistiendo a un proceso similar en el sistema financiero que, de continuar, terminará por paralizar lo poco que queda de actividad económica. El proceso regulatorio comenzó con el establecimiento de tasas de interés máximas para los depósitos a plazo fijo. Al igual que en la época de la alta inflación, esta medida pretendió actuar sobre los efectos y no sobre las causas. La suba en las tasas de interés pasivas reflejaba la compensación que exigía el ahorrista para asumir el riesgo de incertidumbre económica y jurídica por quedarse en el sistema. Pero como ocurre con todos los precios máximos, la fijación de una tasa de interés tope aceleró la fuga de depósitos del sistema.

Esta aceleración llevó a otra regulación, que fue la restricción de $ 1000 mensuales para retirar efectivo y girar fondos al exterior. Como la gente busca escapar de las regulaciones, ahora se pretende establecer otra regulación adicional que consiste en limitar la cantidad de cuentas corrientes y cajas de ahorro que puede tener cada persona. De esta manera se avanza sobre los derechos de propiedad y libertad económica generando más desconfianza en la gente.

Si el Estado está dispuesto a limitar el retiro de depósitos, la cantidad de cuentas bancarias que puede tener cada persona, revisar a la gente cuando sale al exterior para que no lleve más de $ 10.000 en efectivo amenazándola con acusarla de contrabando y confiscación de los fondos excedentes y demás restricciones a la libertad individual, el resultado no puede ser otro que acentuar el temor.

Es que un Estado que comienza a aplicar medidas de corte totalitario, esgrimiendo como argumento que existe una situación de emergencia, muestra no tener límites en su avance sobre los derechos de propiedad. Frente a un Estado de estas características la gente trata, como sea, de poner a resguardo sus activos, intentando alejarlos de la mano del Gobierno.

De todos los países que tienen democracias en el mundo, sólo un puñado de 15 o 20 ha alcanzado los mayores grados de desarrollo. ¿Cuáles fueron? Aquellos que demostraron tener la mejor calidad de instituciones, que respetan los derechos de propiedad y crean las condiciones para que la gente despliegue su capacidad de innovación.

No hay un solo ejemplo en el mundo de países que, utilizando mecanismos regulatorios que limitan los derechos de propiedad, hayan logrado niveles de vida razonables para su población. No es casualidad que la Argentina tenga una bancarización de sólo un 30% del PBI. Todos los desfalcos monetarios y financieros del pasado, incluido el plan Bonex, tienen su costo en términos de confianza de los ahorristas, que hace que los argentinos sean exiliados económicos. Viven en la Argentina, pero tienen sus ahorros en el exterior porque desconfían del Estado.

Solvencia fiscal

El problema que se presenta hacia el futuro es cómo restablecer la confianza en el sistema financiero para que pueda volver a abrirse la puerta a los retiros de depósitos. Lo primero que habría que hacer es dejar de introducir regulaciones, porque cada nueva barrera genera más recelo en los ahorristas.

El segundo paso es mostrar a un sector público con solvencia fiscal porque es la clave para que la gente empiece a perderle el temor a un Estado desesperado por conseguir recursos de cualquier manera. Este paso demanda una reducción creíble del gasto público, lo que implica no sólo una profunda reestructuración del sector público, sino también la existencia de una dirigencia política convencida de dicha reforma y dispuesta a bancarse todos los costos políticos que ello implica o, si se prefiere, a perder su "negocio".

Este es el primer paso para empezar a recorrer el largo camino de la recuperación de la confianza. El problema es que recorrerlo requiere tiempo y ese recurso se agota con una rapidez inusitada por la aguda crisis que padece el país.

Los tiempos corren a una velocidad increíble y más se aceleran cuanto mayores regulaciones se establecen. Frenar la catarata de regulaciones no evitará pagar los costos de los errores, pero, por lo menos, serán menores los pasivos que habrá que cargar en el futuro cuando haya que reconstruir la economía.

Siga todas las repercusiones de las nuevas medidas económicas a través de la Cobertura especial de LA NACION LINE.

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