El mayor desafío, las trabas regulatorias

Jacob Bunge
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15 de septiembre de 2016  

Para concretar el acuerdo de compra de Monsanto Co. por US$66.000 millones (deuda incluida), Bayer AG requerirá la aprobación de unas 30 agencias regulatorias gubernamentales que ya tienen bajo escrutinio la ola de consolidación en el sector agrícola.

El negocio de Monsanto, que se concentra en las semillas, no se superpone mucho con la franquicia agrícola de Bayer, que está fuertemente orientada a los pesticidas. De todos modos, la combinación de dos de los proveedores agrícolas más importantes del mundo pondrá a prueba la tolerancia de productores y políticos ya preocupados por las fusiones que están teniendo lugar en el mercado mundial de semillas y plaguicidas, que mueve US$100.000 millones, mientras que los productores de fertilizantes también se consolidan.

Las dos empresas ya han tenido “contactos iniciales con las agencias regulatorias, describiéndoles cómo sería la combi-nación”, dijo en una conferencia con analistas Werner Baumann, presidente ejecutivo de Bayer.

Una serie de acuerdos anunciados en los últimos 10 meses dejaría más de 80% de las ventas de semillas de maíz de Estados Unidos y 70% del mercado mundial de pesticidas en manos de sólo tres compañías, lo cual genera nuevas preocupaciones so-bre el poder de fijación de precios de los principales participantes del sector en momentos en que las bajas cotizaciones de los cultivos están reduciendo los ingresos de los agricultores.

La Unión Europea abrió en agosto una investigación sobre la fusión de Dow Chemical Co. y DuPont Co., y adelantó que examinaría de cerca un posible acuerdo entre Bayer y Monsanto, meses antes de que las compañías pactaran los términos. Ba-yer pagará a Monsanto US$2.000 millones si los reguladores bloquean la operación.

También bajo escrutinio se encuentra la planeada venta del fabricante suizo de pesticidas y semillas Syngenta AG a China National Chemical Corp., estatal china que también tiene un importante negocio de agroquímicos genéricos. Una cuarta parte de las ventas de Syngenta provienen de América del Norte.

En respuesta a las inquietudes de algunos legisladores europeos, la comisaria de la competencia de la UE, Margrethe Vestager, dijo en junio que su agencia podría evaluar el potencial impacto sobre los precios y la disponibilidad de semillas, así como sobre la investigación y el desarrollo de los cultivos.

Esta semana, los gigantes de fertilizantes Agrium Inc. y Potash Corp. of Saskatchewan Inc. también acordaron su fusión.

El auge de acuerdos ha dejado a algunos agricultores preocupados sobre la posibilidad de que una menor competencia impulse los precios de sus insumos. “En la mayoría de los casos, cuando hay menos competencia, los precios suben y los consumidores pagan más”, dijo en agosto, Charles Grassley, senador republicano por Iowa.

Algunos analistas anticipan que Bayer podría tener que desprenderse de ciertos negocios en los que ambas empresas compi-ten, como el de las semillas de algodón y canola.

Las dos también tienen franquicias que compiten en herbicidas. Monsanto vende anualmente unos US$4.800 millones de glifosato, comercializado bajo la marca Roundup, mientras que Bayer tiene un negocio más pequeño con un químico competitivo, el glufosinato. Ambas compañías han desarrollado genes que permiten desarrollar cultivos resistentes a estos herbicidas.

En el caso de las desinversiones, Bayer puede encontrar un aliado en su rival alemán BASF SA, que no se ha sumado a las consolidaciones pero que analizará las oportunidades de adquirir activos que deban vender sus competidores. “Estamos observando las cuestiones antimonopolio para ver si podemos ayudar”, dijo este mes Markus Heldt, presidente de la división agrícola de BASF.

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