El país que queremos

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
Por Orlando Ferreres Para lanacion.com
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21 de junio de 2011  • 01:00

Queremos un nivel de vida mejor, queremos recuperar al menos la posición que tuvimos hasta 1940, en la que nuestro ingreso por persona era igual al de Australia, Nueva Zelandia, Canadá, y sólo un poco menor que el de Estados Unidos. Es una meta posible, pero necesitamos hacer las cosas de una manera muy diferente a lo que hemos hecho en los últimos 70 años. Para llegar al país que queremos, necesitamos como precondición, entre otras cosas, una macroeconomía sustentable:

1. Estabilidad de las reglas del juego. En nuestro país éstas no se respetan cuando llegan las crisis, alargadas durante años, por no reconocer a tiempo los desbalances. Para que las crisis no lleguen a un extremo se requiere tener una macroeconomía sustentable. Es cierto que los países requieren hacer correcciones en sus políticas, pero estos cambios deben ser como las correcciones del derrotero de un trasatlántico, es decir, muy graduales. Consideremos un ejemplo como el que ocurrió al fin de la convertibilidad, en la que el modelo no aguantaba pero se lo seguía estirando por no saber como salir del laberinto hasta que éste explotó con la crisis del 2002. Allí no se respetó ningún contrato, se eliminaron los marcos regulatorios de sectores claves del país como son los servicios públicos, se declaró el default de la deuda, se pesificaron asimétricamente los depósitos y los préstamos en dólares, provocando una enorme transferencia de ingresos de los ahorristas a los deudores, después se devaluó, se dejaron de lado todas las reglas del juego. Estos cambios fulminantes de políticas son los que han ocurrido en nuestro querido país en los últimos 70 años y los resultados fueron muy malos.

2. Sistema impositivo estable. No es acertado estar aumentando o creando impuestos todo el tiempo. Hay que establecer los impuestos razonables a nivel Federal, Provincial y Municipal, con las alícuotas al valor agregado, ganancias y demás impuestos que se consideren apropiadas. Con este sistema se determina la recaudación posible que debe sostenerse en el tiempo. La recaudación posible fija también el nivel del gasto público sustentable a nivel consolidado. Lo peor que hay es estar emparchando y atando con alambre estos dos sistemas y lo que es aún más erróneo es hacerlo a mitad del año. El impuesto al cheque se puso por un año y nunca nadie lo sacó, a pesar de que orienta la economía al mercado negro, es decir, la aleja del registro bancario.

3. Gasto Público Sustentable . Es el que resulta de la recaudación posible. Puede crecer pero con el aumento del PIB. Con impuestos razonables, el nivel de gasto público consolidado sustentable está hoy en los u$s 80.000/85.000 millones. No estamos cumpliendo esta pauta ya que para el año 2011 se lo estima en el orden de los u$s 200.000 millones. ¿Debido a qué motivos aumentó tanto el gasto público consolidado?: a) Gran cantidad de subsidios de todo tipo, electricidad, transporte, gas natural, y demás. b) Al menos 2.000.000 de personas se han jubilado sin hacer ningún aporte. c) La prestación universal por niño no contó con recursos propios. d) Gran aumento del número de empleados públicos, en todas las jurisdicciones, incluso en la ciudad de Buenos Aires.

4. Economía sin inflación. Al tener un gasto que se concilia con la recaudación posible, no habría déficit fiscal y, por lo tanto, no se requeriría emitir dinero del BCRA para cubrir la falta estructural de recaudación. Esto significa eliminar la inflación y que cada persona pueda planificar sus recursos y gastos de una manera ordenada. Con una inflación alta, el problema de las familias es que todas las decisiones se vuelven de corto plazo para protegerse de la desvalorización del dinero más que para planificar un proyecto de vida.

5. Tipo de cambio, tasa de interés y crédito. En una economía sin inflación, el Banco Central debe manejar estas variables aumentando la oferta de dinero en función del crecimiento de la demanda. Su función es mantener el valor del dinero a través del tiempo para que los ahorristas confíen en esa moneda. El Banco Central es como el tesorero de una empresa, ni es el gerente de ventas ni el de desarrollo de productos. El tesorero del país debe manejar bien y mantener el valor del dinero. Teniendo una moneda de largo plazo, crecerá mucho el crédito hipotecario y el de inversión y el desarrollo del país será muy acentuado.

Estas son las pautas para una macroeconomía sustentable. En próximos artículos me referiré a las condiciones para aumentar la inversión y la competitividad, a como atacar a la pobreza y la importancia de la rotación política para la credibilidad de toda una nación. Esperemos que las autoridades que surjan de las elecciones del 23 de octubre consideren importante la estabilidad macroeconómica y de las reglas del juego.

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