El país precisa superávit fiscal ya, si no quiere una recesión profunda

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20 de noviembre de 2018  

Los cambios en el plan económico para resolver la severa crisis que atraviesa la Argentina han sido críticos para estabilizar al peso en días recientes. Aun así, no son suficientes para resolver completamente la crisis, lo que sugiere que las presiones sobre el peso regresarán si no se toman las decisiones que aseguren el éxito final del plan del Gobierno.

El cambio más importante que hizo el Gobierno fue el de reemplazar los objetivos de inflación del Banco Central por un objetivo de cero crecimiento de la base monetaria.

La base cero ayudará a la Argentina a reducir drásticamente la inflación por primera vez en una década, abandonando el grave error que ha caracterizado a los gobiernos argentinos desde hace mucho tiempo: la idea de que se puede crecer con inflación. No se puede, y para eso solo hace falta ver la propia experiencia argentina y la de tantos otros países.

El éxito final del Gobierno dependerá de su éxito en cambiar su forma de gobernar, es decir, contener los elevados e insostenibles niveles del gasto público. De aquí a la elección debería ser fácil, dado que la elevada inflación, este año de por lo menos 45%, implica que solo se necesita contener el gasto (no subirlo ni siquiera en términos nominales) para alcanzar un fuerte superávit fiscal primario.

Después de la elección, el futuro de la Argentina dependerá de si finalmente se hacen las reformas estructurales que reduzcan el gasto público y los impuestos para abrirles espacio a la gente y a las empresas, al consumo y a la inversión privados.

En este sentido hay dos aspectos cruciales que definirán el éxito fiscal el año próximo. El primero es congelar el gasto público para reducirlo fuertemente en términos reales. En el mediano plazo, después de la elección presidencial, se necesitarán las reformas jubilatoria, laborales e impositivas que siguen generando enormes presiones económicas sobre la Argentina y sobre su base productiva, los trabajadores y los empresarios.

Basta de bonos del Central

El segundo aspecto está relacionado con la presión fiscal, y es el que el Banco Central debe dejar de emitir bonos, letras, notas o deuda que al final solo buscan abrirle espacio al Gobierno a costa de la gente y las empresas, es decir, generando un ajuste desproporcional sobre el sector privado al reducirle drásticamente la liquidez, mientras el Gobierno no se ajusta lo suficiente para resolver sus presiones fiscales, lo que además genera niveles de riesgo que no están medidos adecuadamente por el mercado financiero.

Esto nos lleva al punto central que definirá para las generaciones del mañana el éxito del gobierno del presidente Macri: el rol del Gobierno en liderar el ajuste y no pasárselo desproporcionalmente al sector privado, como sucede ahora.

Gobiernos menos progresistas y sin enfoque en reformas ya han hecho esto en el pasado. Una crisis siempre la sufren la gente y las empresas, lo importante es que el esfuerzo incluya a la fuente de las presiones y distorsiones sobre la economía: la enorme presión del gasto público.

El ajuste fiscal que requiere la Argentina para hacer que su deuda sea sustentable debe obtener un superávit primario del 2% del PBI hoy, no en tres o más años. El continuar con un déficit fiscal en ausencia de flujos de capital estables implica que el ajuste seguirá recayendo sobre la gente y las empresas argentinas, lo que hace más profunda la recesión.

Sin duda, el objetivo de base monetaria cero bajará la inflación mucho más rápidamente de lo que se piensa. El problema es que esto se alcanza a través de meter a la economía en una brutal recesión, de más del 7% hacia fin de año y durante inicios de 2019, lo que por supuesto hace que la baja inflación no sea sustentable y que los inversores financieros regresen eventualmente a buscar sus dólares a medida que las presiones recesivas, sociales y políticas se intensifiquen.

Cuidado con la deuda

A diferencia del cambio radical en la política monetaria para bajar la inflación, los objetivos fiscales presentados hasta hoy no logran hacer sustentable la deuda pública, lo que es esencial para alcanzar la estabilidad final.

La experiencia de la Argentina y otros países con crisis anteriores muestra que la deuda soberana solo es sustentable con un fuerte superávit fiscal.

Durante la salida del default, después de la crisis de 2001 y 2002, lo único que se le pidió al Gobierno fue un superávit fiscal primario de 3% del PBI. Con la inflación en 42% anual en ese momento, el Gobierno sabía que llegar a esa meta requería de contener el gasto público.

Entre 2001 y 2006, el superávit primario argentino, incluyendo los años de depresión económica, fue del 3,2% del PBI. En cambio, el superávit fiscal promedio propuesto en el nuevo plan acordado con el Fondo Monetario entre 2017 y 2022 es de 0,4%, un esfuerzo fiscal limitado, lo que exacerba el ajuste de la sociedad, haciendo que la deuda aumente y no sea sustentable al alcanzar niveles del 100% en 2019.

En este 2018, y con una inflación de alrededor del 45%, para llegar a un superávit de 2% del PBI solo se necesita congelar el gasto público, excepto por las jubilaciones y los programas de protección a la niñez. La crisis por la que atraviesa la Argentina no es resultado de las presiones del mundo y el alza de tasas en Estados Unidos, que por supuesto solo exigen más y mayores cambios profundos, sino de los elevados déficit fiscales.

Esto necesita cambiar hoy para que la Argentina pueda crecer mañana.

Hace menos de 20 años, el país demostró que puede liderar con el ejemplo y realizar los ajustes profundos que exige su crisis fiscal, y como dijeron Carlos Gardel y Alfredo Le Pera en 1930, "veinte años no es nada", especialmente para olvidar cómo lograrlo otra vez.

Asesor financiero en Nueva York y jefe negociador de Barclays Capital en la reestructuración de la deuda en 2005

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