El país, sin fondos para mostrarse

Por primera vez, el Gobierno se quedó sin presupuesto para ayudar a promover las exportaciones nacionales de alimentos
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27 de octubre de 2000  

PARIS.- Con un mensaje en favor de los alimentos "seguros para la salud humana" (obvia crítica a los transgénicos, cuyo abanderado principal es Estados Unidos), finalizó ayer el Salón Internacional de la Alimentación (SIAL), una de las mayores ferias del mundo dedicada a esta industria.

La Argentina volvió a estar presente -con un stand oficial y por intermedio de empresas nacionales como Molinos y Coto-, aunque con una indisimulable escasez de recursos que no hizo más que reflejar los duros tiempos de ajuste que vive el país.

Por primera vez, el Gobierno no aportó un peso a la organización del espacio nacional, que está en manos de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), ni trajo a la exposición pequeñas y medianas empresas para que ofrezcan productos al resto del mundo.

Esa tarea recaía siempre sobre la Secretaría de Agricultura, pero esta vez no hubo fondos para costear la misión. Lejos quedaron también los tiempos en que la Fundación ExportAr, organismo de la Cancillería, organizaba viajes de negocios con Pyme para promover las exportaciones nacionales. Hoy, está casi inactiva por falta de presupuesto, consecuencia del ajuste fiscal encarado por la administración De la Rúa. El resultado quedó a la vista: de un stand que habitualmente ocupaba una superficie de 700 a 800 metros cuadrados se pasó a otro de 350 metros cuadrados.

Además, de las empresas que estuvieron representadas en él, un tercio fue bonaerense, ya que participaron gratuitamente por invitación del gobierno de esa provincia, que decidió invertir US$ 100.000 para ocupar el lugar que dejó libre Agricultura y ponerlo a disposición de esas firmas.

A cada una le tocó un puñado de metros para hacerse ver. Ninguna tuvo oficina propia, algo muy común entre quienes exponen en estas muestras, sino que debieron compartir la única con que contó el stand argentino. Además, faltaron compañías grandes como Arcor, La Serenísima y La Campagnola. Sólo SanCor, Molinos y Coto dieron el presente. Demasiado poco para un país que pretende posicionarse en el mundo como gran productor de alimentos.

Con su escala casi inhumana de 5200 expositores de 94 países, distribuidos en siete pabellones, equivalente cada uno de ellos al predio de la Rural en Palermo, 200.000 metros cuadrados de superficie de exposición y 135.000 visitantes, el SIAL es un espejo de la complejidad y la competitividad que ha ganado hoy la industria alimentaria en el mundo. Vecinos al stand de la Argentina, Sudáfrica, Brasil, México, Tailandia y Corea exhibieron sus productos en espacios mucho mayores.

Tango y vino

Las limitaciones parecieron disiparse por un momento cuando inauguraron el stand del país Jorge Cazenave, subsecretario de Agricultura Ganadería, Pesca y Alimentación; Alberto Alvarez Gaiani (titular de Copal) y Diego Guelar, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la provincia de Buenos Aires. Hubo tango (tocado y bailado), música folklórica, carne y vinos regionales para atraer a los visitantes. También se acercaron para la ocasión Alfredo Coto, titular del supermercado homónimo y de varios frigoríficos, y Carlos Magariños, presidente de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial.

Pero apenas se apagaron los ecos del bandoneón y se fueron las cámaras de la televisión local volvieron a oírse las quejas. "El presidente De la Rúa siempre dice que hay que aumentar las exportaciones agroindustriales y que se está apoyando a las Pyme, pero desde el Estado hoy no hay señales. Chile, por ejemplo, vino aquí con Pro Chile, que es un organismo propiedad del Estado y del sector privado en partes iguales", dijo Alvarez Gaiani a La Nación .

"El Gobierno debe dejar de lado la interna política y ayudar a las empresas nacionales, que enfrentan el problema de un euro 30% más barato que cuando fue lanzado y de un ataque comercial, no sanitario, por parte de Europa por la elaboración de productos transgénicos", agregó.

A estos problemas y a los del stand argentino se refirió Carlos Marcoaldi, broker de alimentos que vende a Italia carne de Cepa (del grupo Zorraquín) y Quickfood. "De los 10 frigoríficos que venían antes al SIAL esta vez apenas llegaron dos, Cepa y Estancias del Sur. No están Friar, Swift ni Quickfood. Nadie trajo ni un kilo de carne, ni una heladera para exhibir los productos. Otros años se montaba una parrilla para hacer asado criollo y eso atraía a mucha gente", se quejó. "Este año, en Italia estoy vendiendo el 50% de lo que vendí en 1999 porque nuestras empresas ya no son competitivas", agregó.

Por su parte, Guelar afirmó que "un país que pretende ser actor del mundo globalizado tiene que aumentar su presencia, no disminuirla. Si el Estado hubiera invertido un millón de dólares lo habría recuperado por medio de los negocios hechos por las empresas".

Consultado por La Nación , Cazenave contestó con crudeza: "La Secretaría de Agricultura no tiene presupuesto. El gasto público se recortó en US$ 1500 millones y todas las áreas de gobierno tuvimos que hacer reducciones. Achicamos el gasto de la Secretaría en un 20% comparado con 1999 y las perspectivas para 2001 no son diferentes. Fue una decisión difícil de tomar porque nos quedamos sin recursos para programas de fomento de exportaciones. Por eso nuestro apoyo aquí es más espiritual que económico".

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